1) A la analista política Denise Dresser, hace unos seis años que vino a Xalapa, invitada por Ricardo Ahued, a dar una conferencia, le preguntaron que sí tanto conocía sobre la política nacional y tanto criticaba las acciones de los políticos, por qué no se lanzaba como candidata a la Presidencia de la Republica, habida cuenta de que recorre el territorio nacional impartiendo conferencias. Contestó que no se lanzaba, porque dejaría vacío un importante espacio dentro de la defensoría de la sociedad civil, lo que no convenció mucho. 2) El ex-canciller Jorge Castañeda es el que más sabe sobre chismes políticos en este país. 3) El periodista Carlos Marín irradia una gran simpatía hacia todos los televidentes que lo observan en varias programas. 4) Jorge Zepeda Patterson además de un gran analista político, escribe libros y novelas y con una de ellas: "Milena y el fémur más bello del mundo" se ganó el "Premio Planeta" en España.

1) "El que tiene un amigo verdadero puede decir que tiene dos almas": Anónimo. 2) "La amistad sólo puede tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad": Dalai Lama. 3) "La primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas, y hacer cosas honradas por los amigos": Charles-Paul de Kock. 4) "La amistad nace con la luz y se afirma con el trato": Jean Baptiste Poquelin Moliere. 5) "¡Dios nos libre de enemistades de amigos!": Lope de Vega. 6) "La amistad es el matrimonio del alma y este matrimonio está sujeto al divorcio": Francois Marie Arcuet de Voltaire. 7) "La amistad es el vino bueno de la vida": Edward Young. 8) "La amistad es un perfecto acuerdo sobre todas las cosas divinas y humanas, junto con un sentimiento recíproco de benevolencia y afección": Marco Tulio Cicerón. 9) "La amistad es como la música: dos cuerdas del mismo tono vibrarán a la vez aunque solo se pulse una": J. Quarles. 10) "La amistad es un tesoro valioso, que necesita de dos guardianes permanentes": José Narosky.

No la he visto, espero poder verla pronto, pero a propósito de esta saga de películas inspiradas en la historia del legendario boxeador de la categoría de pesos completos, Rocky Balboa, por supuesto que hablo en el lenguaje de la ficción, recordaba a aquella no menos legendaria primera entrega del año de 1977 que ganó el Oscar a Mejor Película y al Mejor Director (John G. Avildsen), escrita y protagonizada por el propio Silvester Stallone, que una de las cosas que más me deslumbró de esta cinta fue su maravillosa banda sonora. ¡Ah qué cosa más maravillosa nos regaló esa película gracias al talento de Bill Conti!, de mis compositores de cine preferidos después de, en riguroso orden descendente: Ennio Morricone, que este año se retira de la dirección musical a la edad de 90 años y después de una larga carrera de más siete décadas -¡MAESTRO, que grande es usted!; John Williams, Henry Mancini y antes de John Barry (007), Hans Zimmer y Lalo Schifrin. Qué les puedo decir de esta enorme música para el cine. Refrenda en lo que siempre he estado consciente, entre otras cosas por la música soy un eterno enamorado del cine. Con la música del celuloide he soñado, he reído, he llorado –sí, chinago, y mucho y muchas veces-, me he divertido y he lamentado no haber tenido el talento para dedicarme a la música. Y es que cómo olvidar las maravillosas fanfarreas del tema principal de ‘Rocky’, y cómo olvidar su carrera en las escalinatas del Museo de Arte de Filadelfia y que, curiosamente la escalinata es más famosa que el propio museo. Son las escaleras que subía corriendo Rocky. Son las escaleras que, ahora, cuarenta y dos años después del estreno de la película, muchas personas suben corriendo para tomarse la foto o el vídeo de recuerdo. ¡Qué grande es el cine y su música, carajo! Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Francisco Javier Parrilla Benita, exiliado también, era el profesor de quinto año. Nació un primero de marzo de 1908 en Villar de Cañas, un pequeño municipio de la provincia de Cuenca, en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, en la parte central de España, muy cerca de Madrid. Al igual que el resto de profesores del Grupo Escolar Cervantes en Córdoba, Veracruz, formó parte de su plantilla original a la fundación de este en el año 40. El profesor Parrilla, probablemente fue el más reservado entre los profesores del Cervantes, era de pocas palabras pero decía mucho con la mirada. Lo recuerdo todavía hoy, hasta parece que lo estoy viendo parado frente a mí, de figura más bien baja y levemente regordeta, frente amplia, cejas rebosantes, de sonrisa discreta, siempre serio y poco afecto a expresar con sus emociones. En aquella época de la escuela primaria, todavía no era censurado ni mal visto el fumar en espacios públicos cerrados, por lo que el profesor Parrilla, amante del tabaco, se despachaba cuatro o cinco cigarrillos ‘Del prado’ con filtro en plena clase, pocas veces se quitaba el pitillo de la boca en donde se iba acumulando la ceniza en una suerte de equilibrio que evitaba que cayera al suelo. ¡Cosas que recuerda uno de aquellos años! Con Parrilla conocimos el continente americano desde el Mar de Bering y las Islas Aleutianas hasta la Tierra del Fuego, Norteamérica, Centro y Sudamérica, países y sus capitales, y con él aprendimos a dibujar con el polvo raspado con una Gillette de los lápices de colores, a jugar con la luz, las sombras y la perspectiva, o simplemente a dibujar con el lápiz negro. El dibujo y la caligrafía clásica eran dos de sus pasiones y manejaba el pantógrafo con singular destreza. Parrilla fue un hombre estricto a más no poder, tenía muy claro el principio de autoridad que debía imperar en el salón de clases, por lo que su trato a los alumnos era más bien seco. Buscando algo de sus antecedentes en España, me he encontrado con que fue un sindicalista consumado y un árbol genealógico con datos familiares que se remontan hasta el siglo XVII. A la muerte de Franco y una vez restaurada la democracia en su tierra natal, el profesor Parrilla gozando ya de su jubilación regresó a vivir a España en donde falleció a una edad avanzada. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

De vez en vez es bueno regresar a las cosas cotidianas, aquellas pequeñas cosas, disímbolas, en apariencia intrascendentes, cosas que de repente se le vienen a uno a la memoria, cual ‘flashazos’ –flashbacks-, que siente uno como que renace de entre sus cenizas. Y es que me estaba acordando, no sé por qué –así son los flashazos-, de las llamadas tortas pleonasmo o pleonásticas, ¿las ha comido usted? Antes debo decir que el que esto escribe es un amante de las tortas, son de las cosas que más extraño de mi tierra aquí en Xalapa. En mi pueblo, la especialidad de la casa, digamos que el plato por excelencia que consumimos las masas, son las tortas, de pierna de puerco blanca –no enchilada o adobada-, de jamón envinado, ¡pero el auténtico!, no el que pintan en los supermercados con vino jerez y azúcar mascabado, el de El Borrego, jugoso y tierno, y de ahí hay una gran variedad de tortas que van desde las que se hacen con jamón serrano, lomo embuchado y salamis. Hay también de lomo adobado, de queso de ‘bola’, quesillo y manchego, pero las auténticas son las dos primeras que mencioné, en ‘Pedro’ –un buen día como no queriendo se despacha como 1,000-, ‘Pepín’ –la salsa de chile serrano, cebolla y cilantro picados son de época- y El Borrego –nada más le ponen a cada bolillo como 150 gr. de jamón-, pero cuando vaya al ex D.F., no deje usted de probar las tortas pleonasmo o pleonásticas, muy, pero muy llenadoras, y para comerlas olvídese usted que está sometido a un régimen dietético, hay que comerlas sin remordimientos de ninguna clase, como si no hubiera la promesa de un mañana. Las de tamal, también llamadas 'guajolotas', son el exceso del exceso, dicen que ya las comía Cuauhtémoc, y recién surgió en la esquina de Alfonso Reyes y Tamaulipas, en un puesto de la calle, la torta de chilaquil, rojos o verdes, con bastante queso fresco desboronado, crema agría y cebolla, más su respectivo chile jalapeño en vinagre o habanero. Si no las ha probado, ¡pruébelas!, son auténticas ‘Michelin’, eso sí, si va a las auténticas de la Condesa, llénese de paciencia porque a veces hay que hacer una cola como de 100 comensales. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.  

