Para Fulgencio Gómez Estrada, velador ya pensionado observar hoy la calle de Enríquez, es recordar algunos comercios y establecimientos del siglo pasado, que por muchos años fueron representativos en la ciudad. Comenta, quien no recuerda a relojerías Cantú, aquella que daba un largo año para pagar y que regalaba una piñata, una caja de refrescos y un pavo. Caminar por la calle de Enríquez era disfrutar los exquisitos aromas de la perfumería fina que salía de la tienda de regalos y perfumes Casa Castillo, más adelante se encontraba la tienda Singer, tienda dedicada a la venta de máquinas de coser y a la entrada del Pasaje Tanos se encontraba la tienda de fotografía Kodak, Casa Frutis, especializada en la venta de cámaras fotográficas y todo lo relacionado a esa actividad. Casa Farah que aún se encuentra en la esquina de Zamora y Primo Verdad, Sears que continúa; existía también otra tienda de perfumes denominada El Quetzal, al igual que una joyería –creo que se llama Río Miño–, dice don Fulgencio. Había la tienda de ropa Casa Martínez, en la acera de enfrente está Casa Ollivier que es de ropa, que sigue ahí y que en breve cumplirá cien años, el Hotel Plaza, el estudio fotográfico Martínez, junto el Express de los Ferrocarriles, el café Sorrento, la agencia de la Lotería Nacional y el café de Chinos, famoso por su pan, su café con leche, las tortas y su milanesa con papas, nadie del siglo pasado puede negar que desfiló por ahí para tomarse un lechero con pan. Existía un viejo edificio de dos plantas que albergaba las oficinas de la Secretaría de Salud, en donde se formaban largas filas de jóvenes en determinada época del año, porque ahí se realizaban los análisis de sangre para ingresar a las escuelas. En esa misma acera estaba una librería y papelería, a la entrada del edificio Enríquez había una tienda de aparatos eléctricos de los Hakim y en la esquina la tienda de vinos y ultramarinos La Sevillana, enfrente la farmacia Reforma que aún continúa, que tiempos aquellos dice don Fulgencio quien a sus más de noventa años, expresa que a lo mejor algunos datos no son tan precisos, porque ya la memoria le falla y habrá nombres que se me olviden o confunda, pero ese era el centro de Xalapa, la calle de Enríquez, era tan bonito Xalapa en ese entonces, concluye.

Lo escribe Francisco Urbina. “Foto de “México en fotos”.