No es nada nuevo leer o escuchar reportes, estudios, documentales o artículos donde se ponga en evidencia, una y otra vez, el potencial con el que cuenta México para ser un actor principal de la economía mundial, ya sea por su ubicación geográfica privilegiada, extensión territorial, variedad de climas, extensos recursos naturales, boom demográfico, pool de talento humano, mercado atractivo para inversión extranjera directa y un sinfín más de activos con los que cuenta nuestro querido país.
Sin embargo, de poco sirven todas las bondades mencionadas anteriormente mientras siga existiendo la piedra (que ya hasta podría considerarse un monolito) en el zapato que históricamente ha frenado el avance y el progreso de la sociedad mexicana en su conjunto; la corrupción.
México es percibido como el país más corrupto de los integrantes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (agrupa a 34 países miembros y su misión es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo) y se estima que tardaremos alrededor de 40 años en dejar el preocupante último lugar.
Además, la ONG Transparencia Internacional, a través de su reconocido estudio “Índice de Percepción de Corrupción 2014”, reprueba a México con una calificación de 35/100 que lo ubica en el lugar 103 de 175 países, a la par de naciones como China, Bolivia y Argelia.
Este tipo de estudios no alcanzan a reflejar la verdadera magnitud y el problema de fondo que representa la corrupción en nuestro país, donde se ha convertido ya en una norma social aceptable y común en el día a día de la sociedad mexicana.
Como muestra, con información del Barómetro Global de la Corrupción (encuesta aplicada a nivel mundial para medir la percepción de la corrupción) en la siguiente tabla se pone en evidencia el porcentaje de percepción de la corrupción en instituciones de gobierno en México, Brasil, Chile y Dinamarca.
MÉXICO BRASIL CHILE DINAMARCA
PARTIDOS POLÍTICOS 91% 81% 76% 30%
PODER LEGISLATIVO 83% 72% 68% 18%
PODER JUDICIAL 80% 50% 67% 5%
POLICÍA 90% 72% 53% 9%

Los datos son duros y claros, la corrupción es y quizás siempre ha sido el problema principal que frena el desarrollo y el progreso de México, todos lo sabemos, todos lo vivimos y lo hemos padecido de manera directa o indirectamente en nuestras vidas, se ha vuelto un fenómeno tan común que ya forma parte de nuestra cultura.
¿Es posible erradicarla? Esa es la pregunta clave, el presidente Enrique Peña Nieto anunció en febrero de este año ocho acciones para prevenir la corrupción, pero las organizaciones especializadas, los académicos y los intelectuales coinciden; las medidas son insuficientes, incongruentes y no van acompañadas de cambios en la Ley de Administración Pública Federal y mucho menos en la aplicación de la misma en materia de transparencia y sanción.
Para concluir voy a enlistar las recomendaciones específicas para México que emite Transparencia Internacional, le dejo a usted, apreciable lector, la responsabilidad de hacer un análisis acerca de su viabilidad y aplicación a la realidad mexicana:
• Poner un fin a la impunidad por actos de corrupción en todos los niveles.
• Hacer transparente y público el financiamiento a partidos políticos.
• Atacar la desigualdad a través de la transparencia.
• Crear registros públicos de los verdaderos dueños de las empresas privadas para evitar con ello el fraude y el lavado de dinero.
Una tarea titánica, más no imposible, reducir el monolito a una piedra en el zapato.
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