"En los primeros años de los sesentas, en el histórico taller de grabado de Guillermo Silva Santamaría, en lo que hoy es una majestuosa biblioteca, y en esa época era un nidero de actividades artísticas y culturales: "La Ciudadela", estuvieron juntos Leticia Tarragó y Fernando Vilchis, como parte de una generación deslumbrante de artistas. Que sí pensaban casarse no lo decían y ni siquiera se agarraban de las manos. Luego vino para Fernando, Polonia, Una beca de un año para estudiar artes gráficas. Y allá fue la luna de miel con Leticia. A su regreso, dejaron una huella perdurable en todas las ediciones de la Universidad Veracruzana, no sólo con portadas: carteles, diagramación completa de libros y publicaciones, ilustraciones y viñetas. La influencia de ellos se perpetúa en generaciones completas dentro de la Universidad Veracruzana". Lo escribió don Emilio Carballido en la edición "Expresión Plástica. 35 artistas", del IVEC, en 1995.

A ambos los conocí en el tránsito de la infancia a la adolescencia, tendría unos 11 o 12 años. Su familia llegó a vivir a Córdoba a principios de los años 70. Su padre, el Lic. Guillermo Cházaro Lagos tuvo una agencia de representación de la UNPASA, distribuía el endulzante y alcohol puro de caña. Uno de sus hermanos menores fue mi compañero de pupitre en sexto año de la primaria y la secundaria, Francisco Javier, Kiko, y ya los dos mayores, Guillermo de Jesús (Guillo) y Tirso Rafael (Tito) habían adquirido un cierto tinte legendario, el primero en aquella Xalapa de la década de los 60 que aún se recuerda con nostalgia, que transitaba entre la inocencia pueblerina y el frenesí impetuoso de las épocas universitarias, en las que deambular por el perímetro que comprendían las calles de Bremont, Jiménez e Hidalgo, mero enfrente de El Pabellón, en el ‘parquecito’, podía ser una aventura harto arriesgada y peligrosa; por su parte el segundo de los hermanos, había iniciado ya adolescente un largo periplo que lo llevaría por el Viejo Continente, que lo traería de vuelta después de muchos años a Cancún, Huatulco, la ciudad de México y Cuernavaca, para ir a parar a un lejano puerto en el noroccidente de la costa mediterránea italiana, para vivir una historia tipo intriga internacional que jamás se hubiera imaginado el buen Tirso que viviría algún día, para lo cual solo se necesitaron 3 coincidencias: estar en el lugar indicado, en el momento justo, con la persona adecuada, cosas que solo se dan una vez cada mil años y, a veces, se requiere de más tiempo. El Guillo y Tito o Tito y el Guillo han vivido muy deprisa todos estos años y, cada quien, muy a su manera han escrito páginas de la historia reciente xalapeña que algún día alguien habrá de compendiar como para recordar cómo era la vida en los tiempos del rocanroleo. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

1) Al ex-Director General del COBAEV, Carlos Aceves Amezcua, lo quiere mucho su tío, el dirigente nacional de la CTM, Carlos Aceves del Olmo, porque lleva su mismo nombre, pero especialmente porque todas sus hijas- 6- son mujeres, y entonces a él lo ve como a un hijo. 2) El licenciado Nicandro Mérito, quien laborara varias años en la Comisión Estatal de Derechos Humanos del Estado de Veracruz, fue compañero en la escuela primaria, en Tabasco, de Andrés Manuel López Obrador. 3) Manuel Fernández Avila laboró durante un mes y medio en el Banco de México con él ahora finado Jesús Silva Herzog. 4) A Gustavo Arróniz, de la Cuenca del Papaloapan, sus amigos le apodan cariñosamente como "Toma todo".

