CONMEMORANDO LOS 90 AÑOS DE AUTONOMÍA DE LA UNAM. (II)

Luis Garrido.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

Una vez consolidada la Autonomía de la UNAM, continuó la etapa de mejorar los fines y objetivos de la Universidad. Los conflictos sociales siempre se han caracterizado por defender posiciones radicales y en el caso de los programas y diseños universitarios no fue la excepción, porque hubo planteamientos drásticos que proponían sólo una Universidad técnica, científica, útil, práctica, y por otra parte estaba la propuesta de la Universidad humanista, filosófica, artística, la realidad nos enseña que no tendríamos que discutir cual es el camino a seguir, esto implica reconocer que necesitamos ciencia y técnica, pero al mismo tiempo el hombre es pensamiento, reflexión, valores, lo antes señalado lo podemos meditar de manera profunda en el libro: “Palabras universitarias” del Jurista y Filósofo mexicano Luis Garrido.

Luis Garrido fue Rector de la UNAM de 1948 a 1953, en este periodo se fundó lo que hoy es la Facultad de Ciencias Políticas, Garrido fue un hombre de letras, conocedor del campo del derecho y de muchas literaturas, en 1956 se convirtió en miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, su obra publicada es amplísima la cual incluye ensayos, biografías, crónicas de viajes, de lecturas, con Luis Garrido podemos viajar a París, a la clásica e histórica ciudad de Venecia, conocer el pensamiento de Alfonso Reyes, la vida del Maestro Antonio Caso, y en esta ocasión en el libro: “Palabras universitarias”, conoceremos parte del pensamiento de Luis Garrido sobre el papel transformador de la educación universitaria.

La obra se integra por los discursos y mensajes que impartió el Maestro Garrido siendo Rector de la UNAM, el libro contiene veinticinco discursos, uno de los discursos que más me atrapó por su enorme vigencia e importancia se titula: “El poder de la Educación”. Partiendo que las universidades públicas se conducen con plena Autonomía, es decir, diseñan sus programas sin la intervención de líneas ideológicas o dogmáticas, se presupone que existe una verdadera libertad de cátedra, bajo estas deseadas características valdría la pena preguntarnos: ¿Qué tipo de profesionistas estamos formando? ¿Creemos que el conocimiento práctico y útil es lo más importante o debemos complementarlo con la enseñanza de la ética, valores y principios universales?

Es indudable que vivimos una etapa de grandes progresos científicos y tecnológicos, pero al mismo tiempo el hombre moderno vive en un tremendo vacío y crisis existencial, y si bien no estamos inmersos en una guerra mundial, el valor de la vida se ha rebajado a un nivel indigno de nuestra naturaleza, esto se comprueba con la barbarie diaria de los crímenes, la corrupción, la intolerancia, la ignorancia, parecería que lo más valioso es obtener a como dé lugar los bienes materiales sin importar los espirituales, en fin, todo esto podría llevarnos a preguntarnos si deberíamos reajustar y rediseñar nuestros proyectos y programas educativos, porque es indiscutible que la Universidad es el camino donde los jóvenes pueden educarse profesional y humanísticamente, sobre lo aquí reflexionado el Maestro Garrido escribió en su discurso:

Max Scheller con visión profética ha escrito: “En ningún otro periodo del conocimiento humano, el hombre se hizo tan problemático para sí mismo como en nuestros días. No poseemos, por consiguiente, una idea clara y consistente del hombre. La multiplicidad siempre  creciente de ciencias ocupadas en el estudio del hombre, ha contribuido más a enturbiar y oscurecer nuestro concepto del hombre que a esclarecerlo.

La incertidumbre que priva en nuestra época puede ser ventajosamente combatida por las universidades, vigorizando el espíritu de retorno al hombre, considerado en sus valores fundamentales, entre los cuales la libertad ocupa un lugar preferente. El mundo mecanizado de nuestros días, con su vida absorbente y sus desajustes económicos, conforman la existencia del hombre, alejándolo de toda preocupación para esclarecer su posición espiritual en el mundo.

Partiendo de la universalidad de la condición humana están las universidades en aptitud de trabajar por los valores más altos de la civilización: la vida, la libertad y la dignidad. Hay que afirmar los derechos del hombre si queremos que el mundo se salve de una catástrofe de proporciones apocalípticas. El amago de la injusticia, el odio y la violencia sólo pueden llevarnos a una patética miseria y a una cruel tiranía.

Uno de los supremos deberes que nos reclaman, es retornar la fe en el poder de la educación y quien dice educación, afirma su confianza como factor de transformación moral, para contener en las nuevas generaciones las pasiones que han engendrado la guerra y que distancian la realidad de los ideales de paz, de bondad y de fraternidad.”

Por lo anteriormente deliberado creo firmemente que la función concreta del profesor- formador en el aula es fundamental, tenemos una gran responsabilidad social en tratar de incidir y contribuir en la formación de profesionistas honestos, humanos, sensibles, responsables, éticos, no importa la profesión a la que se vayan a dedicar, siempre he pregonado y afirmado que un ser humano que lea a un clásico como El Quijote, Hamlet, o si retornamos al mundo griego y leemos algunos diálogos como Lysis o de la amistad, Fedro o del amor, El Banquete o de la Erótica, algo en su ser cambiará, nunca más será el mismo, y un estado de consciencia mayor se apoderará de él y si bien no resolverá por completo los problemas existenciales que les plantea este mundo, por lo menos tendrá el valor razonado y equilibrado de enfrentarlos y orteguianamente salvarlos, porque ya ha llegado a la esencia de su ser la poderosa y transformadora herramienta de la educación…

 

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