El siguiente en la lista de “Los cinco mejores perfumes para hombre” de El País es Opium Pour Homme de Ives Saint Laurent. Lo describe sencillamente como un “…escándalo. No es una exageración. Desde su lanzamiento en versión femenina (1977) y masculina (1995) ha llegado a ser prohibida en algunos países, como Arabia Saudí, porque sus autoridades consideran que su nombre incita al consumo de estupefacientes”. Bueno, yo creo que no es para tanto, pero sí, efectivamente, es un aroma en exceso sofisticado. Hay apenas una delgadísima línea entre lo que puede ser un aroma masculino de un femenino. Tiene una carga sexista definitivamente, remite al delirio y a los sueños. Es la única fragancia para la que David Lynch, el afamado cineasta británico se ha alquilado para rodar un anuncio. Es una loción con toques orientales, no necesariamente chinos o nipones, más bien como hindúes, pachulescos, a incienso, algo de mirra y cosas parecidas, lo que hace muy intenso, inconfundible y contundente. El fijador como la riqueza de las substancias (anís, vainilla, maderas y grosella) con las que se elabora hacen que se pueda oler sobre la piel horas después de haberse aplicado. Es uno de esos aromas que incluso los que no son expertos en perfume pueden identificar de forma instintiva. Se recomienda usarlo en invierno, es muy cálido y seductor casi hasta el arrebato. Definitivamente no es discreto, con mucha personalidad. Está en el mercado desde 1995. Su imagen era Rupert Everett, con una bata de seda púrpura muy sugestiva, tumbado sobre una cama de plástico roja, la cámara daba vueltas, provocando una sensación de vértigo, mientras el actor se acariciaba la piel. Un último comentario, si usted distinguido caballero no es de los que usa habitualmente camisas de seda y pantalones de lino, algodón egipcio y/o de kashmir mínimo Ermenegildo Zegna, por favor absténgase de usar Opium, más si es dado a usar pantalones roídos de mezclilla deslavados y camisetas underwear. ¿Usted qué opina?