1) "El Histórico" Rubén Darío Mendiola Solano, quien trabajó en el gobierno desde 1968 y hasta Diciembre de este año se desempeñó como Contralor del Poder Judicial-, fue el primer Director General de Protección Civil en Veracruz, con el Subsecretario de Gobierno, Salvador Mikel Rivera, recientemente fallecido. Durante el sexenio de Patricio Chirinos Calero, esta área inició como Dirección General. 2) El Notario Público por Emiliano Zapata, Manuel Díaz Rivera, quien fue Subdirector del Registro Público de la Propiedad y Archivo de Notarías, cuando el titular era Francisco Saucedo Ramírez, en los últimos años fue muy amigo del cantautor Joan Sebastian. 3) El contador público Francisco Pérez Sosa fue Contralor de Bellas Artes, y actualmente como Presidente de la Fundación "Identidad Veracruzana" pasa dos o tres días a la semana en la ciudad de México, buscando bajar recursos para proyectos de orden cultural.

1) "Necesitamos una oposición capaz, apta para cumplir con su responsabilidad ante la nación, firme en sus ideas y en sus hombres, no dispuesta a nutrirse con nuestros desechos ni ávida de posiciones gratuitas, empeñada en conquistar, en sana emulación, en el convencimiento del pueblo, la representación política, el arribo a las posiciones decisorias. Luchando nosotros limpiamente por seguir siendo partido mayoritario, curando nuestras enfermedades- que las tenemos- contribuimos a la evolución política del país". 2) "No puede haber juventud revolucionaria sin un horizonte ideológico, nutrido en la práctica constante y caracterizado por un contenido crítico. Sin un pensamiento crítico no hay horizonte ideológico y sin un horizonte ideológico no hay práctica consecuente y congruente; sin práctica consecuente y congruente no hay horizonte ideológico consecuente y firme". "Discursos Políticos". Editorial Madero.

"Castro tenía 90 años al fallecer. Su hermano, el presidente Raúl Castro, anunció su muerte en un mensaje de televisión. "Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz", ha dicho emocionado el mandatario. “En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados en las primeras horas de mañana sábado 26. […] ¡Hasta la victoria! ¡Siempre!”. Pero tras incontables muertes periodísticas anunciadas desde Miami, además de 650 intentos frustrados de atentado, incluidos planes de la CIA con batidos de chocolate con cianuro y trajes de bucear rociados con bacterias asesinas, puede decirse que el fallecimiento real del líder cubano ya casi ni es noticia. La biografía de Fidel Alejandro Castro Ruz comienza el 13 de agosto de 1926 en el pequeño poblado de Birán, cerca de Holguín, antigua provincia cubana de Oriente. Fue el tercero de los siete hijos tenidos fuera del matrimonio por Ángel Castro, un rudo hacendado gallego llegado a Cuba como soldado de reemplazo al final de la guerra de independencia, y la cubana Lina Ruz, que entró a trabajar como criada en la finca familiar. Hasta que Ángel se divorció de su primera esposa y se casó con Lina, a principios de los años cuarenta, no dio a los niños el apellido, razón por la cual hasta bien entrada la adolescencia Fidel cargó con el estigma de ser hijo bastardo. Desde luego, ello no impidió que pronto destacara como un estudiante brillante en los internados de jesuitas por donde pasó, primero en Santiago de Cuba y luego en La Habana, formación que se incrustó en el núcleo duro de su carácter. En 1945 entró a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, donde el ambiente de efervescencia política y pistolones le llevaron a sumarse a rocambolescas aventuras revolucionarias como el intento de expedición armada para derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en 1947. Un año después, siendo ya un prominente líder estudiantil, participó en la revuelta del Bogotazo tras el asesinato del líder liberal colombiano Jorge Eliezer Gaitán —fue su primera experiencia de insurrección popular—, y ese mismo año de 1948 contrajo matrimonio con Mirta Díaz-Balart, una atractiva estudiante de Filosofía perteneciente a una familia adinerada, con la que tuvo su primer hijo, Fidelito. Según el periodista norteamericano Tad Szulc, autor de una rigurosa biografía sobre Castro, desde su juventud Fidel creyó que había “líderes destinados a desempeñar papeles cruciales en la vida de los hombres, y que él era uno de ellos”. Esa convicción, unida a su intuición