Una de las cosas más memorables de la época decembrina (del invierno temprano) de mi tierra –Córdoba, por si alguien lo ignoraba-, que es a su vez una delicia de la gastronomía de la región, herencia culinaria que heredamos de los antiguos habitantes náhuatls que moraron esta parte del centro de Veracruz, en donde empieza el trópico húmedo digamos, la montaña termina y comienza la planicie que empieza a declinar hacia el litoral y la Cuenca del Papaloapan. Los tepejilotes seguramente los degustaron los señores que dominaron esta parte del imperio azteca, el “lugar de los amates” (papel) y que hoy, en mi tierra, los paladeamos con singular gusto porque son un tesoro de dioses. Los tepejilotes son una especie de tallos que se extraen de las palmas camedoras (Chamaedorea tepejilote), que crecen de manera silvestre bajo las sombras de los árboles y que estas a su vez proporcionan sombra a las cafetales. Ya recolectados tienen forma como de cucuruchos que se abren a todo lo largo para ser extraídos después de quitarles varias capas del tejido que los recubren. Son de un color entre amarillo claro y verde. Los hay muy tiernos y suaves de sabor delicado, hasta los recios de sabor fuerte tirando a amargos. Se cuecen en abundante agua salada y ya cocidos la gente acostumbra prepararlos a la vinagreta (con chiles jalapeños, zanahorias, cebollas y ajos aromatizados con hierbas como el laurel, orégano y bolitas de pimienta y sal) o se capean acompañados de queso redondo fresco cordobés con envoltura de hoja de plátano, servidos solos o con caldillo de jitomate. Su sabor ya cocinados es insuperable. Son de estas épocas porque se empiezan a recolectar a finales de octubre. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Con un poco de retraso, traigo las composiciones corales favoritas de la temporada navideña, que no son nada más para escuchar en esta época, son tan ricas musicalmente que se pueden escuchar en cualquier momento. Además, hay muchas versiones de ellas, desde las meramente instrumentales hasta las orquestaciones acompañadas de grandes coros. Por el virtual arribo de los Tres Reyes Magos comienzo con ‘We Three Kings’ (of orient are) https://www.youtube.com/watch?v=HDqTL49OwDA cuya traducción es ‘Somos tres reyes de oriente’ y que relata la historia de tres reyes que vienen de oriente siguiendo una estrella para llevar regalos al niño Jesús el salvador (incienso, oro y mirra). Preciosa composición. La siguiente recomendación es ‘God rest ye merry, gentlemen’ (‘La paz a ustedes Dios les dé’) https://www.youtube.com/watch?v=FlfHyb397VY y que habla más o menos de que los hombres no tenemos nada que temer porque acaba de nacer Jesús el salvador del mundo… La tercera que recomiendo es una pieza muy clásica que hasta cantada por Manuel Mijares se escucha bien, se trata de ‘Adeste Fideles’ (‘Venid fieles’) https://www.youtube.com/watch?v=Kz13ufATook que es una maravillosa composición que invita a los fieles a venir a adorar al Señor… Las tres por supuesto son de inspiración católica cristiana que se cantan en todo el mundo que sigue esa religión. La de los tres reyes magos es una composición celta que normalmente se escucha con arreglos con esa influencia musical. En lo particular ha renacido en un servidor la ilusión por el 6 de enero, esta vez tengo una invitada, mi nieta, a quien seguramente algo le traerán esos maravillosos seres venidos de oriente. Foto de ngenspañol. Lo publica Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Mejor conocido simplemente como Salvador Díaz Mirón, nació en el puerto de Veracruz un 14 de diciembre de 1853 y murió el 12 de junio de 1928, o sea hace unos mese cumplió 90 años de muerto, y veo no sin pena que, conforme transcurre el tiempo, la figura del poeta por antonomasia de Veracruz se me hace cada vez más lejana, sobre todo después de una infancia en donde se leía mucho su poesía. El Dictamen, ‘el decano de la prensa nacional’, por ejemplo, era un periódico