Se puede estar o no de acuerdo con las ideas y actitudes de Andrés López Obrador, pero no se le puede negar su constancia y dedicación, que exige un gran esfuerzo y energía, para mantenerse como candidato a la Presidencia de la República. Ha perdido en dos ocasiones, el 2006 y el 2012, y no se da por vencido. Ahí sigue. Otros políticos hubieran abandonado la contienda.

Para asegurar su tercera participación como candidato a la Presidencia, creó el Movimiento de Renovación Nacional (Morena), partido de su propiedad, que la semana pasada lo nombró presidente nacional. Él ya tenía el control total de la dirección, donde no se respeta la equidad de género, las mujeres están marginadas, pero el cargo le permite moverse en el territorio, pero sobre todo tener acceso a los medios sin que se le reclame que está violando la ley electoral.

Es una buena maniobra política de cara a la elección del 2018. En Morena todos saben que el presidente de su partido es el candidato a la Presidencia de la República. López Obrador toma ventaja sobre los candidatos de los demás partidos, que se van a conocer hasta inicios del 2018, faltan todavía dos años. Así, a esa contienda va a llegar después de 15 años de ser candidato.

El nuevo cargo a dos años antes de la elección, en el marco de la ley electoral, le va garantizar acumular millones de spots de radio y televisión con su imagen. En todas las encuestas López Obrador, producto de su habilidad mediática y de su presencia permanente, tiene niveles de recordación superiores a 90 por ciento. La nueva exposición le va permitir crecer todavía más y también fijar ciertas ideas en la ciudadanía.

En algunas encuestas, si hoy fuera la elección, todavía sin conocerse los candidatos de los otros partidos, López Obrador ganaría la presidencia en el 2018. Es evidente que el resultado está distorsionado porque no se conocen los contendientes de las otras fuerzas políticas, pero vale como un indicador del nivel de conocimiento que tiene el presidente de Morena y de la simpatía que despierta en ciertos sectores del electorado.

La estrategia que ahora adopta López Obrador revela a un político hábil, que sabe manejarse en el marco que establece la ley electoral y le saca todas las ventajas posibles. Muestra también a un político que conoce el valor que tiene la comunicación masiva, para el caso la propaganda política, y la usa al máximo. En razón de su propósito es una muy eficaz manera de gastar los recursos públicos a los que legalmente tiene acceso Morena.

En los próximos meses vamos a ver la imagen de López Obrador en la televisión y escucharlo por la radio con una frecuencia semejante o cercana a como si ya estuviera en tiempo de campaña. No tengo dudas de que crecerá la recordación de López Obrador en los electores. En la campaña del 2006 y el 2012 ya gozaba de esta ventaja, pero no se hizo de la victoria. En el 2018, ¿será diferente o se repetirá la historia anterior?