No, no pegue el grito en el cielo, mucho menos el de la Independencia, sencillamente porque mejor sería gritar ¡ya basta de tanta dependencia!… económica, política, social y hasta cultural, sobre todo del país del norte. Mejor sería dar el grito de dolores –no de Dolores Hidalgo, pinches mexicanitos ignorantes- por el chinguederal de males que estamos pasando. Y hay de gritos a gritos, sin duda: dolores de libertad, de horror, de muerte, de la Llorona, de guerra, de placer, de parto, del pasado. Ahí están también los gritos de “¡putos!”, el grito de Eduard Munch o el cuerpo está pidiendo sexo a gritos… Eso ‘tá mejor.
En fin. Me entero del cacheo a los niños que asistieron al Zócalo capitalino el pasado 15 de septiembre. ¿A qué tanta precaución o temor? Denise Maerker comentó que “es el mundo del miedo que vivimos”, que desde el 2001 de las Torres Gemelas una “espiral de seguridad se desató”. Explicación hay, pero no me meteré aquí en tanto embrollo. Acérquense tantito al libro El miedo. Historia de una idea política, de Corey Robin. Dice: “Por miedo político entiendo el temor de la gente a que su bienestar colectivo resulte perjudicado –miedo al terrorismo, pánico ante el crimen, ansiedad sobre la descomposición moral-, o bien la intimidación de hombres y mujeres por el gobierno o algunos grupos”. Más adelante señala: “El miedo político también tiene amplias repercusiones: dicta políticas públicas, lleva nuevos grupos al poder y deja fuera a otros, crea leyes y las deroga”. ¿Les recuerda algo?
Quedémonos con el grito de esperanza. Aún es tiempo de recomponer el dichoso “tejido social”, aunque no le veo por donde.
No pasa nada. El periodista Enrique Galván Ochoa comenta: “La epidemia del secuestro en México se ha vuelto igualitaria, dice el periodista Joshua Partlow en una historia publicada en The Washington Post. Se refiere a que en el pasado el secuestro tenía como objetivo a la gente rica; sin embargo, actualmente las víctimas más frecuentes son comerciantes, taxistas, empleados de tiendas y hasta taqueros: el sector informal de la economía. Los objetivos también son jóvenes, estudiantes con padres que pueden pagar rescates, dice Partlow. El año pasado las cifras oficiales reportaron mil 698 plagios, el número más alto de la historia. Sin embargo, el gobierno reconoce que sólo un pequeño porcentaje de las víctimas –una de cada 10– denuncia el crimen, ya que la policía frecuentemente está involucrada. El presidente del Consejo para la Ley y los Derechos Humanos, Fernando Ruiz Canales –ex víctima de secuestro–, dice que en nuestro país ocurren 76 secuestros al día y, de acuerdo con sus estadísticas, ocurrieron 27 mil 740 sólo el año pasado”. Ahí nomás.

Los días y los temas

Escribe Lourdes Hernández Quiñones: “Contrariamente a lo que se dice, los jóvenes sí leen”. Y pa’ saber por qué lo dice, lean su libro Entre el saber y el hacer. La acción dialógica de la gestión cultural. Se los recomiendo.
Desde aquí, va de nuevo (ya hice por “wuatsap”) mi solidaridad y abrazo a Vicky Hernández por el fallecimiento de su mami. Por cierto, excelente labor que viene realizando al frente de la Coordinación de Comunicación Social del Congreso de Veracruz.

De cinismo y anexas

Georg Christoph Lichtenberg escribió: “Daría con gusto algo por saber exactamente para quién han sido realmente realizadas aquellas acciones de las cuales se proclama públicamente que han sido realizadas por la patria”.
Por lo pronto ahí se ven.