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Alto Nivel

Las penurias de nuestra economía continuaron en 2016, a pesar de las múltiples, pero huecas promesas oficiales de una transformación estructural del aparato productivo. La evolución de las principales variables económicas se ubicó, en general, alrededor del límite inferior de los intervalos que previmos al cierre de 2015 y no hay indicios de que puedan salir de ese marasmo para ese 2017.

Empeora el panorama

Por un lado, el entorno internacional amenaza con ser todavía más adverso para nuestro país, con la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los precios bajos del petróleo, la salida de capitales y la depreciación del peso.

En particular, la incertidumbre respecto de la forma y momento en que buscará el próximo mandatario estadounidense cumplir sus promesas de campaña en relación con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la inmigración y el muro abre múltiples escenarios negativos para México.

Las previsiones que presento, suponen que las medidas específicas que adoptará el gobierno de Donald Trump en cada uno de esos temas coyunturales serán menos extremosas y nocivas que las planteadas para ganar votos y simpatizantes, particularmente en el terreno comercial y que no tendrán importantes efectos adversos inmediatos sobre la actividad económica no financiera.

Sin embargo, debemos tener presente que entre más extremas las medidas, más negativo será el panorama para nuestra nación. Por otro lado, las políticas públicas de nuestro gobierno han dejado mucho que desear, sobre todo en el terreno de la seguridad, la corrupción y del ejercicio del gasto público. No extraña, por tanto, que estemos muy lejos de lograr las metas que, con las supuestas reformas estructurales, estaríamos obteniendo para esta época.

Hay mucha incertidumbre en el entorno interno y externo, particularmente la gran incógnita de la presidencia estadounidense en manos de Trump.

Las dudas en ese sentido se irán despejando en los meses siguientes, y llevarán seguramente a una revisión de las previsiones por parte del gobierno, que describo en este artículo, que por ahora deben considerarse como un primer intento de evaluar las repercusiones de las políticas del próximo presidente de EU sobre nuestra economía, en temas como la migración y el libre comercio.

Esta coyuntura permite destacar, además, la urgencia de corregir nuestro fuerte desequilibrio fiscal para no exacerbar las de por sí grandes amenazas que se ciernen sobre la economía mexicana.

Trump, China, Brexit y petróleo

El entorno externo es hoy mucho más complicado y retador que de hace apenas un mes. El triunfo de Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos nos lleva a especular —mientras conocemos cada uno de los detalles de las medidas que pudiera aplicar su gobierno para cumplir sus promesas de campaña— sobre las repercusiones de ese resultado electoral en el devenir económico de nuestro país para el siguiente año. Para donde se voltee, las noticias son bastante malas.

El 20 de enero tomará posesión Trump y, a partir de entonces, conoceremos con más detalle las acciones que piensa aplicar. Algunas de esas medidas quizá beneficien a su economía más adelante, como es el mayor gasto en defensa e infraestructura, así como la disminución de impuestos. Esto pudiera aumentar el crecimiento de esa nación, lo que en condiciones normales es bueno para nuestro país.

El problema es que para beneficiarnos de ello necesitamos del libre comercio, y todavía no se conoce lo que el futuro presidente norteamericano hará con el TLCAN, como también desconocemos qué acciones tomará en cuanto a la construcción del muro en la frontera y el trato a los indocumentados.

Otra gran incógnita es su actuación en el terreno geopolítico, donde destacan sus declaraciones en contra del acuerdo de Estados Unidos con Irán, el papel de otros países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y las relaciones comerciales con China.

Sin duda, esos temas se irán ventilando en el transcurso del siguiente año y, dependiendo de la forma en que se aborden, serán sus repercusiones económicas.

Los problemas de nuestro entorno externo no se limitan al presidente electo de EU. En el primer trimestre arrancará formalmente el proceso de salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, mejor conocido como Brexit, que se prolongará hasta por dos años, tiempo límite para concretarlo. En el proceso pudieran presentarse algunos trastornos financieros y económicos en Europa, que con seguridad afectarán los mercados financieros globales y, con ello, presionar adicionalmente al nuestro. No obstante, considero que los daños por este factor para nuestra economía, de presentarse, serían muy leves y transitorios.

La economía de China, el gigante asiático, seguirá acaparando la atención de los mercados financieros el próximo año, no solo por la postura proteccionista de Trump y el hecho de que ahora se espera crezca tan solo alrededor del 6%, sino también por la acumulación de diversos desequilibrios financieros vinculados al sector hipotecario y bancario, que pudieran llevar a una crisis financiera muy severa.

El mercado petrolero es otro factor de preocupación para nuestra nación. Salvo por un trastorno geopolítico mayúsculo, el precio del hidrocarburo (West Texas Intermediate) oscilará entre 40 y 60 dólares por barril (dpb) en 2017, dependiendo del enfrentamiento entre, por un lado, la decisión de la OPEP (Organización de los Países Exportadores de Petróleo) y otros países de reducir su nivel de producción y, por el otro, la oferta de los productores con fracturación hidráulica en Estados Unidos.

Ese intervalo de precios, sin duda algo mejor al del año en curso, seguirá lesionando gravemente los ingresos públicos en México, que por el menor volumen exportado, muy probablemente serán inferiores a los de 2016. Sin embargo, el problema para nuestro país no únicamente se limita a esos menores ingresos, sino también a la falta de respuesta de las inversiones privadas considerables en el sector energético.

Los tiempos de la reforma energética han probado ser mucho más lentos que lo planteado originalmente por el gobierno mexicano. Han existido algunos avances en electricidad, pero todavía no se materializa la participación de las grandes petroleras internacionales ni tampoco se han comprometido fechas y montos significativos de inversión en la producción de hidrocarburos. Y en las condiciones actuales, dudo mucho que suceda en el siguiente año.

Considero que la Reserva Federal (Fed) continuará con un proceso paulatino de alzas en la tasa de los fondos federales, con mayor fuerza si Trump reduce impuestos y aumenta el gasto público para incentivar su economía. Por tanto, es posible que esa tasa se ubique por encima del 1.25% a fines de 2017, y siga subiendo varios años más para estabilizarse por encima del 3%.

Para nosotros esas son malas noticias. El alza de tasas allá llevará a aumentos adicionales a los experimentados hasta ahora en las tasas de interés en México, lo que elevará los gastos financieros de las empresas y el gobierno. Este último enfrentará, además, un ambiente mucho menos propicio para continuar, como plantea en Criterios, con un déficit en las finanzas públicas, que en los últimos años fue financiado, en su mayoría, por capital externo, que ahora busca destinos más seguros de inversión.