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Excélsior

menos 80 personas murieron el sábado y 231 resultaron heridas por la explosión de artefactos durante una marcha de protesta en la capital afgana, Kabul, informaron funcionarios del Ministerio de Salud. El grupo Estado Islámico se atribuyó la autoría del atentado durante la marcha de la empobrecida comunidad hazara.

Según un comunicado publicado en la agencia de noticias en línea Aamaq, vinculada con el grupo extremista, dos milicianos detonaron sus chalecos explosivos en medio de las multitudes de manifestantes de la minoría hazara.

El doctor Waíd Majroeh, director de relaciones internacionales del Ministerio de Salud Pública, reveló las cifras de víctimas el sábado.

Con su protesta, los manifestantes reclamaban que se modificara un proyecto de tendido eléctrico para incluir a su empobrecida provincia natal. El anterior gobierno afgano modificó esa ruta en 2013. Los líderes de la protesta afirmaron que ese cambio demuestra los prejuicios contra su comunidad, que supone hasta el 15% de los 30 millones de habitantes del país.

Era la segunda marcha que se organizaba contra los planes actuales de tender una línea eléctrica regional, un proyecto de varios millones de dólares. La última protesta, en mayo, reunió a decenas de miles de personas.

La llamada línea TUTAP cuenta con el apoyo del Banco Asiático de Desarrollo, con participación de Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Afganistán y Pakistán. El plan original trazaba la línea a través de la provincia de Bamiyan, en las tierras altas centrales, donde vive la mayoría de los hazara. Bamiyan está sumido en la pobreza, aunque es mayoritariamente pacífico y tiene potencial como destino turístico.

Los hazara son en su mayoría musulmanes chiíes y se les considera el grupo étnico más pobre del país. A menudo se quejan de discriminación.

El grupo Estado Islámico ve a todos los chiíes como apóstatas. Poco antes de la declaración del Estado Islámico, el portavoz de los talibanes envió un correo electrónico negando cualquier implicación de los talibanes en la explosión.

Ramin Anwari, testigo en el lugar, dijo que había visto hasta ocho cuerpos en la zona de Demazang, donde los manifestantes se preparaban para acampar tras una marcha de cuatro horas.

Una de las organizadoras de la protesta, Laila Mohamadi, dijo haber llegado al lugar poco después de la explosión y que había visto «muchas personas muertas y heridas».

La policía había pasado la noche moviendo camiones y contenedores a la ciudad para cortar carreteras e impedir que los manifestantes llegaran al centro de la ciudad o al palacio presidencial. Tiendas y otros negocios se vieron obligados a cerrar, y el movimiento en la ciudad de 4,5 millones de personas quedó restringido seriamente.

Los manifestantes del sábado —muchos menos que en mayo— habían avanzado a pie o en bicicleta por su ruta en los barrios del oeste de la ciudad, de mayoría hazara. Coreaban lemas contra el presidente, Ashraf Ghani, y el director ejecutivo del país, Abdula Abdula, exclamando «Muerte a la discriminación» o «Todos los afganos son iguales».

Afganistán sufre un grave desabastecimiento de electricidad, y menos del 40% de la población está conectado a la red nacional, según el Banco Mundial. Casi el 75% de su electricidad es importada.