política y gran poder de convencimiento, así como a su temeridad y capacidad de “convertir los reveses en victorias”, le hicieron destacar en un momento muy especial de la historia de Cuba, cuando la corrupción general y el descrédito del Gobierno de Carlos Prío Socarrás eran terreno fértil para la lucha política. Entrada en política Tras graduarse de abogado en 1950 y abrir un pequeño bufete, entró en política con el Partido Ortodoxo, que lo designó candidato al Congreso en las elecciones que debían realizarse en junio de 1952. Sin embargo, el 10 de marzo de ese año la historia de Fidel Castro y la de Cuba cambiaron para siempre con el golpe de Estado que encabezó el sargento Fulgencio Batista. Rotas sus relaciones con la ortodoxia por considerar débil su reacción al golpe, Castro concibió una acción armada que debía provocar una insurrección popular: fue el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. La operación acabó en fracaso y se saldó con la muerte de 67 de los 135 integrantes del comando revolucionario, la mayoría asesinados después de los combates. Los rebeldes fueron juzgados en un proceso muy sonado en el que Castro asumió su propia defensa, el célebre alegato conocido como La historia me absolverá, donde expuso su programa político y revolucionario que incluía entre sus demandas la restauración de la constitución de 1940. Fidel fue condenado a 15 años de prisión y su hermano Raúl a 13, pero los moncadistas fueron amnistiados en 1955 y Castro partió hacia el exilio. En México, donde conoció al Che Guevara, preparó el desembarco del yate Granma, que se produjo el 2 de diciembre de 1956 en la playa de las Coloradas, en la costa oriental de Cuba, acción que marcó el inicio de dos años de lucha guerrillera en la Sierra Maestra y que finalmente condujo a la derrota del Ejército de Batista y la huida del dictador en la madrugada del 1 de enero de 1959. Ningún historiador puede asegurar que Castro era marxista cuando peleaba en las montañas de Sierra Maestra. No hay un solo documento que lo pruebe. Sin embargo, sí lo hay de que su enfrentamiento con Estados Unidos viene de temprano. En la carta que envió el 5 de junio de 1958 a su colaboradora Celia Sánchez, después de que aviones de Batista bombardearan con proyectiles norteamericanos el bohío de un campesino, le dice: “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”. Para muchos analistas esta famosa carta es clave para comprender la psicología y el modo de actuar de Castro. Fidel bajó de la montaña envuelto en la bandera de José Martí y convertido en un ídolo popular que encarnaba los valores de la justicia social en una nación empobrecida por la dictadura. Los intelectuales de todo el mundo, con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir a la cabeza, saludaron su victoria y aquella magia duró algunos años pese a que la revolución se radicalizó pront Un líder revolucionario En aquel momento Castro gozaba de un inmenso apoyo popular y su imagen era la de un genuino líder revolucionario: joven, atrevido y lleno de frescura, nada que ver con los grises dirigentes de los países comunistas de Europa del Este, instalados en el poder por obra y gracia de los tanques soviéticos y por ello simples marionetas del Kremlin. Castro bajó de Sierra Maestra convertido en un ídolo popular En fecha tan temprana como el 17 de mayo de 1959, Castro puso en marcha la primera ley de reforma agraria, que supuso la expropiación de los grandes latifundios azucareros, muchos de ellos norteamericanos, a lo que siguieron una serie de medidas de corte social. Los colegios religiosos fueron nacionalizados, se hizo una campaña nacional contra el analfabetismo y tanto la educación como la salud pasaron a ser universales y gratuitas. Ya en junio Castro abandonó la promesa de celebrar elecciones libres en 18 meses (“primero la revolución, luego las elecciones”, dijo) y emprendió un drástico reordenamiento de las instituciones, mientras los fusilamientos de los primeros tiempos de la revolución eran criticados en el exterior. Los desencuentros iniciales con EE UU se convirtieron enseguida en agrias tensiones y muy pronto la espiral de medidas y contramedidas se hizo indetenible. Washington adoptó las primeras restricciones del embargo económico y en mayo de 1960 Castro reanudó las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, interrumpidas