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«Quien olvida su historia está condenado a repetirla» explicaba el filósofo Jorge Santayana. Y precisamente el recuerdo del Holocausto es una de las razones para marcar un día en el calendario dedicado a sus víctimas. Exactamente, según la resolución 60/7 de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 27 de enero de cada año se conmemora el Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto.

La fecha se debe a la liberación por parte del ejército soviético en 1945 del mayor campo de concentración de exterminio nazi que existió, el situado en Auschwithz-Birkenau, en Polonia. Desde su apertura en este centro custodiado por la SS alemana, murieron asesinados entre 1,5 y 2,5 millones de personas desde su apertura en mayo de 1940.

Al centro, situado a unos 40 kilómetros de Cracovia, llegaron durante años no solo judíos, sino también prisioneros de guerra, quienes eran obligados a trabajar para el régimen de Hitler. De hecho en la puerta de entrada la inscripción principal reza «Arbeit macht frei», es decir, «el trabajo hace libre».

El año 1979 el lugar que fue la tumba de muchos inocentes fue declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y, como explicó el propio Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, al nombrar el Día Internacional, se trata de «un importante recordatorio de las enseñanzas universales del Holocausto, atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar».