Ni paz ni guerra

A lo mejor estoy equivocado, juzgue usted, yo no quiero ni paz ni guerra, lo que quiero es seguridad, que alguien me garantice mi seguridad, la de mi familia y la de usted y la de su familia, en suma, la seguridad de todos.

Lo que quiero es una seguridad pública efectiva.

Después de lo que sucedió en los límites de los estados de Sonora y Chihuahua, que no quiero repetir ni dar detalles, me declaro en luto permanente, estoy dolido por esas campanas que doblan por gente ajena pero que me duele como si doblaran por los míos o por gente cercana.

Me duele el país entero.

¡Terrible!

Yo no quiero debatir sobre el dilema de la paz o la guerra, cada quien que saque sus propias conclusiones. Solo insisto, lo que quiero es que se recupere este gran país para todos y ¡que es de todos! Que recuperemos nuestras ciudades, nuestras calles, nuestros barrios, nuestras comunidades, que nuestras casas vuelvan a ser un dique en contra de la intemperie, que se recupere la tranquilidad, que se nos devuelva la posibilidad de salir a media noche a comprar unos cigarrillos sin el menor temor.

Hasta hace tres o cuatro años, el que escribe, era un loco osado que era capaz de agarrar camino al volante de su auto a, por ejemplo, la Ciudad de México a las 8, 9 o 10 de la noche o hasta más tarde, y viajaba arbitrariamente, muy quitado de la pena, solo o con familia, porque una de las cosas que mayor placer me causa o me causaba en la vida, además de escribir, era manejar por carretera recorriendo los anchurosos caminos del país, de sur a norte, de norte a sur y de este a oeste y viceversa.

Ya no me atrevo, ni soy capaz de hacerlo.

Hoy cuando menos me pongo inquieto a si por alguna razón ineludible me veo obligado a hacerlo, con el Jesús en la boca tendría que agarrar el volante y ponerme enfrente de él. Mi fe se ha renovado pensando en la seguridad y la vida de los míos –no tanto en la propia-, y lo confieso, la sensibilidad la traigo a flor de piel. Cuando veo el país en estas condiciones poco falta para que me doble y me ponga a llorar.
El país es de nosotros los buenos, que somos los más, ojalá haya la suficiente claridad para arrebatárselo a los malos, que son los menos.

gama_300@nullhotmail.com @marcogonzalezga