Si mis manos pudieran deshojar. "Yo pronuncio tu nombre.. en las noches oscuras.. cuando vienen los astros.. a beber en la luna.. y duermen los ramajes de las frondas ocultas... Y yo me siento hueco de pasión y de música.. loco reloj que canta.. muertas horas antiguas... Yo pronuncio tu nombre.. en esta noche oscura.. y tu nombre me suena.. más lejano que nunca.. Más lejano que todas las estrellas... y más doliente que la mansa lluvia... ¿Te querré como entonces alguna vez?.. ¿Qué culpa tiene mi corazón?.. Si la niebla se esfuma.. ¿qué otra pasión me espera? ¿Será tranquila y pura?.. Si mis dedos pudieran deshojar a la luna".

"Soy humano, una criatura falible, con su fardo de pecados y de algunas cosas buenas. No me arrepiento de mi pasado ni me doy golpes de pecho. Lo único que puedo decir es que sigo amando a la vida". Así se expresaba Octavio Paz dos años antes de su muerte, el 19 de abril de 1998, ante la pregunta de Braulio Peralta de ¿cómo se contempla a sí mismo?. La poesía fue el destino de Octavio Paz, y como muchas otras actitudes de su vida, la defendió con las uñas de su palabra. "La gran poesía- decía el poeta-, la última o la mejor, debe ser clara y anónima, como la del Romancero Español, algo que se pueda beber a todas horas y en todas las épocas". Descreía que la poesía moría con el poeta. De aceptarlo, decía, significaría aceptar la muerte de la humanidad". Es parte de lo que sobre Paz escribe Luis Gastélum en su libro "Pasajeros con destino. De escritores y otros viajeros", de Editorial "Hojas de papel volando".

Lo confieso, irremediablemente, en la época de mi juventud tardía (cuando estaba dejando de ser un adolescente para entrar a la adultez), digamos que cuando rondaba los 16-18 años, había dos personajes que cuando soñaba despierto me decía a mí mismo: ‘¡Híjoles, cuando sea grande quiero ser como alguno de estos dos tipos’!, y por un lado estaba la figura harto flemática del agente secreto 007 (Al servicio de su Majestad) James Bond y, por la otra, la de un hombre que por muchas razones que no viene al caso comentar aquí –se los dejo a su imaginación-, era algo así como mi héroe personal, Hugh Hefner, sobre todo cuando salía fotografiado ataviado como casi siempre, con su bata de estar de seda color púrpura y solapa negra, y rodeado por un ramillete de chicas hermosas, a la sazón ‘playmates’ de su afamada revista Playboy, ¡ufff!. Por favor no me vayan a tildar de insensato, son cosas de la vida, cuando volteo hacia atrás lo atribuyo al ímpetu irrefrenable que muchos tenemos a esa edad, por fortuna mi visión cambió en cuanto a estereotipos, y es que el 9 de abril de 2016 justamente Hugh Hefner, el fundador de la tal vez más icónicas de las revistas, Playboy, cumplió 91 años y 64 su magazine, notable por donde se le quiera ver. Ya lo he dicho aquí en otras ocasiones, el material fotográfico que aparecía en sus páginas centrales era una razón más que suficiente para adquirir la revista, pero aunque no lo crean no era necesariamente lo más importante, a través de ella aprendimos mucho de la literatura del siglo XX y conocí a grandes autores, desde Henry Miller, Mailer, Capote, García Márquez y Murakami, y también por Playboy se nos acrecentó el gusto por el cine, el teatro, la música, el arte y los temas culturales en general. Estamos hablando de una revista que ayudó a cimentar en el mundo occidental la idea primaria de la revolución sexual a partir de su aparición en la segunda parte del siglo XX, que nos ayudó a ver temas tabú con naturalidad, sin mayores inhibiciones, además Playboy estaba editada con una calidad superior. Hefner ya no pudo llegar a los 92 años. Lo escribió en 2016, Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal. Foto de "New York Times"..

