Jorge Alberto Gudiño Hernández

Editorial Alfaguara

México, 2018

pp. 204

Es la segunda novela de la saga del inspector Cipriano Zuzunaga. La primera es Tus dos muertos (Editorial Alfaguara, México, 2016). En esta ocasión su jefe Alvariño le encarga, a nombre del procurador, que investigue la muerte de un rico comerciante. Homo y Hetero, los sobrinos de éste, son quienes han hecho la denuncia. El asesino ha desaparecido.

Junto a la intrincada historia de la investigación criminal se desarrolla la vida más personal de Zuzunaga. En esta ocasión son sus amores, sus afectos, sus miedos y sus amigos los que constituyen el hilo conductor de la narración. A la par, en un segundo plano, se desarrolla la investigación del crimen.

Ahora Zuzunaga, se enfrenta a sí mismo y a la manera de resolver sus problemas cotidianos, pero también se da tiempo para reflexionar acerca de sí mismo, de su vida, de lo que realmente quiere y por lo que está dispuesto a vivir y a morir.

El inspector aloja en su departamento a Nat y su bebita. Lo hace por generosidad. Le duele que vivan en la calle. A veces quisiera sentir el calor de la piel de Nat, pero siempre se contiene. Nat entra y sale del departamento, a veces desaparece por días, pero Zuzunaga no pregunta. Solo se solidariza.

Un día Leslie, su hija que vive en Estados Unidos, le habla para decirle que Sonia, su madre, está enferma. Ella ahora saca la residencia y no puede viajar a México. Él, que hace años no ve a quien fuera su pareja, le dice a su hija que no se preocupe y que se hará cargo de la situación. Sonia está muy grave.

Zuzunaga la interna en el hospital y consigue que una vecina amiga de la que fue su esposa la acompañe todos los días, como un familiar, en el hospital. Él paga todos los gastos. Cuando habla con su hija le dice que todo está bien y que no se preocupe. De vez en vez Zuzunaga va al hospital y platica con Sonia. Le habla del tiempo que vivieron juntos. Ella no puede escuchar.

Los médicos diagnostican la muerte cerebral de Sonia. Ya no hay nada que se pueda hacer. El inspector le dice a su hija que no tiene caso que venga a México. Él se hará cargo de todo. Una vez más la solidaridad incondicional de Zuzunaga. El hombre duro, que conoce a fondo los bajos mundos y que sabe como lidiar con ellos, se revela como un ser bueno y solidario.

A él, le gusta a ir a platicar con Pablo, el médico forense de su oficina, y tomar juntos el magnífico café que prepara. Hablan de muchas cosas. Filosofan sobre la vida. Zuzunaga conoce a Lola, una mujer atractiva que está a cargo de un café-internet. Se interesa en ella. Se pregunta si sería posible establecer una nueva relación de pareja. Ya son muchos años de vivir solo.

Está también su relación con la Amarilla Nelson, un amigo de años y cómplice en situaciones difíciles de otra época. Ahora su amigo le pide ayuda para vengar al asesinato de su familia. En otros tiempos hubiera sido imposible, pero ahora están dadas las condiciones. El inspector, en este caso, también se solidariza y toma en sus manos hacer justicia. El amigo queda vengado.

Zuzunaga vive esas experiencias, personales e íntimas, a la par que sigue la investigación sobre el caso del comerciante asesinado. Esta vez también los resuelve y demuestra que Néstor Quiñones, el supuesto asesino no es tal. Los asesinos son otros. Ellos pensaron que nunca serían descubiertos. El inspector sabe cómo actuar.

La escritura de la novela, como la anterior, es de frases cortas y contundentes. A veces de una sola palabra. Es una narrativa ágil e innovadora. Gudiño Hernández construye un estilo que lo identifica y le es muy propio. Espero que haya una tercera entrega de la vida y las investigaciones criminales del inspector Cipriano Zuzunaga.

@RubenAguilar