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Veinte años después que Trainspotting metió al público en las profundidades del seductor y perturbador mundo de un grupo de jóvenes escoceses adictos a la heroína y amantes de Iggy Pop, el director Danny Boyle se pone a reflexionar.

Desde el éxito masivo de su segundo largometraje, Boyle ha ganado un Oscar, ha dirigido la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres y ha dejado en claro que no le gusta repetirse.

Pero Trainspotting era diferente. No solo lanzó su carrera; también impulsó las de sus actores Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner y Robert Carlyle. Y dos décadas después, el autor Irvine Welsh, el guionista John Hodge y Boyle sabían que tenían algo tangible con lo que trabajar: la mortalidad.

Boyle explicó lo que fue reunir a su banda y cómo T2 es aún más personal que la primera.

– ¿Por qué hacer una secuela ahora?

Trainspotting fue un gran éxito, pero entonces no se hablaba de hacer una continuación. No sé si el negocio era un poco más inocente, porque ahora cuando tienes un éxito todo el mundo te dice: «¿Puedes hacer otra, quizás ubicada en Amsterdam?».

Irvine (Welsh) escribió un libro siete años después de la película. Lo miramos y tratamos de adaptarlo, pero no nos fue muy bien. Y entonces los 20 años se presentaron en el horizonte como una posible última oportunidad por ser un aniversario y nos juntamos, y algo más personal emergió.

– ¿Por qué más personal?

– Es una película mucho más personal que la primera, porque trata sobre envejecer y hombres que maduran. Cuando uno está en sus 20, no piensa en las consecuencias, es temerario. Ellos llegan a los 40 y tantos y tienen que reparar lo que han hecho y darse cuenta de que al tiempo no le importa ellos.

– Sick Boy (Miller) incluso mantiene el cabello decolorado.

– Ese fui yo. Jonny quería rasurarse la cabeza. Yo dije: «Literalmente no puedo hacer la película a menos que Sick Boy tenga el mismo cabello». Es una destilación de por qué los hombres son tan malos con esto de envejecer. Hacen lo que sea. Las mujeres se vuelven tan críticas en torno a la edad y el paso del tiempo, pero ellas envejecen con mucha más sensibilidad que los hombres. Ellas entienden. Los hombres lo ignoran. Tengo 25. ¡Todavía soy atractivo!.

– ¿Fue difícil reunir a los actores originales?

– No, y lo supe tan pronto tuvimos el guión. Se los mandé directamente y sabía que lo harían. Les dije: «Miren, vamos hacerlo como lo hicimos en la primera película. Les pagaré a todos lo mismo. No quiero agentes ni mánagers involucrados en ninguna discusión. Ustedes regresan y hacen esto porque la original hizo tanto por todos nosotros a nivel individual y se lo debemos a la ciudad, a Edimburgo, donde la historia se originó, y de todos modos no van a recibir un mejor guión que este en sus carreras». Todos aceptaron.

– ¿Qué aprendiste de tu carrera con tu regreso a ‘Trainspotting’?

– Tengo la filosofía de que siempre hay que tratar de hacer algo diferente, lo que resulta obstinadamente complicado y deliberado. No estoy seguro qué tan natural sea, pero eso es lo que yo hago. Trato de hacer algo diferente, con un tono diferente y de un tema completamente diferente.

Pero aquí tienes algo a lo que tienes que referirte. Y se cruza con esta otra obsesión que tengo, y creo que la tendencia a tratar de hacer algo diferente es un producto de esto: Pienso que tu primera película siempre es tu mejor película. Y veo a otros directores y pienso que nunca volverán a ser así de buenos de nuevo. Uno no tiene todas las habilidades. Es un medio muy ingenioso y técnico, el del cine, y una vez que uno tiene esas habilidades se convierte en un técnico. Cuando no las tiene eres solo un errante. Y puede salirte terriblemente mal, pero si tienes suerte y funciona, es mágico.

– Por último, ¿por qué ‘T2’?

– Cuando empezamos, todo el mundo dijo: «Se va a llamar ‘Trainspotting 2»’. Y yo dije: «No, esta es una película en sí misma, no quiero que simplemente decidan que es una secuela. Ni siquiera vamos a tener ‘Trainspotting’ en el título». Tenías que verlos diciendo: «¿Cómo … vamos a vender eso?».

El título original era un título terrible. Se llamaba The Least Unfamiliar (Lo menos desconocido). Uno quiere que la película tenga su propia identidad, y por eso quiere alejarla totalmente de la primera, si puede. Uno no quiere estar encadenado al primer filme, aún cuando lo está. Uno sabe que va a tener que ceder eventualmente y en algún momento lo hicimos.

Dije: «Bueno, si le preguntan a estos personajes cómo le pondrían a su secuela, la llamarían ‘T2’ porque su secuela favorita es ‘Terminator 2’ y ellos son el tipo de personas a las que les encantaría honrar a James Cameron y sacarlo de quicio al mismo tiempo. Así que la llamamos «T2». Y ellos agregaron «Trainspotting», claro, porque podían.