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El saqueo de piezas arqueológicas recibe en Perú el nombre de «huaqueo», y es una actividad que ha generado pingües beneficios en el país desde hace siglos. Hace años, el presidente del gobierno peruano, Alejandro Toledo, exigió al Museo Peabody de la Universidad de Yale la devolución de miles de piezas arqueológicas que el descubridor de Machu Picchu, Hiram Bingham, se había llevado a Estados Unidos en 1912. Tras casi un siglo de espera, en 2010 la universidad estadounidense comenzó a devolver parte de ese tesoro sustraído ilegalmente. Después de ímprobos esfuerzos y de la denuncia que interpuso el gobierno peruano ante el Juzgado Federal de la Corte de Connecticut contra Yale, en noviembre de 2012 los responsables de la universidad devolvieron las últimas 35.000 piezas en 127 cajas. El alijo voló en un avión de la Fuerza Aérea de Perú hasta la ciudad de Cuzco. Desde hace años, el país andino ha interpuesto centenares de denuncias para recuperar miles de piezas precolombinas repartidas en Estados Unidos y otros países europeos.

 

Un negocio ilegal

En 2004, por ejemplo, la policía argentina encontró cerca de 50.000 piezas arqueológicas, de las cuales unas 20.000 eran peruanas, lo que da una idea de la dimensión del expolio que ha sufrido el patrimonio histórico del país de los incas. En 2007, la Casa Christie de Nueva York anunció la suspensión de una subasta de obras precolombinas ante el temor de que entre ellas se encontraran piezas extraídas ilegalmente de Perú. Sin embargo, pese a los esfuerzos de la policía, el expolio y el tráfico no han sido erradicados.