Perdón, soy humano. Soy humano y nada de lo que es humano me es ajeno. Aun cuando, permítanme acotar, en realidad la frase atribuida a Publio Terenzio Africano es “Soy un hombre, nada humano me es ajeno”, pero ya sería mucho de mi parte enfatizar en mi calidad de género, por lo que mejor la dejo ahí, soy simplemente un humano, no entremos en detalles o falsas vanidades. Pero bueno, por qué digo esto, pues porque aunque principalmente tengo puestos los ojos en México, en lo que sucede en nuestro país, tampoco puedo dejar de otear al mundo, en los sucesos que suceden cada día en el orbe. Bueno, pues me he enterado en estos días que Isabel II de Inglaterra (Elizabeth Alexandra Mary, 93 años, Londres, Inglaterra, 21 de abril de 1926) y su esposo el príncipe consorte, Felipe de Edimburgo (Philip Mountbatten, 98 años, Corfú, 10 de junio de 1921) el pasado 20 de noviembre cumplieron 72 años de casados, sí, si no leyó usted bien, ¡72 años de matrimonio! ¡Carajo, qué injusto es el mundo y el destino a veces!, a unos les da más y a otros (nos) da menos. Isabel y Felipe se casaron un 20 de noviembre de 1947, fue en la histórica abadía de Westminster, en Londres, ¡hace 72 años! Perdónenme de veras si hago hincapié en estas cosas tan mundanas y frívolas, pero esto es lo que mantiene latente el pulso de este mundo nuestro tan madreado. Cuatro años después de su enlace Isabel heredó el trono de su padre Jorge VI, lleva 67 años, 9 meses y días desde que es la soberana de Inglaterra, les aseguro que mucha agua ha corrido por los puentes históricos del mundo entero. Perdón por fijarme desde la república de estas tonterías de estas instituciones tan caducas como es la realeza y por atreverme a contárselas, pero no todos los días se cumplen 72 años de casados. Es que soy un humilde humano. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.