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Reforma

Luego de varias inmersiones en el universo microbiano, Gilberto Esparza llega a una conclusión: el problema de la contaminación en ríos, lagos y mares sólo va a hallar solución cuando cambiemos nuestra relación con el agua.

Un mensaje que el artista nacido en Aguascalientes, en 1975, promueve con sus proyectos, en los que desde hace tiempo utiliza celdas de combustible microbianas para obtener energía a través del metabolismo de las bacterias presentes en distintos cuerpos.

Por ejemplo, en un río contaminado, las bacterias se alimentan de tales contaminantes, que usualmente suelen rebasar la propia capacidad del río para autolimpiarse. Un proceso en el cual los microorganismos liberan electrones.

“Esas bacterias que son un foco de infección, al final son el sistema inmunológico del río; ellas son las que lo van a limpiar y a dejar otra vez listo para que puedan vivir otras especies”, comparte el creador en entrevista.

Todo esto motivó el uso de las celdas para obtener la energía eléctrica de esa actividad biológica y empezar a experimentar con ella.

Así nacieron proyectos como “Plantas autofotosintéticas”, que utiliza la energía de las bacterias para generar luz para la fotosíntesis de plantas acuáticas, y todo el proceso de biodegradación para limpiar aguas residuales; o “Plantas nómadas”, un híbrido entre una máquina, celdas de combustible microbianas y plantas, en una colaboración simbiótica para sobrevivir cerca de la ribera de los ríos contaminados.

“Las plantas nómadas tienen una relación simbiótica con todos los seres vivos que cohabitan en el río: limpian el agua y la ponen en unas cuenquitas sobre el robot, en el cual crecen plantas. Esas plantas aportan energía eléctrica también al robot a través de procesos de fotosíntesis, y los insectos comienzan a subir al robot porque encuentran mejor calidad de agua ahí que en el río.

“Entonces se llena de abejas, de hormigas, y llegan los pájaros para alimentarse de los insectos ahí, y así sucesivamente”, relata Esparza, egresado de Artes Plásticas en la Universidad de Guanajuato.

Pero uno de sus trabajos más destacados, elaborado en conjunto con la bióloga Laura Espinoza, es el de Hidrocomunidades.

“Es un proyecto paralelo de un interés también científico para ver cuáles son el tipo de comunidades de bacterias que crecen en esas celdas microbianas. Y también aprender, a través de la propia organización de las bacterias, cómo los humanos podríamos también tener una relación distinta con los residuos, con el agua, etcétera”, explica.

Fue precisamente Espinoza quien, tras conocer la obra de Esparza en una exposición en el Laboratorio de Arte Alameda, le preguntó si sabía qué es lo que estaba creciendo ahí.

Entonces la bióloga tomó algunas celdas para analizarlas, lo cual marcó el inicio de su colaboración multidisciplinaria en un proyecto aún vigente.

“Estamos ya enfocándolo más ahorita a un cuerpo de agua que es muy importante: Cuatro Ciénegas (en Coahuila), donde hay una comunidad de bacterias que son como de inicios de la vida. Están surgiendo desde capas muy profundas de la Tierra en donde han estado millones de años.

“En uno de los cuerpos de agua hay esta diversidad de bacterias; en un puñito de lodo puedes tener más variedad de especies que en todo el Amazonas”, detalla Esparza.

“Con Laura estamos llevando Hidrocomunidades para utilizar ese tipo de agua y analizar esas bacterias que pueden sobrevivir con muy pocas fuentes de energía –sustrato, digamos–, pero en las celdas, en las pruebas que hemos hecho, están generando bastante energía en comparación a otras con esa cantidad de sustrato”.

¿Este tipo de energía puede ser una alternativa a los combustibles 
fósiles?
Sí, lo que se puede hacer son complementaciones en las plantas de tratamiento. Estas celdas de combustible se pueden aplicar desde para pequeñas estaciones de monitoreo que se alimenten de la propia agua que estén analizando hasta una escala más grande ya en las plantas de tratamiento para disminuir un poco el consumo de la energía que se requiere. Esa es la parte más funcional de la celda.

Sin embargo, Esparza, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, es enfático en este respecto: no le interesa idear ni materializar nuevos métodos para limpiar el agua, sino propiciar una reflexión que permita frenar la contaminación misma.

“En mi caso, lo que me interesa de todo esto es que los dispositivos que construimos y generamos sean dispositivos de reflexión, que nos ayuden a entender cómo debemos o cómo sería una mejor manera de relacionarnos con el agua, con los residuos para transformarlos, y sobre todo con el agua”.

Y es que el artista admite que le han preguntado por qué no construir mil plantas nómadas que sean dispuestas en los ríos para descontaminarlos.

“A mí lo que más me interesa es que más bien aprendamos de cómo ella (la planta nómada) resuelve el tema de los residuos y lo convierte en vida en esa relación simbiótica. No quiero que se haga una tecnología que limpie nuestros ríos y que nosotros sigamos con esa relación.

“Entonces, más bien lo que va realmente a resolver el problema es un cambio de conciencia y otra manera de relacionarnos con el agua”, subraya.

A través de talleres, como el impartido recientemente en el Centro Cultural de España en México, Esparza comparte el conocimiento que ha ido edificando mediante esta labor que rompe la frontera entre arte y ciencia, con tal de que más jóvenes no sólo aprendan sobre electrónica y biología, traduciendo en sonidos esa actividad bioeléctrica, sino que se concienticen sobre el tema ambiental.

Y ahora alista un nuevo proyecto en el cual pequeños seres, cuyos mecanismos están hechos de cerámica y están integrados con carbonato de calcio, cosecharán energía que dosificarán a los corales para ayudarles en sus procesos de crecimiento a través de la biomineralización.

“Eso hace que sean un poco más fuertes, que crezcan más rápido”, expone.

“Ha sido bien interesante este proceso, porque empecé a trabajar en la ciudad con los parásitos urbanos, luego con las aguas residuales de la ciudad, después los ríos y ahora ya llegué al mar. Por la gravedad de la situación llegué al mar”.

Una iniciativa en la cual trabaja junto con la asociación civil Oceanus y que, como él mismo ha dicho, podrá ayudar a revertir los efectos de la contaminación, pero el punto es mostrar que se debe cambiar la forma en la que manejamos los residuos y el agua de nuestro planeta.