por Batista en 1952. Entre 1975 y 1989, mandó 300.000 soldados cubanos a la guerra de Angola No hay consenso sobre si fue el líder de la revolución con su apuesta por la vía socialista quien arrastró a EE UU al enfrentamiento, o si fue la Casa Blanca con su intolerancia a las medidas revolucionarias la responsable de que Castro se arrojase a los brazos protectores de Moscú y una ideología que no era bandera original de la revolución. De cualquier modo, desde el principio el diferendo con EE UU se instaló en el centro de la política nacional, y si bien es cierto que esta circunstancia condicionó un Gobierno cubano con síndrome de plaza sitiada, también lo es que sirvió a Castro de justificación para todo. Durante medio siglo Fidel gobernó la isla a golpe de discursos y utilizó masivamente la televisión para lograr el respaldo popular, un tesoro político que administró con la misma habilidad con que se deshizo de sus enemigos en el momento más conveniente y con que se sirvió de sus aliados para montar un sistema político a su medida, en el que el Ejército y el Partido Comunista fueron los pilares de su poder. Uno de sus buenos amigos, el premio nobel colombiano Gabriel García Márquez, escribió de él una vez que “su devoción por la palabra” era “casi mágica”. “Tres horas son para él un buen promedio de una conversación ordinaria. Y de tres horas en tres horas, los días se le pasan como soplos”, señaló Gabo. La aparente desmesura de la descripción no es tal, ni mucho menos. Cualquier político extranjero que lo haya tratado puede atestiguarlo, y no digamos los millones cubanos de cualquier edad que han debido dedicar miles o decenas de miles de horas de su vida a escuchar las alocuciones y arengas del comandante. Fue protagonista de la crisis de los misiles, junto a Kennedy y Jruschov Siempre al frente de Cuba y arropado por un grupo de históricos de confianza, durante medio siglo fue protagonista de todos los grandes acontecimientos del país y de no pocos hechos con repercusión internacional. En la primavera de 1961, Fidel en persona dirigió las operaciones militares para derrotar la invasión de Bahía de Cochinos, una aventura organizada y financiada por la CIA en tiempos de Eisenhower y heredada por John Kennedy, que el líder comunista aprovechó para hacer lo que hasta ese momento no se había atrevido: declarar el carácter socialista de la revolución y unir todavía más a los cubanos en torno a su figura. Un año más tarde, con solo 36 años de edad, Castro fue protagonista principal de la crisis de los misiles, cuando en nombre de la hermandad socialista Cuba se convirtió en un sembrado de cohetes soviéticos y el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear. De un modo u otro, sus manos y su cabeza estuvieron en todo: el apoyo de las guerrillas y movimientos insurgentes en África y América Latina; la aventura fracasada del Che Guevara en Bolivia, que fue precedida por la incursión del revolucionario cubano-argentino en el Congo; la zafra azucarera de los 10 millones, en los años setenta, una más de sus estrategias económicas voluntaristas diseñada para ser la salvación productiva del país y cuyo fracaso estrepitoso le obligó a entregarse definitivamente a la Unión Soviética y tragar con el lodazal burocrático del socialismo real para sobreponerse al colapso. También Fidel Castro fue responsable último de la llegada del quinquenio gris a la cultura cubana y la introducción de un sinnúmero de instituciones acartonadas calcadas de la URSS; del éxodo del Mariel, que lanzó al exilio a 125.000 cubanos en unos pocos meses de 1980, una huida vergonzante que escandalizó al mundo y dividió aún más a las familias cubanas; el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y de otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior acusados de narcotráfico, la fractura interna más grave ocurrida hasta entonces dentro de la revolución. Otros hitos fueron la guerra de Angola, por donde pasaron más de 300.000 soldados cubanos en 15 años; el triunfo de la revolución sandinista en 1979, apadrinada por el líder cubano en los campos de entrenamiento cubanos y en las casas de protocolo de La Habana; el derribo de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate; la crisis de los balseros o la resistencia legendaria del comandante a la política de embargo económico estadounidense, una justificación