¡Pero por Dios, quién diga que no, no ha cantado –o al menos tarareado- una vez en su vida una canción de Juan Gabriel! Sin duda es uno de los grandes de la canción y de la composición de México y Latinoamérica. Yo no era su fan pero me gustaban sus canciones, desde el ‘Noa Noa’, ‘No tengo dinero’, ‘Querida’, ‘Hasta que te conocí’, ‘Fue un placer conocerte’ y más de mil quinientas canciones, según sus biógrafos y sus cuentos, cosa que no dudo nadita. Mi padre tenía entre sus favoritas ‘Amor eterno’, que siempre que la escuchaba lo ponía sentimental, le recordaba a su madre, a mi abuela. De su sexualidad y de sus preferencias sexuales, la verdad es que eran cosas que a mí en lo particular me tenían sin cuidado, si era o no lo era, pues allá él y su vida, de Juan Gabriel no hablaba eso, el morbo pues, de él hablaban su enorme talento para componer letras que en realidad eran como pláticas que sólo un hombre como él las podía decir y las podía musicalizar. Alguna vez leí un supuestamente muy sesudo ensayo seudo socio sicológico de su canción ‘Querida’. En ese ensayo concluyen que el ‘Divo’ si era homosexual porque decían que ningún hombre, pero lo que se dice hombre, se refiere a su mujer amada con el apelativo de “querida”, sí, nadie le dice a su esposa cuando se refiere a ella con un: “Querida por favor pásame el café”, cuando terminé de leer el ensayo, pensé un tanto encabronado: ¡Y a quién chingaos le interesará esto! Un cantautor es de otra dimensión cuando todo el mundo, alguna vez, aunque sea alguna vez ha cantado o ha tratado de cantar una de sus composiciones, y así pasaba con Juan Gabriel, como ha sucedido con José Alfredo, como ha sucedido con Agustín Lara o como ha sucedido con Armando Manzanero, cantores populares imprescindibles para los mexicanos. ¡Por todo ello y por muchas otras cosas más Alberto Aguilera Valadez se merece un gran homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes!