En la vida vos podés hacer dos cosas contrarias: o tender puentes o levantar muros. Los muros separan, dividen. Los puentes acercan. (Papa Francisco). Camelot

EL PUENTE OJITE (ALAMO-TUXPAN)

Mientras este escribiente venia lidiando atorones en las mugres casetas de paga de Capufe, todas, la de Fortín y Cuitláhuac y hasta la de Paso del Toro se han contagiado de inutilidad y no hay quien les ponga un hasta aquí. Ayer retornando de Veracruz, la de Paso del Toro tenía solo una caseta cobrando, y dos más a los lados la hacían de vacaciones por los que vienen de Cardel y Xalapa, sin que tuvieran ningún auto. Le reclamé a la cobradora y atenta me dijo que lo reportara al 074. Así lo hice, la verdad ya estoy cansado de esta cruzada contra estos inútiles, pero hay que seguir haciéndolo, llame y me quejé, a ver si sirve de algo. Allí me llegó una foto aérea del Puente Ojite, un bello puente que el gobernador Yunes Linares, como remate de Buen Fin anda inaugurando una obra diaria, pero de las perronas. Este puente, visto desde las alturas se ve impresionante. Une a Álamo con Tuxpan, y me documento con Joaquín Barragán León, que en Gobernación anduvo por años y sabe de esos territorios comanches. Antes del puente había una panga. Los jóvenes de ahora se preguntarán qué carajos es una Panga, era un armatoste que cruzaba a los automóviles y a las personas por los impetuosos ríos, cuando ibas a la mitad del rio se arrugaba todo, no sabías si el motor de esa Panga daba para llegar a la otra orilla. Veíamos la orilla, como decía Julio Cortázar, aguantando la respiración, con el aliento en el infinito. Yo recuerdo cuando mi padre nos llevaba a Villa Azueta, a la casa de la abuela Genoveva, había una tremenda Panga en el Papaloapan, y otra la había cuando íbamos de shopping por carretera a Mc Allen, Texas, y en Tampico, feudo de La Quina, antes de hacer el puente había otra Panga gigantesca, a veces esperábamos horas para cruzarla. Autos y camiones, al pasaje lo bajaban a la hora de trepar. Llegaron los puentes y las pangas se fueron a la historia. Como esta del Ojite, que era de un señor Guillermo Aoyama, uno de origen oriental que era productor de cítricos y se hizo empresario con hoteles y la Panga, la cual cobró por 30 años. Cruza el rio Pantepec, que se convierte en el Tuxpan y nace en la sierra de Puebla. El puente se llama Ojite, porque así se llama la comunidad, servirá para los pasos de autos y camiones y de la gente y también para que los productores vendan porque en lluvias era difícil salir, se lo deberán a Yunes Linares, sin duda. Hay otro paso y puente, en 1960 el presidente Adolfo López Mateos llegó y les hizo un puente, el que circula rumbo a Tuxpan, costó 10 millones de aquellos pesos y les dijo que, en cuanto se pagara, no cobrarían más. Se le olvidó a López Paseos, porque siguen cobrando hasta ahora, 58 años después, claro ahora lo cobran más disfrazado, porque es de la autopista que el gobernador Patricio Chirinos Calero, y Miguel Ángel Yunes Linares, secretario de Gobierno, en aquel entonces pusieron la primera piedra en el rancho de Los Gil, de la Tuxpan-México, que se hace dos horas y media con sus 300 kilómetros. Bien lo dijo Fernando Savater: “Decir que todas las culturas son igualmente respetables equivale a afirmar que da lo mismo cruzar un río por un puente que en balsa o andando por el fondo con una piedra pesada en los brazos”. Los puentes unen a la gente. Y a los paisanos veracruzanos.

AQUELLOS PICHICHIS

Resulta que Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, ha igualado al mexicano Hugo Sánchez al recibir el quinto Pichichi como mejor goleador del futbol español (En España, al máximo goleador de la Primera división de la Liga de Fútbol se le conoce como “Pichichi” desde que el premio fue creado en 1953 por el periódico deportivo “Marca”, el nombre del trofeo lo extrajeron del apodo de un delantero y goleador del Athletic de Bilbao llamado Rafael Moreno Aranzadi, conocido como Pichichi. Pichichi era sobrino-nieto de Miguel de Unamuno y falleció en 1922, a los 29 años de tifus, muy probablemente, a consecuencia de una ingestión de ostras en mal estado). Algo que eleva a los altares del reconocimiento a nuestro querido jugador mexicano, ese que cuando llegó a España, le gritaban despectivamente indio o indito y, años después, cuando les metía gol tras gol y les hizo aquella chilena inolvidable contra el Logroñés, terminaron llamándole ¡Macho!, y sacaban los pañuelos blancos, como en tarde de toros, solo les faltó que le gritaran chulo o pijo, vamos, terminaron adorándole. Hugo está en esa Galería de inmortales, al lado de Alfredo Di Stefano y Quini, y a Messi solo le falta alcanzar al español Telmo Zarra, que ese lo ganó 6 veces. Hace algunos años, quien esto escribe salía de ver al Barcelona en el campo de El Sardinero de Santander, era aquel Barcelona de Riquelme, he visto gracias a mis viajes de azar, a los tres mejores Barcelona, solo me faltó el de Cruyff, pero vi al del argentino Riquelme, al de Ronaldinho y al de Messi, con eso tengo bastante, sigan adelante sin ver qué dirán. A la salida del estadio, el taxista que me llevaba al departamento, me preguntó si era mexicano, al afirmarle me habló de Hugo Sánchez, a quien yo mero no vi jugar en Madrid, aún le tenía miedo al avión (No le temo a la muerte, le temo al avión, decía Picasso), pero este hombre al volante, en lo que conducía me habló que él si lo vio jugar y era un ‘Chaval cojonudo’, o sea, de huevos. Entonces me enorgullecí que México tuvo, en su tiempo, al mejor delantero del Real Madrid, en aquella que mal llamaron la Quinta del Buitre, por Butragueño, pero debió ser La Quinta de Hugo, por Hugo Sánchez. Tan, tan.

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