Nada más porque no soy Enrique Iglesias, pero de dormir bajo el cielo de Perote podría decir que es toda una experiencia religiosa. Y es que dormir a una gélida temperatura de 5ºC no es cualquier cosa. Sobre todo para un ser por el que corre sangre caliente cuyo promedio anda en los 36ºC de temperatura como el escribidor. Y es que miren que ahora que tuve que regresar a morar –y pernoctar- al espléndido valle peroteño, recordaba que, cuando niño, transitar de noche con mi padre al volante por esa ruta repleta de camioneros, se me hacía, en mi loca imaginación, el paisaje terrícola más cercano a lo que pensaba que era la superficie lunar, sobre todo cuando las noches estaban despejadas y se podía apreciar el cielo peroteño en toda su magnitud, con las montañas como reflejando la luz celeste y las extensas estepas arenosas como si fueran, insisto, un paisaje extraterrestre. Pero hoy la situación ha cambiado. El paisaje ya no es el mismo, el yermo aquel que parecía estéril que conocí hace más de 50 años ya no lo es, aunque el clima sigue siendo igual o más crudo. Hoy en día toda esta comarca dominada por el Nauhcampatépel (montaña cuadrada) que se extiende hasta los límites con el estado de Puebla se ha convertido en un emporio agrícola, minero (la roca caliza es fuente de una enorme riqueza) y de generación de energía solar de altísimo rango. Ya para terminar diré que hace muchos años me asombraban las enormes maquinarias agrícolas que recolectaban el sorgo en el estado de Tamaulipas, en el valle del Río Grande, hoy en día esas máquinas también ya son cosa común en el hermoso valle de Perote. Y sí, dormir bajo ese cielo es toda una experiencia que recomiendo mucho. Esta historia continuará. Foto de Municipio.net. Lo publica Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.