«Desde una perspectiva antropológica social, el hecho de que siga vigente la tradición milenaria del Día de Muertos, que además es integradora, representativa y también comunitaria, debiera interpretarse como el reconocimiento de un pueblo a sus raíces, como un factor de cohesión social que fortalece a la comunidad, de enorme valor en los días que corren, en donde el tejido social dañado obstaculiza la conducta colectiva de los mexicanos». Es parte de lo que escribe Rebecca en su «Agenda Ciudadana».