Advierto que no he visto la película ‘Joker’ (EUA, Todd Phillips, agosto 2019), protagonizada por Joaquin Phoenix, espero tener la oportunidad de verla pronto, sin embargo, dado el revuelo levantado por su estreno entre los numerosos fans del ‘Caballero de la noche de Ciudad Gótica. Miren, yo crecí de la mano de los cuentos de historietas cómicas de súper héroes como Batman, Superman, Flash, Linterna Verde, Fantomas e inclusive del muy mexicano, por idea original, Batman. Pero la historieta de Bob Kane se cosía aparte, era especial, tenía algo que la hacía diferente a las demás, quizá porque era la única que tenía unos coprotagonistas de, quizá, igual o mayor peso que el propio personaje central, y a la par de la tira cómica de la tira cómica impresa, hubo una exitosa serie de televisión a finales de los años 60 protagonizada por un flemático y poco expresivo Adam West como Batman y Burt Ward como Robin. Pero al lado de los personajes centrales, los villanos también tenían un peso específico y su propia personalidad: el Pingüino, Acertijo, Gatubela y el Guasón (Joker). Estos eran los némesis del enmascarado alado. Pero me quiero detener específicamente en el Joker, y me refiero al de mi infancia, el protagonizado por ese tremendo histrión que en vida fue el actor cubano-norteamericano César Romero Jr. Y no quiero demeritar a ninguno de los actores que en televisión y cine han protagonizado al célebre villano, mucho menos a la de Phoenix, que dice alcanza niveles magistrales, pero Romero era un villano, malo malo, pero encantador, como que no le creías sus diabólicas maldades, como la de ningún otro malo de la tira cómica, todos tenían una magia especial, eran grandilocuentes, paródicos, histriónicos, cómicos, burlones, psicodélicos, extravagantes, en exceso expresionistas, que contrastaban con la templanza de West. Además, cada personaje era digno de un estudio sicológico, eran poliédricos, mil caras, impúdico, que el público televidente no nos creíamos. Muero por ver ‘Joker’.