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SINEMBARGO.MX

Alejandra Alicia Peláez Cid, doctora en química de la Facultad de Ingeniería de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), logró producir carbones activados a partir de desechos orgánicos, mismos que servirán para remover contaminantes ambientales.

La cáscara de la tuna, el tallo del brócoli, la fibra de agave y el hueso de zapote constituyen la materia prima para la creación de estos carbones activados, refiere la Agencia Informativa Conacyt. Asimismo, detalla que los carbones activados se obtienen tradicionalmente a partir de madera o cáscara de coco. Son utilizados por la industria textil en el proceso de adsorción para la eliminación de contaminantes industriales como los colorantes.

Por este tipo de contaminación es que la académica e investigadora poblana propone el uso de carbón activado para limpiar las aguas de los ríos y las barrancas, deshechos que han generado un impacto negativo en el medio ambiente. Según la doctora, estos carbones son capaces de eliminar en un 99 por ciento el colorante vertido, además de que sus aplicaciones tienen un espectro de utilidad mucho más amplio.

“Los carbones se utilizan para eliminar los colorantes que existen en las aguas residuales de fábricas textiles. Hemos probado una alta eficiencia de nuestros carbones en la remoción de colorantes, incluso si los comparamos con los carbones comerciales, los nuestros en algunos casos son mejores. En el caso de la tuna, nos comemos la pulpa, pero desechamos la cáscara y esta representa 42 por ciento de la fruta en total; entonces, en lugar de generar un residuo sólido, lo que hacemos es utilizarlo en la preparación de los carbones”, explica la titular del proyecto.

Además de la doctora Peláez Cid, en el proyecto participa la doctora Ana Herrera González de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

TRATAMIENTO DEL AGUA RESIDUAL

La cáscara de la tuna, el tallo del brócoli, la fibra de agave y el hueso de zapote constituyen la materia prima para la creación de estos carbones activados. Foto: Agencia Conacyt.

La cáscara de la tuna, el tallo del brócoli, la fibra de agave y el hueso de zapote constituyen la materia prima para la creación de estos carbones activados. Foto: Agencia Conacyt.

La doctora Peláez Cid explicó al Conacyt que al momento de tratar un agua residual se miden los niveles de contaminación mediante un parámetro denominado demanda química de oxígeno (DQO), mismo que permite determinar con certeza el grado de contaminación por materia orgánica en un fluido.

“La norma permite de 200 a 240 partes por millón (ppm) de la DQO y hemos logrado bajar, después del proceso de adsorción con el carbón activado, a un valor menor, lo que indica que se podría reutilizar el agua”, aseguró.

El procedimiento consiste en que a través de un sistema de flujo se transporta el agua residual en una columna empacada con el carbón activado y después de cierto tiempo es posible comprobar que el colorante ha desaparecido casi en su totalidad. Esto también se logra mediante sistemas estáticos o batch.

“Lo que se intenta también hacer es que la calidad del agua sea tal, que se pueda reutilizar en el proceso productivo. Que la industria textil tenga su propia planta de tratamiento y que el agua que está generando como residuo la trate y la pueda aplicar nuevamente en sus procesos productivos”, mencionó la académica.

Las bondades en la utilización de residuos vegetales para producir carbones también se aprecian en los bajos costos de producción, porque el gasto se concentra en el traslado de las cáscaras de la tuna y tallo de brócoli, o bien las pencas de agave, al lugar donde se producirá el carbón, refiere la doctora Peláez Cid, quien añade que Puebla está entre los siete primeros estados en el país que más producen la tuna, de ahí que la materia prima no represente un obstáculo para la creación de estos carbones.