En aquellos años pretéritos, estamos hablando de mediados de los ochenta, o sea ya hace algunos años, era –y sigue siendo- un lugar común ir a comer en la capital a los famosos “botaneros”. De hecho un servidor lo más parecido que conocía eran las cantinas, más eufemísticamente llamados bares, había emigrado de la CDMX en donde esos lugares son verdaderos templos del buen beber y del buen comer –cuando pasa uno enfrente de ellos mínimo hay que santiguarse y en una de esas hasta hincarse-: “El Nivel”, catalogada como la más antigua de la CDMX; “La Ópera”, famosa porque aún aloja un balazo de Pancho Villa en una de sus paredes; “La Montejo”, muy cerca de la Universidad Lasalle en Benjamín Franklin; “La Polar” en el Circuito Interior y el “Gante”, en la calle que lleva el mismo nombre, y para qué le sigo porque van a tildar al que esto escribe de sibarita, la cosa es que en Xalapa empezamos a descubrir esos lugares en los que con una cerveza le sirven a uno una botana muy típica, fue entonces cuando descubrimos el famoso “Veinte”, que está ubicado en la calle de Miguel Alemán 20 y que para no quebrarse mucho la cabeza le pusieron por nombre el número de su domicilio. En aquellos años el “Veinte”, que se me perdone la expresión, era una cantina más bien con facha de cantinucha por la que no daba uno ni un tostón por ella, pero bueno, la cosa era “explorar”, y la primera vez que fuimos ¡qué grata sorpresa!, a la primera chicha que pedimos que nos sirven un caldito (texmole) rojo de puerco, picoso, delicioso, acompañado de sus respectivas tortillas; después, a la segunda güera, te hacen llegar uno o dos tacos dorados de papa o pescado con su respectiva lechuga, crema y queso espolvoreado, pero eso es nada más como abrir boquete, el “Veinte” tiene servicio a la carta con platillos que se han vuelto un emblema de la comida del mediodía: cecina con frijoles refritos y rodajas crudas de chile jalapeño y cebolla con sal y limón; el queso fresco o tipo jarocho frito, servido igual con la misma guarnición y tortillitas, y de ahí una carne enchilada hasta una mojarra al gusto. Hoy el “Veinte” ya no es más lo que fue, ya dejó atrás ese sabor como de barrio y se ha convertido en un lugar hasta “elegantioso”, pero sigue conservando ese sazón en sus platillos único en Xalapa que siempre deja satisfechos a sus comensales, ¡ahh, y una cosa más!, siempre encuentra uno a buenos amigos con los que se ha coincidido a lo largo de todos estos años con los que se disfruta más la visita al famoso “Veinte”. Lo escribió, en 2018, Marco Aurelio González Gama, directivo de "Crónica del Poder". Foto de Facebook.

"La cortesía no cuesta nada y gana mucho": Lady Mary Worthley. 2) "Las atenciones, las amabilidades son esas pequeñas cosas que a menudo florecen en grandes afectos": Dr. Pauchet. 3) "Hay en la cortesía, provecho y encanto": Eurípides.  4) "La cortesía es el perfume de la bondad: nos acerca a los hombres y nos allana el camino de la vida: Paolo Mantegazza. 5) La cortesía es hermana de la caridad, que apaga el odio y fomenta el amor: San Francisco de Asís.  6) "Una de las mayores victorias que se pueden obtener es la de ganarle a alguien en cortesía"; J. Biling. 7) "La cortesía es una rama de la caridad": Juan XXIII.  Tomado del portal "Pensamientos".

"Sin familia, sin el calor del hogar, la vida se vuelve vacía, comienzan a faltar las redes que nos sostienen en la adversidad, las redes que nos alimentan en la cotidianidad y motivan la lucha para la prosperidad. La familia nos salva de dos fenómenos actuales, dos cosas que suceden: la fragmentación (la división) y la masificación. La familia es escuela de humanidad, escuela que enseña a poner el corazón en las necesidades de los otros, a estar atentos a la vida de los demás. Las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad. Es cierto, no existe la familia perfecta, no existen esposos perfectos, padres perfectos ni hijos perfectos, y si no se enojan yo diría suegras perfectas. Pero eso no impide que no sean la respuesta para el mañana. Cuidemos a nuestras familias, verdaderos espacios de libertad y de amor. Cuidemos a nuestras familias, verdaderos centros de humanidad". Es parte del discurso del Papa Francisco que ofreció hace tiempo en un encuentro con familias en Santiago, cuando visitó Cuba. Foto de archivo.

1) "La prudencia es el más excelso de todos los bienes": Epicteto. 2) "Mezcla a tu prudencia un grano de locura": Quinto Horacio Flaco. 3) "Un hombre prudente no pone todos sus huevos en un mismo cesto": Miguel de Cervantes. 4) "Sé prudente. Lo mejor de todo es escoger la situación": Hesiodo de Ascra. 5) "El hombre prudente no espera ni teme nada de los inciertos acontecimientos del futuro": Anatole France. 6) "Es gran prudencia: cuando el daño puede remediarse, que se remedie; y cuando no, que se disimule": Marco Aurelio Antonio. 7) "El hombre prudente sólo piensa en sus dificultades cuando ello tiene remedio; cuando no, piensa en otra cosa": Bertrand Rusell. 8) "El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras": William Shakespeare. 9) "La prudencia es signo de madurez en un ser humano: al hablar, al intervenir, o no hacerlo, en determinadas situaciones; al pensar bien- e incluso consultar a quién más sabe- antes de tomar decisiones importantes; al esperar la mejor ocasión para hacer las cosas, para no irse a los extremos y guardar siempre un equilibrio en nuestras vidas. La prudencia y el equilibrio en las opiniones y en las acciones hablan bien de los seres humanos": FHS

