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Milenio

CÉSAR GARCÍA.

Isela Paniagua, de 29 años de edad, fue una de las decenas de personas que sobrevivieron al desplome del Metro Olivos de la Línea 12. Hoy, cuenta a MILENIO que nunca se imaginó que saldría viva tras ese accidente, pues dice que en el lugar en donde ella iba sentada, estaba a pocos metros de donde el vagón se partió y cayó sobre avenida Tláhuac.

“Me subí, pensando en llegar a mi casa, normal, ir a descansar o cenar algo, y el que al siguiente día iba volver a trabajar”, explicó.

Como ella vive cerca del mercado Mixquic, la señal de internet es muy baja y mala para hacer trabajo en casa, por lo que desde hace unos meses, visita la casa de una amiga cerca del Metro Periférico Oriente para ocupar su red y conectarse para platicar con sus clientes, pues es gerente operativa de un call center.

“Salí de la casa de mi amiga y llegue a esa estación como a las 22:00 horas. El Metro tardó en llegar, estaba atorado, por lo que decidí prender mis datos y encender mi música y redes sociales. Cinco minutos más llegó, al abordar vi una asiento y me senté para descansar.

“Tardó en avanzar y al llegar a la estación Tezonco, el señor que estaba al lado de mí se bajó, gracias a Dios, y se suben las personas que iban a dirección Tláhuac, yo seguí en el teléfono escuchando música y viendo Facebook, igual no pasaba nada; pues no pasó ni un minuto cuando se escucha el estruendo y el vagón se empieza a ir para abajo”, externó.

Tras ver que el vagón se iba de picada, Isela se agarró con toda su fuerza de un pasamanos, pues lo que menos quería “era caer al vacío”.

“Escuchaba cómo las personas pasaban sobre mis pies, venían gritando, venían cayendo. En eso siento como un hombre me agarra la pierna y quiere sostenerse de mí, pero la gravedad lo venció y se lo llevó al vacío, estaba en shock no sabía qué hacer”, recordó.

Isela tuvo la oportunidad de salir pronto gracias a la asesoría de un hombre. Le dijo que fuera deslizándose entre los pasamanos y asientos, hasta que llegó a una escalera por donde estaban evacuando a los sobrevivientes.

“Me decía un hombre que ya había salido y que regresó por un familiar que se llamaba Miguel: ‘si puedes estírate, solamente es que te estires, yo no puedo llegar a donde tú estás’. Bueno, no sé cómo le hice, me estiré, llegué a la otra parte del tubo”, expresó.

Una vez que Isela se deslizó hacia abajo, en donde estaban evacuando a los heridos, ella se sintió más tranquila, aunque desorientada.

“Fui de las primeras en salir y como los paramédicos que estaban atendiéndonos me vieron no quisieron llevarme en una ambulancia porque no lo necesitaba. Me fui a sentar a una banqueta y en eso llegó un señor y me dice ¿estás bien, necesitas una llamada? Y es ahí cuando empiezo ya a razonar y le pasó el número de una de mis tías para que se comunicara con mi mamá”, externó.

“El señor dijo que uno de sus sobrinos iba a ir por él, pues él también había estado en el accidente, pero había estado en los primeros vagones, por lo que decidió apoyar a los heridos. Me dijo que si podía acercarme a casa de mi mamá y me trajo a la curva de Tetelco y ahí vi a mi mamá y a mi hermana; empecé a llorar y le dije ‘estuve a punto de morirme’“, señaló.

Al día siguiente, fue a un médico particular para checarse, pues amaneció con todo el cuerpo adolorido y con moretones en todas sus piernas, pero nada de preocupación.