En realidad a Óscar, en su faceta de cantante ya lo conocí de adulto. Cuando llegué a México a cursar la profesional. Allá por el 78-79. Tarde si tomamos en cuenta que este trovador traía una ya una larga carrera que databa de 1963. Desde la primera vez que lo escuché conecté con su estilo, de lo que se conocía como nuevo canto latinoamericano, un poco una cruza con la canción de protesta que pusieron en boga en EE UU gente de la talla de Bob Dylan, Joan Baez, Cat Stevens e, inclusive, Simon and Garfunkel. Quién no recuerda las maravillosas interpretaciones de Baez del tema principal de la película ‘Sacco y Vanzetti’ (‘Here’s to You’) de 1971 (Guiliano Montaldo), ‘Los sonidos del silencio’ (1964) del que fue el dueto de Simon y Garfunkel y ‘La respuesta está en el viento’ (1963) de Dylan. Los años 60 fueron definitivos para el pensamiento libertario y emancipador de los jóvenes en todo el mundo, no hay que olvidar ‘Woodstock’ (1969), que fue como un grito de ¡acá estamos! Es precisamente en esos ambientes en donde surge el Óscar Chávez, siempre congruente, coherente, comprometido social y políticamente hasta el último día de su vida. Habría que ponerlo como justo homenaje a su memoria junto a otros grandes como Luis Eduardo Aute, Víctor Manuel y Joan Manuel Serrat; el uruguayo Alfredo Zitarrosa y los argentinos Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa. Un grande indiscutible nuestro gran Óscar, que además supo trascender el tiempo, los que fuimos jóvenes antes lo vitoreamos y los de hoy también lo llegaron a amar, coreando sus canciones conmovida y rabiosamente. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.