“En el palacio de Alejandría, Cleopatra entra a su última noche. La última faraona. La que no fue tan bonita como dicen. La que fue mejor reina de lo que dicen. La que hablaba varias lenguas. La que deslumbró a Roma. La que desafió a Roma. La que compartió cama y poder con Julio César y Marco Antonio. Viste ahora sus más deslumbrantes ropajes y lentamente se sienta en su trono, mientras las tropas romanas avanzan contra ella. Las defensas egipcias caen. Manda a abrir la cesta de paja. Suena el cascabel. Se desliza la serpiente. Y la reina del Nilo abre su túnica y le ofrece sus pechos desnudos, brillantes de polvo de oro”. Lo escribe Eduardo Galeano en “Espejos”. Imagen de You Tube.