Aquel olor
“¿En qué cuento te leí?.. ¿En qué sueño te robé?.. ¿En qué planeta te vi.. antes de mirarte aquí?.. ¡Ah! No lo sé… no lo sé!… Pero brotó nuestro amor.. Con un antiguo fervor.. Y hubo, al tendernos la mano.. Cierta emoción anterior.. Venido de lo lejano.. Tenìa nuestra amistad.. Desde el comienzo un cariz.. De otro sitio, de otra edad.. Y una familiaridad.. De indefinible matiz… Explique alguien (si lo osa).. El hecho, y por què, además.. De tus caricias de diosa.. Me queda una misteriosa.. Esencia sutil de rosa.. Que viene de un siglo atràs..”.

A Némesis
“Tu brazo en el pesar me precipita.. Me robas cuanto el alma me recrea.. Y casi nada tengo: flor que orea.. Tu aliento de Simún, se me marchita…Pero crece mi fe junto a mi cuita..Y dijo como el Justo de Idumea.. Así lo quiere Dios, ¡bendito sea!.. El señor me lo da, él me lo quita… Qué medre tu furor, nada me importa.. Puedo todo en Aquel que me conforta.. Y me resigno al duelo que me mata… Porque, roja visión en noche oscura.. Cristo va por mi vida de amargura.. agitando su túnica escarlata”.