Por Ramón Durón Ruíz (†)

Los viejos de mi pueblo, sabios por naturaleza propia, han enseñado a este viejo campesino que el ser humano se mueve en una trinidad de mente, cuerpo y espíritu, cuando estos están armonizados se alinean para recibir todos los dones que el universo tiene asignado a cada uno de nosotros.
Cuando buscas la felicidad, la alegría, el amor, el ánimo, el entusiasmo y una actitud mental positiva fuera de ti, sólo te encuentras con la nada, porque estos dones de vida deben nacer de lo más íntimo de tu ser.
Que sabiduría encierran las abuelas, que jamás pierden la capacidad de maravillarse con el milagro de la vida y que nos dicen que el secreto de la felicidad es estar reconciliado contigo mismo, -con tu pasado y tu presente- tener la sensibilidad de amar tu cuerpo, que será el fiel compañero durante toda tu existencia y aprender a respetar tu vida.
Nos enseñan a tener la humildad de perdonar las afrentas, -las viejas y las nuevas- no buscar la perfección propia… ni la ajena, ser perseverante, no dejar de luchar para crecer, ser agradecido con la vida y con nuestro padre Dios.
Nos enseñan a omitir, no a perder el tiempo en lamentaciones, chismes, críticas y preocupaciones, que sólo debilitan tus potencialidades, más bien ocuparte de vivir el milagro del HOY a plenitud, recordando que quienes sufren en la ansiedad viven en el mañana, quienes se enferman por el odio, viven en el pasado y sólo los triunfadores tiene la inteligencia de vivir la plenitud del HOY.
Cuántas veces desvigorizas tu ser con conflictos ficticios, comparándote con otros, jugando con los problemas del pasado, imaginariamente construyendo otros para el futuro, en vez de vivir el HOY con el mayor entusiasmo, con toda la energía y con un estado mental propositivo.
Sólo a ti corresponde elegir qué día construirás HOY, escoger entre vivir en el odio o en el perdón, el resentimiento o la felicidad, el fracaso o el éxito; nadie puede hacer tu tarea, progresaras en la medida en que entiendas que Dios no te tiene en la tierra para fracasar.
Los viejos nos enseñan a fluir con la corriente de la vida, con la vitalidad del amor, ese don que es tan fuerte que en la misma intensidad en que das, recibes y además sanas, porque no existe en el cosmos medicina más fuerte que la que nace de la elevada frecuencia que genera el amor.
Que sabiduría tenía San Agustín cuando afirmaba: “Ama y haz lo que quieras, si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”.
El secreto de la vida es saber tomar a tiempo la esencia que tiene para ti tomar:
“Del panal… un poquito de miel,
Del mar… un poquito de sal,
De la vida… un toque de optimismo,
De la imaginación… sueños,
Del dolor… raíces fuertes,
Y de la fe… solidez de roca”
Lo anterior me recuerda la ocasión aquella en la que el Solovino había asistido a la toma de protesta de su candidato, como el evento lo ameritaba se fueron a celebrar, ingiriendo una alta dosis de bebidas “espirituosas”, por la noche ya “a medias aguas” llegó a su casa, su mujer se encontraba plácidamente dormida en sus aposentos, éste se empezó a desvestir, se acercó a ella susurrándole suave y apasionadamente al oído:
–– Vieja, ¡estoy sin calzoncillos!
Ésta se limitó a contestar:
–– Déjame dormir ‘abrón… ¡MAÑANA TE LAVO UNOS!
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