Los encontré rumbo a casa de mi madre. Un sujeto le había pagado 20 pesos al dueño de una carreta de basura para que se llevara el escombro que se encontraba en la entrada de su casa. La carreta la jalaba un rocín muy flaco, pequeño y maltratado. Ya llevaba la carga en la carreta y el caballito se resbalaba en el pavimento porque la carga pesaba mucho; la carreta se desbalanceaba y el caballo no podía poner con firmeza su cuerpo sobre las cuatro patas. Me bajé del auto y le dije al de la carreta que era inhumano lo que hacía con el pobre animal. Le dije que lo iba a reventar, que no fuera tan bestia. Pero el muchacho, sin hacerme caso alguno, tal vez acostumbrado a esos regaños, arreó el caballo y se alejó. Por Dios que me dieron ganas de agarrar una piedra y lanzársela al animal, al animal que iba conduciendo la carreta.
Pero las escenas se repetían diariamente, los dueños de los animales tienen la necesidad de explotar a los caballos para ganarse unos cuantos pesos. Pero ni siquiera tenían la precaución de alimentar bien al jamelgo, ni siquiera llevaban las llantas con suficiente aire, para que conducir la carreta fuera más fácil.
Otro día me enteré de muchos protectores de animales que se escandalizaron porque a un regidor se le había ocurrido sacrificar a los perros callejeros. Bueno el linchamiento en las redes sociales fue descomunal. Sin embargo esos que se escandalizaron, que lanzaron maldiciones contra el ayuntamiento, son los que no hacen nada por estos animales abandonados. Viven en casa con sus perros de raza y ya creen que con ello pueden llamarse protectores de los animales. Sin embargo nada hacíamos por estos pobres animales, porque en parte significaba quitarle su fuente de empleo a una familia.
En estos días de veda electoral nos olvidamos por completo de otros asuntos que, a mi parecer, tienen gran relevancia. El día de ayer vi una nota de Édgar Ávila en el periódico El Universal. En ella aparecía el alcalde jubilando a los caballitos que jalaban las carretas.
La medida del alcalde es más que plausible. La solución para no dejar sin fuente de empleo a esas familias que tenían a los caballitos fue entregarles unos motocarros bien diseñados para que en ellos pudieran recoger la basura y ganar algún sustento. Mientras tanto, dice la nota de Édgar Ávila: “aquellos equinos que estarán en espera de ser jubilados en los próximos días serán atendidos cada 20 días por personal médico de UNAM, Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV), Universidad Veracruzana (UV) y estudiantes de Medicina”. No me importa lo que digan, pero hasta se me hizo un nudo en la garganta.
Quienes tenemos mascotas sabemos lo que se siente cuando nos enteramos del maltrato que algunos infringen a los animales. Quienes hemos recogido algún perro de la calle y lo hemos adoptado conocemos el gesto de agradecimiento de estos bellos animales, y de la alegría que nos pueden brindar. Hasta me han inspirado para escribirles un relato:
“Algo tiene Maya, se pone a jugar con nosotros, nos muerde las sandalias, nos mira extrañada. Cada que regreso del trabajo me recibe con tanto entusiasmo que hasta se orina del gusto. Me recibe como si tuviera meses de no verla. A veces, cuando vamos a los terrenos, por el lugar donde la encontramos, Maya se pone seria, olfatea su pasado y se ha de sentir dichosa de no estar mendigando en la calle. Luego nos mira seria, acaso se pregunte qué le vimos como para que nos decidiéramos a cuidarla. Ella no lo sabe, pero cuando se cansa de retozar y se duerme, la miro dormida, tan pequeña y vulnerable, entonces entiendo que no tuve corazón para dejarla, tan cachorra, a su suerte”.
Esta acción del alcalde Américo Zúñiga, y del ayuntamiento en general, en favor de la protección a los animales, es el gesto de un ser humano que merece un gran aplauso. Los que vimos el maltrato de estos nobles animales, y que incluso nos peleamos con sus dueños, brindamos ese aplauso por esta medida en bien de estos animales.
Gracias Américo.

Armando Ortiz aortiz52@nullhotmail.com