perfecta para casi todo. En los años noventa, a la debacle provocada por la desaparición del campo socialista el líder comunista sobrevivió enrocándose numantinamente, fue cuando proclamó su consigna de “Socialismo o muerte”. Obligado en los años noventa a iniciar una tímida reforma económica que implicó la legalización del dólar y la apertura de ciertos espacios a la iniciativa privada, Castro se dio cuenta de inmediato de que lo que por un lado era la salvación del régimen por otro carcomía la viga maestra de la revolución. El dólar rompió el país en dos y marcó un antes y un después en la Cuba de Fidel Castro, que desde 1959 había tenido el igualitarismo como su piedra filosofal. Entre 1989 y 1993 el mundo se vino abajo para el socialismo cubano. La isla perdió de un plumazo el 90% de sus suministros y el 35% de su Producto Interno Bruto, y aunque el pragmatismo de Castro le llevó a aceptar una serie de reformas, en el fondo las aborrecía y ocurrió lo que suele pasar cuando alguien hace algo que no desea. Solo así se explican las contradicciones delirantes de algunas de las medidas que se adoptaron entonces para oxigenar la economía, como la autorización del trabajo por cuenta propia. Partiendo de la base de que para Fidel Castro el dinero era pecado y que, según su teoría, quien lo gana en abundancia obtiene unos márgenes de independencia nada conveniente para el sistema, la lista de profesiones autorizadas para ejercer el trabajo autónomo era de espanto: "forrador de botones", "limpiador de bujías", "elaborador de natillas de vainilla" (si eran de chocolate ya era delito), "carretonero" o "aguador", entre otros oficios más propios del siglo XIX. En el caso de los graduados universitarios, la norma que se adoptó también tenía una lógica singular: solo podían ejercer el cuentapropismo si se empleaban en una especialidad distinta de la que se formaron. Pese a todas las restricciones y despropósitos, la iniciativa privada fue abriéndose espacio y el número de trabajadores por cuenta propia creció sin pausa, hasta que superado lo peor de la crisis Castro dio un puñetazo sobre la mesa y él mismo cercenó el proceso de cambios que había respaldado años antes. Así, el siglo XXI entró en Cuba unido al regreso al más estricto centralismo estatal en lo económico y en lo político. Ya en 2003, no le tembló el pulso para enviar a la cárcel a 75 disidentes con sanciones de entre seis y 28 años de cárcel pese a la unánime condena internacional, mientras la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela fue para él un balón de oxígeno —el intercambio de petróleo por servicios de salud fue el pilar de las cuentas cubanas en la pasada década— además de un reverdecer de sus viejos sueños de extender la revolución por el continente. La temprana muerte del líder bolivariano fue para él y para su hermano Raúl Castro un duro golpe. Tras la grave enfermedad intestinal que casi le cuesta la vida y le sacó del ejercicio del poder el 31 de julio de 2006, Raúl Castro se hizo cargo de la presidencia del Gobierno y luego del liderazgo del Partido Comunista. Se inició entonces un proceso de reformas aperturistas muy controlado, así como un desmontaje silencioso del sistema paternalista y de gratuidades sociales creado por Fidel. Desde entonces el líder comunista se mantuvo en un segundo plano, escribiendo artículos sobre diversos temas y clamando contra EE UU y el capitalismo desde su retiro dorado. En enero de 2015, el Gobierno cubano publicó una carta de Fidel Castro en la que, sin demostrar entusiasmo, este respaldaba el deshielo con EE UU emprendido por su hermano Raúl y anunciado en diciembre de 2014, pero alertando sobre hipotéticas deslealtades de Washington durante el proceso hacia la normalización de relaciones diplomáticas. “No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra”, señalaba en un escrito calculadamente ambiguo, dirigido a una federación estudiantil, que difundió el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC). Dictador calavera para muchos, último revolucionario del siglo XX para sus admiradores en el Tercer Mundo, desde hacía tiempo Castro no participaba en las decisiones de gobierno, aunque por su carácter de símbolo hasta el último hilo de vida influyó en el rumbo político del régimen cubano y marcó la línea roja que no debía cruzarse. Ahora ya no existe. Y esta vez sí es de verdad".

