No sé hasta dónde vaya a llegar el nuevo Reglamento de Tránsito y Seguridad Vial, pero desde que la Mujer me lo empezó a leer, concluimos en una cosa: la realidad socio-económica de un alto porcentaje de nuestra sociedad contrasta con la coerción en algunos (si no en muchos) artículos de esta disposición.

II

Por ejemplo: Me encuentro a una pareja que decidió cambiar de domicilio. Deja Jardines de Xalapa y se pasó a vivir cerca de Humanidades. ¿Por qué? Porque al mes, calcularon, gastaban cerca de un mil 500 pesos tan sólo en transporte público. Están pensando seriamente en comprar un carro y regresar a Jardines de Xalapa. Pero el “comprar un carro” es un plan, un sueño, un proyecto a largo plazo… con el nuevo reglamento de Tránsito, consideran que de “necesidad”, pasa a ser un lujo el “tener” un carro.

Otro ejemplo: De seguro ha de haber visto alguna vez a una familia motorizada. Sí, en una moto, padre, madre, y hasta dos hijos. Es también probable que juzguemos la temeridad de estos padres al poner en riesgo a sus vástagos al llevarlos sin casco y amontonados. Pero del otro lado, del lado del padre, de seguro vemos a un señor satisfecho por llevar a sus hijos a la escuela, saber que llegan temprano y sobre todo, cumple una necesidad en su familia y es probable que ante los ojos de sus hijos y de su esposa, le reconozcan el esfuerzo. Además, esta familia se está ahorrando unos mil pesos al mes porque gastaría un poco más en caso de usar transporte de servicio urbano o taxi. Al hacer uso de la moto, gasta unos 200 o trescientos pesos al mes en gasolina.

Aplicarle el reglamento a este padre de familia simplemente destrozaría su economía…

III

En sí, podría decir que estoy de acuerdo con la mayoría de las disposiciones que hay en este reglamento y apuesto que en algunas les falta ser más explícitos en sus artículos, como el que dice que el peatón debe de traer una identificación. Creo que lo que se pretende con ello, es que en caso de accidente y esté imposibilitado en dar sus generales, la identificación podría de ser de mucha ayuda. Trato de entender el reglamento. Si omito una intención recaudatoria, pensaría que se pretende a través del “castigo”, “educar” a nuestros conductores y hasta peatones. Seamos francos. Si usted conduce, le apuesto que al menos una vez al día se ha de encontrar a un “pendejo” “hijo de la chingada” que no sabe manejar; o si usted camina, ha de toparse con varios “ojetes” que no le permiten pasar al otro lado de la calle porque la ciudad ya está hecha para los carros, no para el peatón. Sí, se pudiera decir que el reglamento sería perfecto si estuviera acorde con nuestra realidad socio-económica; mientras, no deja de ser una aberración que lejos de crear conciencia vial, genera miedo.

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