Lamentablmente en esta época se ha perdido el sentido de lo que antes llamábamos “Palabra de Honor” y sin embargo este es el tiempo en que más necesitamos de ella para volver a creer, para construir un orden social basado en la confianza.
Decir, te doy mi palabra de honor, era suficiente para cerrar un trato, hacer un negocio o llegar a un acuerdo, nadie dudaba de la palabra de alguien, incluso dudar de ella era una ofensa porque la gente de bien honraba su palabra, incluso al costo que fuera, tendría uno que llegar al sacrificio pero la palabra se cumplía, no importaban las circunstancia ni las dificultades que había para cumplir con la palabra empeñada, simplemente se cumplía incondicionalmente. He aquí seis conceptos importantes ligados a la palabra: creencia, confianza, dar, honrar, sacrificio e incondicionalmente.
Porque una persona de palabra no era cualquier persona, era alguien con reconocimiento social, era alguien que tenía muchos valores y los practicaba en cada acto de vida y eso la hacía un ser confiable ante los ojos de los demás.
Cuánta diferencia habría en el desarrollo de este país si la gente cumpliera con su palabra, pero honrar la palabra, cumplir lo que se dice es flor exótica en esta sociedad mercantilizada, permeada por antivalores como la avaricia, el engaño, la mentira. Y sin embargo, lo que necesita nuestra sociedad es recobrar aquellos valores que hacían que las cosas caminaran bien, que hubiera armonía entre vecinos, compañeros de trabajo, gobernantes y gobernados.
Gran parte de la insatisfacción social actual se debe a la pérdida de la confianza, no se confía ya en nadie y si es político menos y sin embargo una sociedad basada en la confianza es lo que puede hacer la diferencia, confianza en los amigos, en los pares de negocios, confianza en los gobernantes, confianza en los empresarios, en los comerciantes, en quien te vende la gasolina, en quien te pide un libro o quien te platica algo, es para la reflexión.
Durante muchos años, más de treinta, enseñaba con mi madre oratoria a niños y jóvenes, eventualmente sigo haciéndolo incluso con gente grande, y una de las cosas que aprendí en esos años es que un orador no solo es quien sabe decir un discurso bien pronunciado y ejecutado, les decía a mis alumnos que la oratoria era toda una forma de vida, que el decir se respaldaba con el hacer y este debía ser siempre anteponiendo los valores; me comentaba el profesor René Ortiz Amezcua “parece decir el orador, no estoy urgido en firmar papeles ni compromisos, basta mi palabra, es la palabra de un hombre” y si, quienes así actúan se quedan con el peso de sus palabras en las espaldas, quienes se atreven a decir la verdad llevan adosado el pago de un posible precio por ellas.
Ricardo Flores Magón es uno de los mejores ejemplos de ello, Ricardo fue un verdadero ideólogo y precursor de la Revolución Mexicana, gran orador e intelectual, periodista de ideas, hombre de acción, pasión y organización; que fue transmitiendo a través de sus escritos y discursos los ideales de libertad, justicia social, derechos de los trabajadores y humanos. Pero alto pagó el precio de sus palabras, pues coludido con Porfirio Díaz el gobierno de Estados Unidos, nuestro eterno detractor, apresó a Flores Magón quien pasó largo tiempo en la cárcel federal de Leavenworth, Kansas, ahí fue perdiendo la salud y la vista, hubo quienes pidieron su libertad, pero la “justicia” norteamericana le puso como condición que pidiera perdón y se retractara de sus ideas y palabras a lo cual él se negó rotundamente, incluso escribió en una carta lo siguiente: “…cuando muera, mis amigos quizá inscriban en mi tumba: Aquí yace un soñador, y mis enemigos: Aquí yace un loco. Pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: Aquí yace un cobarde y traidor a sus ideas.”
Y es que tener palabra de honor es una gran virtud, pero encontrar personas que la posean es un gran descubrimiento. La clase política mexicana carece de palabra de honor, no honra lo que dice y no cumple lo que promete, ese es el eterno reclamo de la sociedad de hoy, basta leer las noticias para ver como gobernantes y políticos desconocen en su mayoría el sentido de empeñar la palabra y de cumplirla que es lo que más se les dificulta, y sin embargo recuperar el valor de la palabra haría un gran cambio social y se puede empezar por uno mismo.
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