"Que pronto mueres.. rosa delicada.. pues abres cuando apenas nace el día.. la tarde te sorprende en agonía.. y la noche te encuentra deshojada.. tu materia alada.. el verde tamo que te sostenía.., sin el objeto de tu poesía.. ha de morir y  convertirse en nada.-. Más no mueres del todo.. flor hermosa.. nos queda la verdad de tu existencia.. la verdad de tu muerte.. por eso rosa.. nos queda tu fragancia deliciosa..  y la eterna visión de tu presencia.. pues siempre habrá una rosa y otra rosa". El soneto es de la autoría de Neftalí Beltrán.

Si mis manos pudieran deshojar "Yo pronuncio tu nombre.. en las noches oscuras.. cuando vienen los astros.. a beber en la luna.. y duermen los ramajes de las frondas ocultas... Y yo me siento hueco de pasión y de música.. loco reloj que canta.. muertas horas antiguas... Yo pronuncio tu nombre.. en esta noche oscura.. y tu nombre me suena.. más lejano que nunca.. Más lejano que todas las estrellas... y más doliente que la mansa lluvia... ¿Te querré como entonces alguna vez?.. ¿Qué culpa tiene mi corazón?.. Si la niebla se esfuma.. ¿qué otra pasión me espera? ¿Será tranquila y pura?.. Si mis dedos pudieran deshojar a la luna".

1) El poder es el afrodisiaco más fuerte": Henry Kissinger. 2) "El político debe tener: amor apasionado por su causa, ética de su responsabilidad, mesura en sus actuaciones": Max Weber. 3) "El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ocurrió lo que él predijo": Sir Winston Churchill. 4) "Un amigo en el poder es un amigo perdido": Henry Brooks Adams. 5) "La libertad política es la condición previa para el desarrollo económico y el cambio social": John F. Kennedy. 6) "En política lo importante no es tener la razón, sino que se la den a uno": Konrad Adenauer. 7) "Cuando alguien asume un cargo público, debe considerarse a sí mismo como una propiedad pública": Thomas Jefferson. 8) "Del mismo modo que nunca sería un esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia": Abraham Lincoln. 9) "La política es como las matemáticas: todo aquello que no está totalmente correcto, está mal": Edward Kennedy. 10) "En política si quieres que algo se diga, pídeselo a un hombre; si quieres que algo se haga, pídeselo a una mujer": Margaret Thatcher.

1) En el sexenio de Rafael Hernández Ochoa, durante una reunión social, el gobernador "amenazó" a dos de sus cercanos colaboradores; "si no se casan de aquí a seis meses... los ceso". Antes de ese plazo, el Tesorero General del Estado RMP, y el Director General de Educación Popular GZM, contrajeron nupcias. Quien casó a ambos fue el entonces alcalde de Xalapa, Rubén Pabello Rojas. 2) El ex-diputado federal, ex-alcalde y ex-Director de Catastro estatal, Domingo Yorio Saqui, es quien cuenta con la mejor colecciòn de mùsica de salsa en la entidad. 3) Rafael Ortiz Castañeda y Ernesto Aguilar Yarmuch laboraron con Dante Delgado Rannauro cuando éste se desempeñó como embajador de México en Italia.
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