Agustín Basilio de la Vega.

El mundo entero está estudiando y desarrollando las energías renovables para evitar, por un lado, el calentamiento global y la contaminación y, por el otro, mejorar la economía de las personas y depender menos del petróleo y el carbón.
Los resultados son sorprendentes. Alemania por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, fincó su desarrollo con base en el tratado del Acero y del Carbón firmado con Francia que dio origen a la comunidad Europea. Más tarde, en la década de los 60´s, el auge del petróleo y de la industria automotriz hizo más barato importar petróleo.
La crisis de hidrocarburos de 1973 y de 1979-80 propició que los alemanes establecieran su primer programa energético para no depender del petróleo y garantizar su seguridad energética por varios años. De 10 plantas nucleares que tenían en 1973, pasaron a tener 35. La última se construyó en 1989.
En el 2002 se reformó la ley de energía nuclear en la República Federal de Alemania para prohibir la generación de energía eléctrica a partir de la atómica y en 2011 se estableció desconectar todas las plantas nucleares en las primeras décadas del siglo XXI.
¿Cuál es el programa energético de esta potencia industrial? Las energías limpias y además renovables también llamadas energías verdes: viento, radiación del sol, movimiento del agua en cauces, la energía oceánica y los yacimientos geotérmico. Pero no sólo es eso, también han logrado que los particulares puedan, en sus propias casas y empresas, producir su propia energía eléctrica a partir de estas fuentes.
Aunado a lo anterior, Alemania, así como la mayoría de los países industrializados compiten con importantes programas y metas para generalizar en las próximas dos décadas el uso de los coches eléctricos.
México realizó la reforma energética para ponerse al día e impulsar las energías renovables e incrementar las limpias. Los principales objetivos son diversificar y descentralizar la producción de energía, blindar a México contra las fluctuaciones del precio del petróleo, garantizar el suministro de energía eléctrica, disminuir los costos y desarrollar un nuevo sector económico y sus empleos.
La reforma constitucional del 2013 implicó promulgar 7 leyes en México y reformar 8 que velan por el desarrollo sustentable, facilitan la innovación, promueven la inversión, regulan la competencia y en general hacen más eficientes a los mexicanos y aseguran precios económicos a los consumidores.
Nada podrá avanzar si el síndrome de Procusto, o la intolerancia a personas o mentalidades diferentes se fomenta desde la presidencia. Esta actitud egoísta daña a México pues el miedo y rechazo de los conocimientos y experiencia de técnicos, ingenieros o expertos, hace que se desaprovechen las capacidades y creatividad de los mexicanos.
Si con decretos, el gobierno federal desconoce las nuevas oportunidades que establecieron la constitución y sus leyes para modernizar al México en materia energética se perderá la oportunidad de frenar el cambio climático, de generar nuevos empleos con nuevas inversiones y de bajar los precios de la energía. Daremos un paso hacia atrás con respecto al resto del mundo.
Twitter @basiliodelavega 18 mayo de 2020.