Orfandad

El padre y el político

Federico Reyes Heroles

Editorial Alfaguara

México, 2015

Pp. 293

El autor afirma que no es huérfano en las acepciones que propone el diccionario de la Real Academia, pero que sí lo visita la orfandad. Desde que murió su padre, del que trata la obra, “no he dejado de añorar esa voz con autoridad, esa experiencia cavilada y conceptualizada, esa tranquilidad hasta para morirse. Cómo no añorarlo si me hacía bromas, como el “alcoholito” para despertar, si comentábamos de todo, hasta las notorias imperfecciones de las mujeres bellísimas. Cómo no añorarlo si me enseñaba, y no me refiero sólo a Heller, me refiero a su actitud personal. Cómo no añorarlo, si era generoso con el tiempo al grado de sacrificar horas de sueño en plena responsabilidad oficial, con tal de platicar con un imberbe. Cómo no añorarlo, si era un gran tipo, un tipazo”.

Se trata de 127 viñetas sobre la vida del político e intelectual veracruzano Jesús Reyes Heroles (1921, Tuxpan – 1985, Denver), construidas y redactadas desde la memoria de su hijo, Federico. A la distancia, han pasado 30 años de la muerte de su padre, el hijo escribe “hace años, cuando las jacarandas floreaban en la ciudad de México, a mí me invadía una oquedad, una tristeza muy profunda. Mis primaveras estaban marcadas por un dolor. La fecha de su muerte y su cumpleaños son cercanas, murió el 19 de marzo y nació el 3 de abril. Normalmente las jacarandas nos acompañan en ambos días. Pero ya no me visita la tristeza. Ahora me ocurre lo contrario, en ocasiones lo recuerdo hacer sus bromas cuando voy manejando y me río en soledad”.

El autor, el hijo, reconstruye momentos de la vida de su padre y también de la relación que existía entre los dos. La obra no es propiamente una biografía y tampoco una autobiografía, pero hay algo de las dos. El padre y el político, el subtítulo, adelanta que en el proceso de reconstrucción de la memoria se pretende dar cuenta de la historia y la obra del funcionario público que dirigió Pemex, que fue secretario de Educación, secretario de Gobernación y que impulsó la célebre reforma política de 1977. Que peleó con Luis Echeverría, que después sería presidente de la República, y que de él se mencionó que podría ser candidato a la presidencia, pero que estaba impedido por ser hijo de extranjeros. Y por otro lado también ofrecer una mirada del padre, del esposo y del hombre de familia.

¿Para qué escribir un texto como este?, se pregunta el autor y él mismo se responde: “Quizá para contar historias de Reyes Heroles que me parecen interesantes, sobre todo porque hablan de un México que está desapareciendo, pero también de un México que todavía explica parte de lo que somos. Quizá porque el promedio de edad de los mexicanos es de 26 años, la gran mayoría son jóvenes y no tienen por qué conocer cómo se inició la transformación política que ellos viven hoy como algo normal. Quizá porque los mitos y estereotipos nos ocultan a los seres humanos que están detrás de ellos (…) Quizá porque esos jóvenes deben saber que, más allá de los partidos, también hubo muchos mexicanos comprometidos con el servicio público, honestos, apasionados e -increíblemente- muy estudiosos”.

Pero también, es la reflexión del hijo, “quizá por orgullo, por supuesto, por orgullo y porque precisamente una de sus enseñanzas fue que el único patrimonio verdadero en la vida es el respeto de los demás que él obtuvo con creces. Y, lo más sencillo. Porque hubiera sido ingrato no contar su historia. Por cariño, que no es una mala razón”. Y añade que “el tiempo me ha permitido reconciliarme con la vida y leer con mayor claridad la fortuna de haber llevado una relación tan intensa con él, con ambos, con mi padre y con el político. Durante muchos años supuse que era normal, que el amor hacia el padre era natural y que, como un árbol, crece y se fortifica. Pero he encontrado que no es así, que con frecuencia la distancia entre padres e hijos es abismal y pienso qué triste, qué desgracia”.

@RubenAguilar