*La fuerza y la mente son opuestos. La moralidad termina donde empieza la pistola. Camelot.

 

 

 

Lunes de inicio de semana, malón. De esos de no quiero que vengan. El funeral de Juan Gabriel en Bellas Artes. Y el título de un diario: “Que seas muy feliz, estés donde estés”. El desaire de la Hillary Clinton a Peña Nieto, para que vea que lo de ella es en serio. El recuento de los daños llegó hasta la cueva de Luis Videgaray, secretario de Hacienda, artífice de la reunión, según revela la revista Proceso de Julio Scherer. Hillary no se mezcló. Es más, calificó la visita de crear ‘un incidente diplomático’, y el incidente diplomático el único que lo pudo haber creado no era Donald Trump, que no es más que candidato, era Peña que es el presidente. Diario El País: “El presidente Enrique Peña Nieto invitó hace dos semanas a dos personas: un político que repetidamente ha ofendido a los mexicanos, y una política que ha expresado a lo largo de su carrera su amistad con México y sus ciudadanos. En la cadena ABC, Clinton dice que Trump creó “un incidente diplomático”. “Salió [de la reunión] diciendo una cosa y el presidente mexicano le contradijo casi inmediatamente”, añade. “Ni siquiera sabía cómo comunicarse efectivamente con un jefe de Estado”. Si la idea de Peña Nieto, al invitar a ambos candidatos, era conocer de primera mano al próximo presidente de EE UU y establecer un contacto, le ha salido mal. Clinton, que fue secretaria de Estado entre 2009 y 2013 y ya conoce al presidente mexicano, ha evitado entrar en el juego. O sea, mal y de malas.

 

LA SANCION

 

Muy por la tarde noche se supo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, echaba pa’ atrás aquella figura jurídica de Javier Duarte, y declaró Inconstitucional la Ley Anticorrupción de su Estado, cosa que todos nos imaginábamos que así sería, porque una mañana funesta para los gobernadores de Quintana Roo, Veracruz y Chihuahua, el presidente Peña habló y pidió su anulación. Se esperaba que se anulara, lo que no se esperaba era la prisa con la que el PRI aplaudió esta decisión, en boca de su presidente Enrique Ochoa Reza, el que sí reza para enmendar el camino y que todo salga bien, porque todo anda muy mal.

 

EL FUNERAL DE JUANGA

 

Cito al diario El País: El adiós con su música:

El gran retrato que presidía el homenaje mostraba a Juan Gabriel mirando al cielo con los brazos abiertos. En una mano sostenía un micrófono. La imagen imitaba el gran mural de la planta superior, pintado por David Alfaro Siqueiros. La nueva democracia muestra una mujer con los pechos al descubierto mirando al cielo tras haberse liberado, estirando los brazos tras haber roto las cadenas que la amarraban.

El mariachi Mi Tierra aguardaba en las escalinatas de Bellas Artes. Los quince músicos que acompañaron a Juan Gabriel en su última gira vestían un elegante traje de charro color azul eléctrico con detalles en blanco y plata. En el brazo izquierdo tenían bordados dos grandes letras: JG. Algunos metros atrás, el tenor Fernando de la Mora calentaba la garganta con ejercicios vocales a la espera de que el ídolo hiciera su última aparición en el palacio que hizo suyo tres veces en vida.

Cuando las puertas de la sala principal del Palacio se abrieron el primero en salir fue Iván Gabriel Aguilera, uno de los hijos de Juan Gabriel. Sus manos cargaban lo que todo México esperaba, una caja color caoba con una virgen de Guadalupe en relieve que contenía las cenizas de su padre. Al joven lo acompañaba Jesús Salas, el representante del artista. A la primera guardia de honor la flanqueaba varias coronas de flores. Una enviada por la presidencia de México, otra de la secretaría de Cultura y una más, compuesta enteramente de rosas blancas, enviada por Luis Miguel.

La urna se depositó en un pedestal negro en una alfombra roja. Los aplausos de los invitados especiales se confundieron entonces con las primeras notas de Amor eterno, la canción que compuso tras la muerte de su madre en 1974 y que se ha convertido en el himno de despedida del artista. “Prefiero estar dormido a estar despierto de tanto que me duele que no estés”, cantaba de la Mora. Con los acordes comenzaron a desfilar frente a la urna las primeras personas de las miles que hicieron fila con la esperanza de dar su último adiós a Juan Gabriel.

A De la Mora siguió Aída Cuevas, una cantante que tuvo una intensa amistad con Juan Gabriel y que rechazó tres veces las propuestas de matrimonio que le hizo el cantautor. Cuevas interpretó Te lo pido por favor y Te sigo amando. Al homenaje acudieron también figuras del espectáculo y la política. El Gobernador de Chihuahua, César Duarte, abandonó el Palacio de Bellas Artes por una puerta lateral tras montar una guardia de honor. Alguien desde el tumulto le gritó “¡corrupto!”. Los mexicanos de a pie recordaron así a los políticos que amor solo había para el Divo de Juárez.

Descanse en paz.

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