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El Economista

Es necesario que durante la jornada laboral, se tome una pausa y se utilicen técnicas de relajación. Foto: Shutterstock.

Por Patricia Ortega.

La población requiere transformar actitudes, acciones y enfoques para promover y proteger el bienestar emocional y psicosocial.

La salud mental es mucho más que la ausencia de enfermedad: es una parte intrínseca de nuestra salud y bienestar individuales y colectivos, así lo consideró Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“A medida que el mundo vive con los efectos de largo alcance de la pandemia de Covid-19 y aprende de ellos, todos debemos reflexionar sobre uno de sus aspectos más llamativos: el enorme costo que ha supuesto para la salud mental de las personas. Las tasas de trastornos que ya son comunes, como la depresión y la ansiedad, aumentaron un 25% durante el primer año de la pandemia, sumándose a los casi 1,000 millones de personas que ya sufren algún trastorno mental. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de la fragilidad de los sistemas de salud que intentan atender las necesidades de las personas con trastornos mentales, bien sean de reciente aparición o preexistentes”.

Planes de acción

En el Informe Mundial sobre Salud Mental desarrollado por la OMS se considera que para alcanzar los objetivos mundiales establecidos en el Plan de acción integral sobre salud mental 2013–2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) debemos transformar nuestras actitudes, acciones y enfoques para promover y proteger la salud mental, así como para proporcionar cuidados y atención a quienes lo necesitan.

Ghebreyesus insistió en que se deben transformar los entornos que influyen en nuestra salud mental y se requiere desarrollar servicios de salud mental de base comunitaria capaces de lograr la cobertura universal de salud para la salud mental.

Consecuencias económicas
En todos los países, los trastornos mentales son muy frecuentes. Aproximadamente una de cada ocho personas en el mundo sufre algún trastorno mental. La prevalencia de los distintos trastornos mentales varía en función del sexo y la edad. Los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos son los más comunes, tanto en hombres como en mujeres.

En general, las consecuencias económicas de los trastornos mentales son enormes. Las pérdidas de productividad y otros costos indirectos para la sociedad suelen superar con creces los costos de la atención de salud.

Al igual que las escuelas, los lugares de trabajo pueden ser lugares de oportunidades o de riesgo para la salud mental. La responsabilidad de crear más oportunidades de trabajo para las personas con trastornos mentales y de promover y proteger la salud mental de todos los trabajadores incumbe a los empleadores y a los gobiernos.

En el caso de los gobiernos, esto significa aplicar una legislación y una reglamentación de apoyo en materia de derechos humanos, trabajo y salud ocupacional.

En el caso de los empleadores, las directrices de la OMS destacan la importancia de las intervenciones institucionales, la capacitación de los administradores en materia de salud mental y las intervenciones destinadas a los trabajadores.

Según la American Psycological Association, determinadas experiencias, pensamientos y sentimientos indican la presencia de una diversidad de problemas de salud mental o la necesidad de recibir ayuda. Es importante reconocer las siguientes señales:

1) Encontrar poco o ningún placer en la vida.
2) Sentirse inútil o sumamente culpable.
3) Llorar mucho sin ningún motivo en particular.
4) Aislarse de otras personas.
5) Experimentar ansiedad grave, pánico o miedo.
6) Tener grandes cambios en el estado de ánimo.
7) Experimentar un cambio en los patrones de alimentación o sueño.
8) Tener muy poca energía.
9) Perder el interés en los pasatiempos y las actividades placenteras.
10) Tener demasiada energía, tener problemas para concentrarse o continuar con planes trazados.
11) Irritarse o enojarse con facilidad.
12) Experimentar un ritmo acelerado de pensamientos o agitación.
13) Escuchar voces o ver imágenes que otras personas no experimentan.
14) Creer que los demás se confabulan contra usted.
15) Querer hacerse daño o querer hacérselo a otra persona.
patricia.ortega@nulleleconomista.mx