DICE LOPEZ Obrador, el Presidente electo de México, que la austeridad republicana, con la cual gobernará a partir del primero de diciembre de este mismo año, es mandato popular.

Cierto es, porque los ciudadanos del país, decidieron, a través del voto, darle la oportunidad al famoso Peje, de gobernar a la nación de acuerdo a su propia visión política y en contraste, también se dice, de los abusos y deshonestidades que venían imponiendo al país, quienes han gobernado, también, por mandato popular.

La cosa esta en que la austeridad republicana, que por mandato popular, impondrá el nuevo mandatario en todos los programas y proyectos, además de los ajustes que se están haciendo, desde este momento, en toda la estructura que se encuentra involucrada en el mismo presupuesto nacional, no es aceptada del todo por los efectos que tendrá en el futuro.

Y esto lo decimos, porque a pesar de que en teoría, el Poder Legislativo, es independiente y regulador de los demás poderes de la unión, ya se le esta aplicando la famosa austeridad, al grado de que ahora los nuevos legisladores, tendrán, por ese mismo mandato popular, una considerable disminución en sus ingresos, ya que se ha informado que las reducciones a sus salarios y demás beneficios que han tenido los representantes populares, se deben a las nuevas disposiciones del futuro Presidente de la República, quien detentará el poder casi absoluto de la nación, dentro de la llamada separación de poderes, donde, como se ve, estarán sujetos a lo que diga López Obrador, en su calidad de nuevo Presidente de la República.

Pero hay mas, la austeridad republicana, afectará a todos los sectores del país, porque hay disposiciones que van más allá de los gastos que se efectuarán dentro del gobierno, es decir, que dependen directamente de la administración federal, pues en este sentido, esta misma disposición por cuanto al uso de los recursos económicos, se aplicará, de la misma forma, a los Estados de la República, por ser, desde luego, parte de la federación, lo que repercutirá hacia abajo, es decir, la administración estatal, también ajustará sus gastos, de tal manera, que llegará hasta el más común de los ciudadanos, que tendrá que apretarse el cinturón, debido al mandato popular que se le otorgó a un hombre, a un ciudadano, que con poder omnipotente, como resulta ser el ejecutivo federal, promoverá un gasto menos ostentoso para poder garantizar la estabilidad económica del país.

Y es que esta famosa austeridad republicana, barrerá parejo, salvo en el Poder Judicial de la nación, donde, desde el principio, se pusieron en alerta y no aceptaron que sus sueldos fueran bajados de la noche a la mañana, entendiendo que son un poder independiente por cuanto a sus funciones, aunque dependiente, siempre, por el presupuesto que manejan y que es proporcionado, como en el caso del poder legislativo, por la propia administración federal. En México, que se entienda, no hay división de poderes, por lo que tarde que temprano, este poder, también se verá afectado en los ajustes del futuro.

Algo deberá hacer el futuro Presidente, cuando de verdad, ya esté manejando al país y sus disposiciones tengan que ser acatadas por todos, pues seguramente, hasta el poder judicial, tendrá que ajustarse a los lineamientos que ya se están dictando por el bien del futuro económico del país.

La Austeridad Republicana, tendrá que ser de observancia general, y para esto, todos las dependencias del gobierno federal, los Estados de la República, y los demás sectores de la población, deberán aceptarla como una medida dolorosa, pero quizá, necesaria en este caso, si es que a la vuelta de la esquina, no queremos un país alejado completamente de su debido desarrollo nacional, en el cual, están involucrados todos los sectores populares del país.

La medida de López Obrador, parece ser buena, aunque su aplicación tendrá que ser, sin lugar a dudas, paulatina, con la finalidad de no despertar inconformidades, ni tampoco apresuradas decisiones que pudieran caer dentro del campo donde los remedios lleguen a ser peor que las enfermedades.

Y como consecuencia del mandato popular, la austeridad republicana, generará, al principio, desestabilidad económica en todos los sectores de la población, hasta en tanto, empleos, salarios y precios de productos, no se ajusten, de la misma manera, a esta nueva disposición económica en todo el país.

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AL NUEVO PRESIDENTE de la República, no hay duda, le tocará bailar con la más fea.

Encontrará un país en serias dificultades económicas, en desestabilidad política, en riesgo del estado de derecho, pobreza extrema en varias regiones, marginación permanente de pueblos y comunidades abandonadas, desempleo por todas partes y consecuentemente, una nación envuelta en graves problemas de inseguridad.

No es, precisamente, el país que pinta el actual mandatario nacional, donde, hasta ha exaltado su política laboral, al grado de que asegura que los empleos han crecido considerablemente, lo que se niega constantemente por la población, que ve como reflejo de la ausencia de oportunidades, la violencia que se ha apoderado de todos los sectores de la población, porque no cuentan con los recursos suficientes para subsistir.

Ese es el México, que ahora, se entregará a una nueva administración federal, donde el quehacer se ha multiplicado, porque hay demandas provenientes de todas partes y de todos los sectores, olvidados o no, pero necesitados de la mano presidencial.

Para remediar todos los males, López Obrador, tendrá que hacerse mil pedazos, pues de no conformar un equipo de experiencia para resolver los problemas cotidianos del país, tendrá que moverse, como ya lo ha pensado, en todas partes y en todas direcciones para poder estar pendiente de todo lo que ocurra durante su gobierno.

Ahora más que nunca, se necesitan varios presidentes, uno que se encuentre al frente de todos ellos y los demás a moverse con independencia, pero dando resultados positivos, pues los problemas de México, ya no son comunes, sino graves, en virtud de la poca atención que en el pasado, gobiernos tradicionales del PRI, como del PAN, no atendieron por completo y que al contrario, aceleraron con la ausencia de plena voluntad para resolverlos.

Por eso, López Obrador, tendrá que aceptar, a partir del primero de diciembre, que sin duda, le ha tocado bailar con la más fea.

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CIERTO ES QUE LAS reformas emitidas por el gobierno federal, no dieron resultados evidentes para la mayoría de los mexicanos. Por eso, se han dado reacciones que han puesto en serias dificultades a los sectores donde se han pretendido aplicar.

Ahí esta, por ejemplo, la reforma educativa, que pese a los esfuerzos del gobierno federal, por aplicarlas en toda su extensión, muchas disposiciones emanadas de la misma, se han quedado en el camino, tanto que ahora, ya se impulsa, desde el congreso federal, la cancelación de la evaluación educativa, donde nunca hubo un acuerdo nacional con los maestros.

Y así, por el estilo, otras más como la reforma energética, no dieron, al parecer, los resultados que se esperaban, pues en principio, ahí están los combustibles que a la fecha no han dejado de subir en sus precios y que de acuerdo con el Presidente de la República, en este sentido, las bondades de la reforma, se reflejarían en los bolsillos de todos los mexicanos.

Pero no ha resultado de esta manera, hoy, los mexicanos en general, resienten los aumentos de los combustibles y sus demás consecuencias, como son, incluso, las altas tarifas de todas las carreteras de cuota.

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Y MAÑANA, aquí nos encontraremos, si otra cosa no sucede.

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