LAS OLIMPIADAS LITERARIAS (IV).

Aproximaciones a Yamato.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

La relación literaria entre México y Japón tuvo un fuerte desarrollo en los primeros años del siglo XX, importantes escritores que vivieron en Japón ya sea por ser funcionarios diplomáticos del Estado mexicano o por pura atracción de la cultura nipona empezaron a escribir ensayos, crónicas de viajes, diarios, novelas, donde nos presentaban desde su amplio conocimiento, experiencias y visiones, un mundo que de entrada es distinto y distante al nuestro, pero que posee una amplia tradición literaria, uno de estos escritores mexicanos amante de la cultura japonesa fue José Luis Ontiveros (1954-2015), quien nos adentra a esta cultura a través de la Antología: “Aproximaciones a Yamato. Los escritores mexicanos y Japón.

José Luis Ontiveros creó una extraordinaria antología por varias razones, algunos de los autores que aparecen en la obra vivieron años en Japón, ejemplos: Efrén Rebolledo vivió diez años como representante de México en Japón, su nombramiento fue en 1907. Manuel Maples Arce fungió como Embajador de México en Japón por un periodo de cuatro años, también aparecen en la antología autores que no han vivido largos periodos en Japón, pero que visitaron a esta nación y, sobre todo, tienen un amplio conocimiento sobre las tradiciones, idiosincrasia, religión, política y literatura japonesa, entre estos autores se encuentran Juan García Ponce, Octavio Paz, y el propio antologador José Luís Ontiveros.

En general los autores que aparecen en la antología son: “Efrén Rebolledo, José Juan Tablada, Manuel Maples Arce, Octavio Paz, Juan García Ponce, Sergio Modragon, José Vicente Anaya, Alberto Ruy Sánchez y José Luis Ontiveros.”  Las obras seleccionadas de estos celebres autores son ensayos, algunos capítulos de sus novelas, parte de una crónica de viaje, etc. De Manuel Maples Arce leemos un detallado estudio sobre la historia del teatro japonés llamado Noh, lo seleccionado de Efrén Rebolledo en lo personal me atrajo mucho porque noveladamente cuenta sus vivencias en ese país oriental incluyendo las eróticas, y en un capitulo le narra a don Justo Sierra su experiencia religiosa con el budismo, sin embargo, de manera más amplia narraré lo abordado por el poeta Octavio Paz porque su enseñanza literaria es muy interesante.

De Octavio Paz se presentan dos ensayos: “Tres momentos de la literatura japonesa (1954” y “La tradición del haikú (1957)”. En el primer ensayo Paz explica que muchas de las instituciones japonesas son de origen extranjero, no obstante, esto no significa que Japón sólo ha copiado modelos, adoptado dioses creados a su fe, Paz afirma que el país nipón ha sabido mantener su esencia, su cultura, su pensamiento, y cuando lo han decidido (acto voluntario) han hecho suyas ideas morales, éticas, originarias de otra cultura que pueden llegar incluso a ser valores occidentales.

Una vez ubicado ese sincretismo cultural japonés, el poeta mexicano reflexiona sobre las obras de dos grandes escritoras japonesas, Murasaki Shikubi y Sei-Shonagon. A partir de este momento fiel al estilo de Octavio Paz poseedor de un conocimiento erudito, detallado, claro, nos lleva de la mano a conocer a una de las grandes obras de la literatura universal como lo es: “La historia de Genji” de la escritora Murasaki.

Octavio Paz analiza la obra de Murasaki comparándola con la de Proust, sí, “La historia de Genji” es para Paz el antecedente de “En busca del tiempo perdido”, y por este dato y análisis ya tengo ganas de acercarme a ese universo que al compararse con el creado por Proust se antoja maravilloso, fantástico. Octavio Paz comenta:

A semejanza de Proust, lo característico de Murasaki es la conciencia del tiempo. Esto, más que las aventuras amorosas de Genji y sus hermosas amantes, es el verdadero tema de la obra. La conciencia del tiempo es tan aguda en Murasaki que de pronto todo se vuelve irreal. Inclinado sobre sí mismo, en un momento de soledad o al lado de su amante, Genji ve al mundo como una fantasmal sucesión de apariencias. Todo es imagen cambiante, aire, nada.

Para Proust, influencia de Bergson o coincidencia, sólo es real el tiempo; apresarlo, resucitarlo por obra de la memoria creadora, es aprehender la realidad. Ese tiempo ya no es la mera sucesión cuantitativa, el pasar de los minutos, sino el instante que no transcurre. Para Murasaki, como para todos los budistas, el tiempo es una ilusión y la consciencia del tiempo, y la de la muerte misma, meras imágenes en nuestra consciencia; apenas tenemos consciencia de nosotros mismos y nuestras naderías, sin excluir la de nuestra consciencia, nos libramos de la pesadilla de la ilusión y penetramos al reino de donde ya no hay ni tiempo ni consciencia, ni muerte ni vida.”

Por supuesto que en el fondo hay dos posturas muy diversas, una que busca el tiempo y otra que lo niega, pero hasta lo leído del ensayo de Paz, Murasaki y particularmente el budismo no busca eliminar la lógica, no busca destruir para crear el caos, busca descubrir un nuevo sentido, por supuesto difícil de explicar, de comprender mediante las palabras y los conceptos, pero al fin, busca una nueva concepción de la vida.

La experiencia literaria desde la concepción occidental de buscar el tiempo perdido ha sido desde la perspectiva de Proust una experiencia única, inigualable, exquisita, profunda, como he disfrutado esas reminiscencias, evocaciones, añoranzas, donde el personaje nos lleva por “Los caminos de Swann” y por las historias amorosas y psicológicas al andar “A la sombra de las muchachas en flor”, sus miles páginas han hecho que recuerde mi infancia, mi juventud, a mi madre, mis miedos, ilusiones, angustias, amores, celos, entre más avanzo en la lectura siento alegría al ir concluyendo una obra majestuosa y monumental, pero al mismo tiempo existe una sensación de tristeza al sentir que una lectura tan anhelada en mi vida vaya concluyendo, hoy después de este acercamiento a la literatura japonesa a través de estos grandes maestros, el sentimiento es muy esperanzador, porque con Proust estoy recuperando el tiempo perdido (estado de consciencia, de saber quién he sido, quien soy, que puedo y que no, saber que el tiempo es irrecuperable, que sólo podemos recobrarlo con la memoria), pero al ser la memoria finita, limitada, entonces todo se antoja a que es un juego de palabras, acaso, ¿La vida no es un juego? Juguemos el juego, en un futuro no lejano (antes que nos gane el tiempo) vayamos a conocer: “La historia de Genji”, créanme que es un tiempo bien ocupado y disfrutado.

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