Por: Zaira Rosas
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En toda sociedad siempre existen dominantes y dominados, una estructura de desigualdad que se ha generado desde el principio de los tiempos, donde se obedece a un figura líder, a alguien que representa conocimiento y en casos más extremos, también la salvación. Cuando el liderazgo de alguien surge en medio de carencias, miedo y control, se puede volver idolatría.
Nadie está ajeno a este fenómeno, todos tenemos formas de ser controlados, persuadidos y convencidos por alguien más, todos tenemos creencias que llevadas al extremo pueden ser dañinas. También tenemos temores que explotados pueden desencadenar todo tipo de crisis. El miedo es uno de los mejores mecanismos de control, quien puede dominar tus miedos te domina a ti, lo hemos visto a lo largo de la historia, tanto en religión como en política, pero, ¿por qué creemos tan fácilmente a todo tipo de figuras? En ocasiones es por carencias afectivas, en otros casos económicas o físicas, pero somos persuadidos gracias a las promesas de algo mejor.
Edward Bernays fue uno de los especialistas que supo manipular la opinión pública a través de las carencias, sus estrategias lograron que mujeres fumaran como acto de empoderamiento, que la sociedad eligiera a determinados candidatos, que los relojes de muñeca fueran aceptados como símbolo de hombría y mucho más. Para él la propaganda era un gobierno invisible y sus lecciones fueron incluso aprovechadas en la época del nazismo donde atrocidades humanas se cometieron bajo el seguimiento ciego a la figura del führer.
En la actualidad no estamos exentos de esa misma manipulación, quizás ahora se presenta con mayor distribución en diversas figuras, algunas en la política, otras en la religión, pero día con día surgen nuevos líderes mesiánicos a quienes la gente sigue ciegamente. En el ejercicio de su poder estas figuras se valen de los miedos de otros para atentar contra lo que amenace sus intereses, ejemplo de ello es Donald Trump, quien valiéndose de los miedos de la sociedad estadounidense representó en los migrantes todo tipo de amenazas, criminalizándoles como si los únicos responsables de todo mal fueran ellos.
Al igual que el líder del país del norte tenemos ejemplos en México en donde la división social fue la base de toda manipulación, logrando segmentar y polarizar aún más a la sociedad y buscando enemigos en lugar de construir alianzas. Las precariedades económicas de algunos son el blanco perfecto para quienes buscan controlar a grandes masas, quienes tienen dinero ven en distintas sectas religiosas la oportunidad de crear a un pueblo dócil, ignorante y que siga sin cuestionar todo tipo de decisiones.
Así surgieron infinidad de sectas en las que el enriquecimiento de sus líderes es evidente para todo ente ajeno a ellas, pero un designio divino para cualquier seguidor. En la religión nada se cuestiona, todo es mandato divino y las fallas son de humanos en búsqueda de la perfección. Dentro de estas agrupaciones atentados a libertades, la manipulación e incluso la explotación sexual, están justificadas.
Los crímenes se perdonan y olvidan, los errores poco a poco se borran y el seguimiento sin cuestionar es la norma. ¿Cómo llegamos a un punto dónde todo esto es permitido? Quizás por carencias emocionales cuando el dinero no es un problema, por carencias económicas que te hacen depender de quien sea que ofrezca un rayito de esperanza. Evitar caer en estas carencias es responsabilidad individual pero también social, somos responsables de que nuestros tejidos fracturados no generen alternativas más tóxicas.
Para los entes inmersos en una creencia es imposible ver los daños de quienes solo representan esperanza y un mejor futuro, en medio de tantas crisis y golpes dolorosos es fácil creer en cualquiera, procuremos analizar a mayor profundidad todo tipo de idolatrías y promesas. Dejemos de seguir a alguien por sus ideales y hagámoslo por acciones contundentes en dónde se comprueben las verdaderas intenciones. Veamos más allá de lo evidente.