Una de las cosas que debo agradecer a mis 60 años, para bien o para mal –para mal también aunque no lo crean, qué paradojas-, es que la vida me dio la oportunidad de tener una formación integral. Vamos, para que me entiendan, de que al lado de la educación formal propiamente dicha, también recibí una educación de vida. Y esa educación empieza a recibirla uno desde que nace, en el seno familiar. Mi madre y mi padre fueron mis primeros maestros. De la primera, por esa inteligencia emocional tan propia de las mujeres nacidas a principios del siglo pasado, en muchos sentidos hechas a sí mismas, infaltables en la casa; del segundo, por su sabiduría e inteligencia innata, mi padre era un “viejo lobo de mar”, hasta para los juegos de azar. Pero por otra parte está la educación espiritual –en la cual también estuvo involucrada mi madre-, en donde la más cercana al corazón de mis tías maternas (tan llena de vida a su casi centena de años), me enseñó esa parte que todos los seres humanos debiéramos tener, y que consistió en nada más y nada menos aprender, comprender y asimilar el misal católico romano cuando siendo un infante iba de su mano a escuchar la misa en la hoy Catedral de mi pueblo. De ella recibí lo más valioso de la liturgia, de sus tres momentos fundamentales, a escuchar con atención el sermón de la palabra (de Jesús), y cuánto era lo que tenía que responder como fiel católico en esa ceremonia. Ya voy poco a misa, solo en ocasiones muy especiales. Eso sí, hago mucha contrición, no precisamente como un acto de arrepentimiento –que también lo hay-, sino como una reflexión hacia mi yo interno, del por qué nos pasan estas cosas tan tremendas como las que estamos viviendo. Acostumbro decir plegarias. Hoy más que nunca me acuerdo de “Dulce madre”, no para mí, sino para todo el mundo. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

1) "El trabajo de amarte.. como tú debes ser amada.. el trabajo solamente mío. 2) Y mis enfermedades, mi desdicha.. mi soledad que nada.. conseguía quitar, ¿qué cosa fueron.. si no lecciones duras.. de amor, que me obligaban a buscarte?. 3) Mis pasos, los primeros..sin que nadie pudiera sospecharlo.. me llevaban a ti. Cada palabra.. que mi boca aprendía.. me preparaba a pronunciar tu nombre. 4) Cuando jugaba estando solo.. jugaba a estar contigo.. 5) Después de cada gozo conseguido.. de cada sed vaciada.. de cada esfuerzo pleno.. estabas esperándome tranquila. 6) Ya ves por qué te quiero bien ahora.. mi amor no es cosa nueva,.. como a la muerte, irremisiblemente.. desde el nacer te estaba destinado". Los incluyó Francisco Morosini en su libro "El frágil recuerdo". Tanto a Bonifaz Nuño como a León Felipe, "Paco" refiere en el texto, que los conoció un domingo cerca de la Calzada de los Poetas, en el Bosque de Chapultepec, en la ciudad de México, donde los poetas expresaban de propia voz sus creaciones".

Lo he dicho muchas veces, nada de lo que es humano me es ajeno (Publio Terencio Africano), nada del ser humano me es extraño, nada repelo. Y no lo digo como justificación por lo que voy a contar a continuación. Seguramente para mucha gente este tipo de noticias son intrascendentes y no valen la pena detenerse un momento a leer. Pero a mi sí, tienen cierto su embrujo. Bueno, la cosa es que hace cuatro años falleció el llamado “Káiser” de la moda, de lo que los expertos llaman la alta costura, Karl Lagerfeld. Fue, por decir lo menos, un tipo extravagante con una imagen de mamón y exquisito que no podía con ella ("odio las conversaciones intelectuales con intelectuales porque solo me importa mi opinión”), pero un genio en el arte de diseñar y confeccionar prendas para dama que se cotizaban como joyas. Lagerfeld, era, para que se me entienda, una especie como de Salvador Dalí, un tipo único, un alemán rudo de origen campesino que se convirtió en el rey de las pasarelas de moda de París, Milán y Nueva York al frente de las colecciones de la Casa Chanel). Como todos los grandes costureros, se sentía único y como tal no podía ver a otros costureros, para quienes conocen de estas cosas, Lagerfeld era un genio. Antes que aquel grupo español que no cantaba y tampoco bailaba, puso de moda el abanico como un atuendo chic, por supuesto abanicado con mucho estilo. Siempre uso coleta de torero y durante más de 50 años no se quitó las gafas oscuras ni para bañar. Era un espectáculo verlo rodeado de sus modelos, despampanantes mujeres por supuesto, y él, cual rey pavorreal extendido al encendido vibrato de los aplausos que rendían culto a su magistral tijera y dedal. Lo escribió Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.