Cuando Manuel Gómez Morín concibe la idea de fundar un partido político en 1928 las condiciones por las que atravesaba el país eran muy diferentes a 1939, año en que concretó su propósito. El integrante del grupo de “Los siete sabios” de la generación de 1915, se percibía decepcionado de su primera incursión política, tal como lo reconoce en carta a Vasconcelos del 3 de noviembre de 1928, en la que expone las dificultades que enfrenta la creación de un nuevo partido “…Hay tantas trabas y tantas dificultades y tantos intereses que se oponen a una acción de esta naturaleza, y que yo ni siquiera sospechaba, que con toda sinceridad tengo que decirle que el resultado de esta primera excursión de mi parte en el terreno político es una profunda desilusión de muchas gentes, y sobre todo, de mí mismo. Ahora sé que no valen ni la buena fe ni el alto propósito ni el grande entusiasmo para trabajar políticamente. Para ello es preciso, en primer término, ser político; tener los hábitos y los procedimientos de los políticos, y reunir una multitud de cualidades que no son las que ordinariamente sirven para que un hombre pueda solamente pensar las cosas con claridad y ejecutarlas con desinterés y con precisión técnica”.
Transcurrieron diez años, se sucedieron cuatro presidentes de la república (Portes Gil, Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez, Lázaro Cárdenas), se crearon el Partido Nacional Revolucionario (PNR), el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), la CTM, la CNC, la FETSE; se llevó a cabo la expropiación petrolera, se intensificó el reparto agrario, para que Gómez Morín considerara maduras las circunstancias y crear su partido político; así, el 16 de septiembre de 1939 en el Frontón México nació el Partido Acción Nacional, una organización impulsada por la burguesía mexicana, a cuyo frente estuvo el prestigioso abogado de destacadas luces intelectuales. El PAN nació para enfrentar los actos de Cárdenas que, según sus creadores, llevaba al país hacia el comunismo.
El Partido Acción Nacional tiene siete años más de antigüedad que el PRI (1946), la diferencia entre ambos estriba en que el tricolor es obra de la cúpula política y se incubó en pañales de seda, nació poderoso pues su “abuelo” y su “padre” ya habían estado en la presidencia de la república: el Partido Nacional Revolucionario (PNR-1929) elevó a Pascual Ortiz Rubio y a Cárdenas; el Partido de la Revolución Mexicana (PRM-1938), a Ávila Camacho (1940). El PRI surgió al firmamento político mexicano, con el lema de “Democracia y Justicia Social”, el 19 de enero de 1946 y postuló a Miguel Alemán Valdés. Sin embargo, a pesar de su novatez, el PAN ganó en 1946 sus primeros cuatro diputados al Congreso de la Unión, y en 1944 había conseguido su primera diputación local en Zamora, Michoacán, así como la alcaldía de Quiroga.
De “Humanismo Político” calificó la ideología del PAN Efraín González Luna, quien en la Convención de su partido, en 1952, expresó: “…Unánimemente repudiado, el PRI, convertido en apéndice electoral del gobierno, amparado y protegido en sus fraudes y atropellos, gozando de la impunidad que proporcionan la complicidad y el compadrazgo, realiza intolerables imposiciones de autoridades de todas las categorías”.
En 1958, el candidato presidencial del PAN fue Luis H. Álvarez quien, orgulloso, decía de su partido que era “la única institución digna de regir las banderas de la revolución”; no pudo con el ímpetu de López Mateos, quien obtuvo seis millones 769 mil votos y Álvarez, del PAN, 705 mil votos. Inconforme con el resultado, el PAN decidió no convalidar “un régimen que es ilegítimo de origen” y ordenó a sus ocho candidatos ganadores de una diputación que no la aceptaran, cuatro de ellos eligieron la Cámara, otros cuatro obedecieron a su Comité, Felipe Gómez Mont, uno de ellos.
El PAN ya sabe de lo productivo de las alianzas, así lo experimentó cuando formó Coalición Tripartita en noviembre de 1958 para derrotar al PRI en San Luis Potosí en la elección de alcaldes del 7 de diciembre. La alianza aglutinaba a panistas, comunistas y sinarquistas, se denominó Unión Cívica Potosina y postuló al Dr. Salvador Nava Martínez, quien resultó ganador con 26 319 votos contra 1 683 del candidato priísta, que era la expresión del cacique Gonzalo N. Santos.
El signo ideológico del PAN era de derecha y calificaba de comunista todo aquello que diera visos de “izquierdista”, como cuando en 1960 el presidente López Mateos declaró que su gobierno era de “extrema izquierda dentro de la Constitución” , el PAN lo calificó como un comunismo con disfraz. Signos de los tiempos porque el Congreso federal tuvo que aclarar que el gobierno era de “atinada izquierda”. Entonces, el PAN insistió en su XV Convención anual: “Ni comunismo ateo, ni capitalismo liberal.”
