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Fue el emblema de campaña de un candidato norteamericano y hoy es el tema más comentado en nuestro país. Todos giramos en torno a esa expresión “El Muro”. Muchos lo celebran y otros lo sufren de forma anticipada. Las políticas públicas se ocupan en buena medida en el análisis del impacto de “el muro” y el forcejeo político y mediático se centra en “quién lo va a pagar”.
Los indicadores de la economía mundial se muestran nerviosos y las monedas varían en su valor por causa de “el muro”. Y es nuestro México quien se encuentra mayormente apanicado por todo lo que significa “el muro”, no sólo como una simple construcción y lo relacionado a su pago, sino lo que significa en materia de bloqueo para las operaciones comerciales entre dos países y el traslado de personas; con mayor preocupación de nuestra parte por los miles de compatriotas y mexamericanos que podrían ser deportados y vendrían a agravar el problema del desempleo. Sin ignorar el daño por la pérdida del principal ingreso de divisas a nuestro país por la vía de las remesas.
Todo pareciera ser ocasionado por un fantasma llamado “muro” el cual no debería de tener tanto impacto en los mexicanos, porque estamos más que acostumbrados a vivir entre “muros”; tanto que ya ni nos damos cuenta de ellos.
Siempre que termina un proceso electoral se inicia automáticamente la construcción de un muro para mantener aislado al ahora funcionario público de la molesta intromisión del pueblo, que intentará saber para cuándo se cumplirá lo que se les prometió. Pero no se le puede “molestar, porque está muy ocupado detrás de su “muro”.
Aún los servidores públicos que no llegaron por la vía electoral y forman parte del equipo de colaboradores de alguno que sí buscó en campaña el voto ciudadano, esos también levantan su “muro”, que en ocasiones resulta más alto que el del funcionario principal. Cuestión de egos.
Y como cada Estado tiene sus “muros”, Veracruz no podía ser la excepción y mucho menos con la nueva administración, porque ésta tiene el reloj en contra y no tiene mucho tiempo que “perder”, así que levantaron sus “muros” pre fabricados antes de que nos diéramos cuenta, obviamente con el nuevo color correspondiente.
Son contados empresarios de los cientos que al fin del sexenio pasado estuvieron haciendo sala en la Sefiplan reclamando el pago de bienes y servicios contratados y facturados, los que hoy habrán podido rebasar el nuevo “muro”, para ser “deportados” ipsofacto, (que no es “inmediatamente” como podría suponerse, sino “por éste hecho”), con la misma frustración de un inmigrante, pero sin dinero.
Es tal el desencanto por lo imposible de superar el “muro de sefiplan”, que ya ni se aparecen los proveedores para reclamar el justo pago.
Cada dependencia, cada Secretaría, cada funcionario o servidor público levanta su “muro”, contagiando a muchos empleados de tercer y cuarto nivel a que hagan lo mismo. Todos levantan un muro de desprecio, indiferencia, indolencia, apatía, pereza, dejadez, etc., en perjuicio del pueblo que resignado vuelve por sus pasos con un sentimiento de frustración y coraje por sentirse humillado y bocabajeado, pero aún así, volverá a insistir trepar ese “muro” una y otra vez hasta que lo consiga o muera en el intento.
Ese es el espíritu noble del mexicano y esa también la arrogancia de muchos malos servidores públicos que no se ubican en los zapatos de los demás, pensando que ellos jamás estarán de ese lado del “muro”, como si la justicia no existiera.
Todo México habla del “Muro” y de la forma en que debamos de responder en desquite o venganza contra el villano agresor; pero poco o nada estamos haciendo para derribar los “mexican muros” que lastiman y hacen mucho más daño que aquél. Y esos están más cerca. Ese es mi pienso.