“Durante mi permanencia en Madrid, la calle de la Princesa se convirtió en la más transitada por mí y en la ruta más encantadora y querida para llegar al centro histórico de Madrid. Caminar por esa calle me proporcionaba una maravillosa sensación de independencia y libertad.. Me causaba un poco de extrañeza  que las chicas españolas se paseaban en grupo y, todas, con su cigarrillo en la mano,  se dirigían con mucha naturalidad a los transeúntes para decirnos :”¿tenéis fuego?”.  Entrar al “Corte Inglés” o a “Galerías Preciados” en el centro de Madrid era para mí un verdadero regocijo y nunca me importó distraerme  mucho tiempo viendo todas las cosas que había. Me gustaba mucho caminar por esa calle acompañado de mi cámara fotográfica”. Lo escribe Francisco J. Rebolledo en su libro “Relatos de Madrid”. Foto de Minube”.