*De Beneddeti: “Quién lo diría, los débiles de veras nunca se rinden”. Camelot.

EL INFORME DE YUNES (HECTOR)

Entre priístas vestidos de guayabera blanca, como en tiempos echeverristas, en un mediodía cálido en Veracruz, como en tiempos de los romanos, cuando los césares llegaban triunfantes, el senador Héctor Yunes Landa, que quiere ir por la segunda ronda, que las rondas no son buenas, que hacen daño, que dan pena, decía Agustín Lara, se reunió con los suyos, los priístas de siempre, para informar de 5 años de actividades senatoriales, donde en una de esas se le atravesó la gubernatura y resbaló, o tropezó. No pude ir, le huyo a reuniones de más de 10, solo a las diadas (¿Qué demonios son diadas? Reunión de grupos sociales pequeños, de dos personas), entre el tumulto de lo que podíamos ver en la transmisión vía Facebook, el Senador con un micrófono y un audífono pegado a la oreja, como si fuera locutor de Univisión en Houston, saludaba y saludaba y a la Peña Nieto se tomaba selfies con quienes quisieran. Se dejaba querer, apapachar, preparando quizá la segunda vuelta. Entre ellos apareció un orizabeño, Víctor García Trujeque, poderoso cetemista, quien le abrazó y algo comentaron. Después de los abachos y bechos, Yunes trepó al sitio donde daría su mensaje. Inició agradeciendo al otro senador, el que le aventaja en la carrera gubernamental, pues ya levantó la mano y Videgaray y Peña y Meade y Nuño (el orden no altera nada), ya le dieron el beneplácito. Falta que entre los dos Yunes rojos se sienten y agarren un mapa y vean las encuestas si van o no van. Si la perspectiva no se le da a Pepe y no quiera ir, Héctor le entra al quite. Le dio el significado de respeto, dijo que a su colega senador lo había sentado junto a su querida familia, para que se vea el afecto. Luego, después de agradecer a los suyos, le entró a los temas. Allí me fui porque un compromiso de comida me tenía atado, pero fueron llegando las noticias no del imperio. Héctor donó un auto para que se hiciera un fideicomiso para los periodistas que no tienen acceso a los seguros ni a la salud. Luego se le fue a la yugular al primo que gobierna. La reunión fue en el club de Leones del Puerto (¿no prestaron el WTC?). Llamó al gobernador ‘el sudadero’, porque tiene sudando la lana: “A finales del mes de junio, según lo reportó la propia Secretaría de Finanzas, el gobierno tenía en bancos 8 mil 455 millones de pesos que hoy se encuentran “sudando” en un sauna financiero, no para convertirse en obras sino en votos”. Luego, se habrán ido a comer a algún lado y colorín colorado. No llegó su compadre, el gran ausente lo fue El Gordo de Molina, Juan Carlos, que aspira y suspira a ser Senador en el mismo escaño de uno de los tres Yunes, aunque él iría en la ganadería y en la agricultura, temas que le sabe.

Cuando al gobernador le preguntaron, al otro día, qué opinaba de lo dicho por el primo, le aplicó la tesis salinista: ni lo oigo ni lo veo. Dijo que él no contestaba ofensas. Y ya.

LAS DESERCIONES

Mientras por un lado el PAN de Anaya amarra alianzas con el PRD y Movimiento Ciudadano, por la tarde noche de ese domingo comenzaron a circular las adhesiones para Andrés Manuel López Obrador, de muchísima gente. En un evento en el Monumento a la Revolución, el que no quiere ser venezolano, AMLO, recibió deserciones, entre ellas dos de Veracruz que sonaron, Ricardo Ahued Bardahuil, que fue priísta y alcalde de Xalapa y diputado, y Ana Miriam Ferráez Centeno, de cepa radiodifusora y quien fue candidata derrotada a la alcaldía de Xalapa, precisamente por Morena, donde ahora se cobija, quizá para ser diputada o lo que venga mientras llega la otra vuelta a la alcaldía. Son cosas comunes, Morena tiene la ola, está en la cresta, tiene al candidato perfecto para ganar la presidencia, aunque ese candidato perfecto a ratos él mismo es su peor enemigo. Nada le costaba condenar los hechos de Venezuela, y como no lo hizo de ahí se han agarrado todos, incluido Peña Nieto, para acusarlo de que, si gana la presidencia, México será otro Venezuela en pocos años. Esperemos.

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