Por Ramón Durón Ruíz (†)

Hay una historia que en Inglaterra se cuenta de Gilbert Keith Chesterton, –uno de los escritores británicos más importantes del siglo XX–, dueño de una inteligencia sin igual y de un humor que supo cautivar a todos.
“Cierta mañana cuando viajaba en el tren, llegó el boletero a solicitarle el ticket de su pasaje, Chesterton empezó a buscarlo en las bolsas de su abrigo, sin lograr encontrarlo, luego pasó a las de su traje y posteriormente a las de su camisa, como no conseguía dar con él y el tiempo pasaba, con el consecuente nerviosismo, su transpiración fluyó agitándose su respiración; el boletero que conocía al afamado escritor y sabía de la fama bien ganada, amablemente le dijo:
–– ¡Tranquilo!, ¡tranquilo!, no se ponga nervioso, no hay problema, que no le haré pagar otro boleto nuevamente.
–– No es el pagar lo que me hace estar con el alma en un hilo –repuso Chesterton–, lo que en verdad me preocupa es que… ¡he olvidado a dónde voy!”
A su amigo, el viejo Filósofo de Güémez no se le puede olvidar hacia dónde va, porque su camino será siempre el de manifestarle a usted los dones curadores y terapéuticos de los que gozan el poder del amor y del humor.
El amor, porque es una bendición que no sólo todo lo puede, sino también todo lo transforma, la energía del amor es tan poderosa que entre más das, más recibes, más alimenta tu cuerpo, más fluye por tu mente, más fortalece tu alma, más mana de tu corazón.
Así mismo, el humor, goza del poder de transformar tu microcosmos y alinearlo con el universo, para que seas recipiendario del inmenso caudal de dones y bienes que la vida tiene para ti.
El humor aliviana la carga diaria de nuestra labor, elimina pesares, enriquece el espíritu, transforma los sinuosos caminos y las cuestas arriba de la vida en el paisaje multicolor más maravilloso, te transforma en un ser amoroso, productivo; te lleva a dejar en cada paso el aliento vital de tu cuerpo.
En ese sentido, este viejo campesino, en la Agenda de El Filósofo de Güémez, –Colección Ramón Durón 2017–, que ya está a su disposición, busca plasmar el sentido de la vida suficiente para que cada día esté lleno de la magia del amor y del humor, poderes que hacen que nuestra vida sea diferente y que sutilmente redescubren el enorme caudal de nuestras potencialidades y dones.
La Agenda de El Filósofo de Güémez –Colección Ramón Durón 2017– está a la venta en: 14 Anaya, Col. San Francisco, C.P. 87050, en Cd. Victoria, Tamaulipas, en el teléfono: (01834) 31 44631, correo: filosofo2006@nullprodigy.net.mx; victoriaf2006@nullprodigy.net.mx
La Agenda, está cargada de anécdotas, caricaturas y frases del Filósofo, ahí encontrará esa suave ingenuidad provinciana, ese amor a las abuelas y los “viejos” de nuestra tierra, esa pretendida buena fe rural tras la que se enmascara un humor lleno de obviedad, de amor a la vida, de sentido común y perogrullo.
Lo del humor del Filósofo me recuerda la ocasión aquella en la que Gordiano –el más afamado citricultor de la región– llegó con el juez civil:
–– Señor juez, vengo a que me divorcie de la Crispiana.
–– ¡Pero hombre! –dice el enjuiciador– ¿Por qué quieres divorciarte de tu esposa?
–– Porque, aunque me dé harta pena, debo decirle que nomás quiere estar haciendo el amor.
–– Oye… ¡Pero con eso, decenas de hombres estarían felices con ella!
–– ¡¡¡Y LO ESTÁN SEÑOR JUEZ, LO ESTÁN!!!

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