MUCHO se ha escrito y comentado en todos los medios de comunicación, acerca de los grandes retos que tiene enfrente la próxima administración federal y desde luego, algunos de los gobiernos estatales, donde la violencia se ha generalizado, de tal manera que se ha puesto en riesgo la propia estabilidad gubernamental, cayendo en un estado de derecho, prácticamente fallido.

El nuevo gobierno, encabezado a nivel federal por Andrés Manuel López Obrador, tendrá que proceder, antes que otra cosa, a sosegar al país, pues la ola violenta que azota a su territorio ha rebasado, sin duda alguna, todos los parámetros de la inseguridad.

Se dice, pues, que el coco que tendrá que enfrentar el futuro Presidente de la República, con mayor atención, es precisamente este fantasma que tiene asolados a todos los mexicanos, sin que a la fecha se hayan tenido noticias de una disminución de los índices delictivos, sino al contrario, se han registrado incrementos, día a día, aún con los supuestos esfuerzos realizados por las administraciones estatales y federales.

Es mentira que la inseguridad haya bajado, como se trata de convencer al pueblo mexicano, cuando los reportes indican que no hay ni siquiera estrategias que hayan dado resultados en estos recientes años, por lo que este problema, es uno de los primeros retos que enfrentará el nuevo gobierno, ya que de otra manera, el país no podrá crecer para ningún lado, considerando que la inseguridad, detiene cualquier intento de superación, como tampoco podrán aterrizarse los programas y proyectos que se tengan para llevarse a cabo en los próximos seis años de gobierno.

Como suele decirse, normalmente, a los dos gobiernos, federal y estatal, les tocará bailar con la más fea, porque les dejan un país convulsionado en todos los sentidos, pues hay carencia de tranquilidad política, económica y social, pero sobre todo, de inseguridad, que es un fenómeno social que se ha apoderado de la sociedad por la falta de oportunidades de empleo, de recursos económicos, de inversiones y por la campante corrupción que no ha permitido que se tomen decisiones definitivas para borrar del mapa nacional, la cruel situación que se vive con tanta violencia en sus calles, en sus pueblos, en sus caminos y carreteras y hasta en los propios hogares, donde la acción de la violencia ha llegado de manera directa y sin que nadie les diga nada.

Hasta ahora, el Presidente electo de México, ha repartido el presupuesto que se ejercerá en el próximo año, pero no se ha considerado, como prioridad, la pacificación del país, un tema que requiere de la mayor cantidad de recursos para poder combatirla con precisión, sin dejar de invertir en el proceso educativo que lleva, necesariamente, una carga importante en este cambio del país. Tal vez, se pueda prescindir, a corto plazo, de un nuevo aeropuerto, de un tren maya, de una o dos refinerías, de un cambio administrativo a fondo, de una reducción considerable de los ingresos de muchos funcionarios gubernamentales y hasta de promocionar la política partidista, como es común que se haga cuando se tiene el poder absoluto, pero de ninguna manera, se puede soslayar la necesidad de buscar, por todos los medios, que la seguridad vuelva a ser la parte fundamental del crecimiento de un país.

López Obrador, tiene en sus manos, una histórica responsabilidad, que es precisamente, lograr que México, se reencuentre con su tranquilidad y ese, en todo caso, sería el triunfo que más se le podría aplaudir y que le permitiría que su partido volviera a triunfar en las futuras elecciones, porque si no lo hace, pone en riesgo, precisamente, la permanencia de Morena en el poder.

Ayer, apenas ayer, comentábamos, precisamente, que el mexicano es capaz de soportar todo, pero nunca podrá aceptar que le limiten su libertad y la escasez de recursos en su propio bolsillo, por lo que la violencia se ha convertido en un fenómeno que restringe su libertad y la falta de dinero para subsistir, es otro de los grandes problemas que le impiden crecer satisfactoriamente.

México, deambula entre la pobreza, la violencia y la mediocridad, porque los programas de gobierno, no han cuajado, para nada, en la realidad que se vive todos los días, cuestión que depende, en gran parte, de la buena administración de los recursos que manejan los gobiernos.

De ahí que Andrés Manuel López Obrador tendrá su propio coco, como dicho popular que denota enfrentarse a un problema de grandes dimensiones nacionales, como es el caso de la inseguridad, la pobreza, la marginación y la corrupción.

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LA INMINENTE REDUCCION presupuestal a las universidades públicas, incluyendo a la propia Universidad Veracruzana, habrá de constituir un duro golpe para los programas de la propia educación superior.

Todas las instituciones educativas, de manera especial, las que ofrecen estudios superiores, han carecido, recientemente, de recursos públicos necesarios para el debido cumplimiento de sus programas académicos y de ampliación de su propia infraestructura que les permita tener la oportunidad de aceptación de mayor número de estudiantes que desean cursar una carrera profesional.

En Veracruz, por ejemplo, la Universidad Veracruzana, se han mantenido estática, es decir, no ha tenido oportunidad de crecer y sus limitaciones se han visto reflejadas en menor calidad educativa, menos posibilidades de continuar con el ascenso académico y con una cruda realidad de ofrecer menor garantía en los jóvenes universitarios de encontrar los espacios necesarios para su desenvolvimiento laboral.

Las Universidades, en su conjunto, son las que generan el porvenir de una nación, de un estado y de una región, porque son las responsables de llevar hasta estos espacios, a las mujeres y a los hombres que con sus conocimientos, cambiarán el rumbo o destino de los demás y de sí mismos.

Pero, todo se tiene que hacer con dinero, porque ya no es posible que solamente con la plena voluntad se quiera cambiar al mundo. Es necesario que los presupuestos se vean incrementados para generar mayor capacidad de respuesta de las instituciones educativas, pero sobre todo, asegurar la permanente continuidad de la preparación, pues con ella, México, y sus estados, saldrán, sin duda, adelante.

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HAN COMENZADO las comparecencias de los funcionarios que se van, es decir, de los que ahora son parte de la todavía actual administración estatal, mediante las cuales se pretende analizar, con profundidad, cada dato ofrecido por el segundo informe de gobierno, presentado recientemente por el Gobernador del Estado, Miguel Ángel Yunes Linares.

Sin embargo, ante la oportunidad de escuchar a los señores funcionarios gubernamentales, es necesaria la preparación de los legisladores, para que los tiempos no se pierdan en agresiones o malas interpretaciones, procurando ejercer esta responsabilidad y con pleno conocimiento, los problemas que se quieren discutir y analizar.

Conforme se vayan presentando los colaboradores del presente gobierno, se podrán resolver las inquietudes y las dudas que se tengan, dejando a un lado las siglas partidistas, porque ante todo, los legisladores son representantes del pueblo que los eligió y tendrán, por ello, que responder con eficacia y con trabajo la confianza política depositada en ellos.

Vienen las comparecencias más importantes del trabajo de este gobierno de dos años, donde habrá chispas, pero también reconocimiento de lo bueno que se pueda encontrar.

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Y MAÑANA, aquí nos encontraremos, si otra cosa no sucede.

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