En las elecciones intermedias de 1967 el PAN presentó candidatos a diputados federales en el 99 por ciento de los Distritos, una señal de cuánto había avanzado pues logró una diputación de mayoría y 19 diputaciones de partido. Además ganó elecciones municipales en Hermosillo, Cumpas, San Miguel Horcasitas, Cucurpe, San Pedro de la Cueva, Bacoachi, Santa Ana y Opodec. Enseguida vino Mérida (1967) con Víctor Manuel Correa Rachó. Reclamó en 1968 victorias en Mexicali y Tijuana, pero no se los reconocieron, al igual que en seis de ocho distritos electorales, que corrieron igual suerte. (Después de la elección del 67, el PAN no volvió a ganar en Sonora sino hasta 1979: cuando se agenció cuatro alcaldías, dos diputaciones locales y una federal).
Como toda organización humana el PAN no ha escapado a crisis internas, una de ellas la sufrió en 1976 porque dos fracciones se peleaban el control del partido: Pablo Emilio Madero y Rosas Magallón, no lograron conciliar sus diferencias y optaron por quedarse al margen de la contienda presidencial, y López Portillo hizo campaña en 1976 contra molinos de viento porque los demás partidos “de oposición” se sumaron a su campaña.
Luego vinieron las elecciones en Nuevo León, con resultados discutibles para el PRI; después en Chihuahua y Ciudad Juárez cuando ambos municipios estuvieron en poder del PAN y este partido postuló en 1986 a Francisco Barrio Terraza, contando con el apoyo abierto, decidido, de la iglesia católica (los obispos de Chihuahua, Torreón, Tarahumara y Nuevo Casas Grande publicaron el exhorto “Coherencia Cristiana en la política” en abierto apoyo al PAN). La clase empresarial también se definió por Barrio, pero ni la huelga de hambre del alcalde de Chihuahua, Luis H. Álvarez, ni las protestas internacionales impidieron el triunfo del PRI en todas las diputaciones, y en alcaldías solo Casas grande la ganó el PAN, porque el resultado final fue: PAN: 227,856; PRI: 395,221; PPS: 2, 567; PDM: 578; PSUM: 4, 583; PST: 1,900; PRT: 13, 379 y PARM: 1, 886 votos.
Más cerca está las elección presidencial de 1988, cuando el PAN candidateó a Manuel Clouthier con aquel ruidoso “Barbas sí, orejas no”, “arriba Maquio, abajo Topo Gigio”, después de esa conflictiva elección surgieron las llamadas concertaciones a través de las cuales el PAN aprovechó la coyuntura y se metió hasta la cocina, de tal manera que, junto con la Iglesia, consiguieron en 1992 las reformas constitucionales largamente esperadas desde la cristiada: Reforma a los artículos 3°, sobre la educación pública y privada en México; 5°, libertad para elegir ocupación lícita; 24, libertad de culto; 27 sobre el campo y propiedad de la tierra y el 130 sobre las relaciones Estado-Iglesias. (Esas reformas fueron publicadas en el Diario Oficial el 28 de enero de 1992). En esa inercia prosiguió la reforma al artículo 82 de la Constitución General, esa que le abrió a Fox la puerta para poder ser candidato un viable.
En la vorágine reformista, se creó el IFE, se sacó al gobierno de la organización de las elecciones, el PRI perdió la mayoría en la Cámara federal de diputados en 1997 y, al fin, el PAN llegó a la presidencia de la república en el año 2000.
Tras la larga lista de confrontaciones electorales entre el PRI y el PAN, queda un gran “pero”, que vale explicarlo con la reflexión del actual presidente del PAN, Gustavo Madero, en el 75 aniversario del PAN: “cuando Francisco I. Madero logró derrocar un régimen autoritario, el de Porfirio Díaz, y tomó protesta como el primer Presidente democrático de México. Sin embargo, dijo, “cometió un gravísimo error: no desmantelar el anterior sistema porfirista, es el sistema que combatió, por el contrario, no sólo no lo desmanteló sino que enlisto a sus tropas, 15 meses después el sistema lo devora”. Madero reconoció que su partido tuvo el mismo error cuando llegó a la Presidencia en el 2000 con Vicente Fox Quesada. “No se desmanteló en estos 12 años el antiguo régimen priista que combatimos. Ni la cultura, ni el funcionamiento del sistema y del poder político y no fueron 15 meses después, sino 12 años después. Ese sistema nos devoró electoralmente en julio de 2012″. Ni más, ni menos.
alfredobielmav@nullhotmail.com sociedadtrespuntocero.com
21-septiembre-2014