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Cuando apena era un niño, Ernesto logró convencer a su posterior mentor de enseñarle a hacer los zapatos.

Naolinco, Veracruz.- Conocido por la venta de artículos de piel, en especial de calzado. Naolinco es un pueblo de calles empedradas donde los visitantes encuentran todo tipo de zapatos, bolsas y cinturones.

 

Por décadas, Naolinco abasteció a los municipios vecinos de botines, calzado típico de los hombres de la región. Hace 70 años, un joven quiso aprender el arte de la elaboración de zapatos, motivado por su deseo de apoyar a su madre, quien, sola, se encargaba de él y sus hermanos.

Para Ernesto Barradas Oliva no fue fácil convencer a los zapateros de ese entonces de introducir modelos nuevos de calzado, lo que significaría atraer a un público más amplio que compraría este producto típico de Naolinco.

“Ellos me decían que aquí se hacían botines y que eso se seguiría haciendo, así que no estuviera inventando”, recuerda.

Cuando apena era un niño, Ernesto logró convencer a su posterior mentor de enseñarle a hacer los zapatos. Poco a poco, con una visión futurista, aprendió el arte de elaborarlos y a idear y sacar nuevos modelos de calzado que, en un principio, no fueron bien aceptados por la población.

“Al principio hacía los zapatos para mí, así si me salían mal no pasaba nada, pero la gente me empezó a preguntar que de dónde sacaba esos zapatos raros, el padre de la iglesia me regañó porque le puse cierres a mis zapatos y me dijo que no los usara, pero yo no desistí”, narra.

Años después, Ernesto emigró a la Ciudad de México, donde sorprendió a los dueños de la zapatería donde trabajó unos años, pues era capaz de elaborar cualquier modelo de zapatos, desde hacer el molde en papel hasta cortarlos y armarlos, para dejarlo listos para usar.

Posteriormente, volvió a su pueblo para abrir la zapatería La Elegancia, lugar que poco a poco se volvió referencia para las demás zapaterías de Naolinco y la proveedora de moldes para todas ellas.

 

Por décadas, La Elegancia formó a los nuevos zapateros de Naolinco, que después se fueron para emprender sus propias zapaterías y continuar con la tradición de la elaboración de calzado. La dinámica empezó a disminuir poco a poco hasta que Ernesto se quedó sin aprendices.

Con la introducción de modelos prefabricados provenientes de Guanajuato, el arte de la elaboración de calzado decayó, pues ya no era necesario aprender a modelar o cortar. Además, los jóvenes fueron perdiendo el interés en aprender el oficio debido a que éste lleva tiempo y ellos buscan obtener dinero rápidamente, asegura el zapatero.

El arte de la elaboración de calzado en Naolinco está en peligro de desaparecer, sin embargo, Ernesto, sus hijos y sus actuales empleados mantienen la tradición ofreciendo un zapato realizado desde cero, que conserva calidad y durabilidad.