que no dejaba descansar al vate, muchos domingos de los años setenta disfruté en sus páginas dominicales de los versos de Díaz Mirón y hoy, con pena observo que su obra se pierde en la lejanía del tiempo. No sé, a lo mejor es mi percepción pero siento que nos estamos olvidando de él. Yo pertenezco a una generación que uno solo de sus poemas nos dejó marcados a muchos para siempre, “Paquito”, que era como el espejo en el que nos mirábamos todos cuando alguna vez fuimos niños, hacíamos travesuras y pedíamos perdón a nuestros padres ¡jurando que no lo volveríamos a hacer! -¡qué mentira más grande!-: “Papá no me quiere. Está donde juzga y riñe a los hombres que tienen la culpa. Si voy a buscarlo, él bota la pluma, se pone muy bravo, me ofrece una tunda. Mamá, soy Paquito; no haré travesuras”. Y nunca dejé de hacer travesuras. Lo escribió Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Por casualidad me encontré al célebre Tirso (Tito) Cházaro Rosario en una plaza comercial de Xalapa. Iba en compañía de su hermana Esther y de su esposo, mi amigo y paisano, el doctor Armando Balderas Carrillo, entre paréntesis especialista en aparatos médicos para problemas auditivos (sordera). Total que tuve oportunidad de intercambiar algunas impresiones con este hombre, casi una leyenda, al que he tenido pocas oportunidades de tratar en razón de los largos periplos que acostumbra este que es uno de los hijos del insigne poeta y decimero tlacotalpeño, el Lic. Guillermo Cházaro Lagos. Para no hacerles el cuento largo, Tirso, que no hace mucho ganó los titulares de los principales diarios italianos por un asunto del cual no voy a abundar aquí, pero que tiene tintes como de una novela escrita por John Le Carré, le prometió al que esto escribe platicarle cómo estuvo en realidad aquel asunto y qué fue lo que en verdad sucedió aquel ya lejano invierno del 2001 en el puerto mediterráneo de Portofino. Vamos a ver, pero el relato podría tener tintes como para un argumento de película estilo “La espía que me amó”. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

El poder ante la nada Jesús Silva-Herzog Márquez 04 Mar. 2019 No hay más brújula que la presidencial. No hay en el país otro instrumento de orientación pública. Todos nos ubicamos en el espacio a partir de las señales que de ahí surgen. Todos viéndolo a él. Escuchándolo a él. Alabándolo o condenándolo. Reaccionando a lo que él dice y deja de decir. Sus ceremonias son, sin duda, eficaces: el Presidente es el único generador de sentido. Ahí el norte y sur, el pro y el contra. Su presencia es abrumadora. Todos los días se hace sentir su poder. Más que como poder de decisión se presenta como un poder de fabulación: el Presidente convertido en el gran narrador que todas las mañanas nos relata el cuento que somos. El poder se ubica en la voz de un hombre que no ha guardado silencio un solo minuto. El Presidente habla y parece que solo el Presidente tiene voz. Si alguno de los suyos habla es bajo la severa vigilancia del Presidente. Al hablar, sus ministros sienten la respiración del jefe en el cuello. Sin descanso, la voz presidencial denuncia los horrores del pasado y celebra las maravillas del futuro inminente. Anuncia programas, aplaude la nueva era de México, señala a los traidores, da consejos de crianza, predica, extrae lecciones de la historia, insulta, se burla de los otros y los consuela. Todos los días, la voz del Presidente. Y frente a esa voz, la nada. De esa nada hay que hablar. De la nada en que se convirtió la oposición desde julio. De la nada que nada ha entendido desde entonces. De esa nada que hoy nada propone. De la nada que se empeña en ser menos. El vacío de la oposición es la marca más preocupante de la nueva política. El problema que enfrentamos no es la aparición de un gobierno mayoritario. Tener un gobierno que tenga el respaldo de la mayoría de los votantes y el apoyo de la legislatura puede tener sus ventajas: despeja el terreno para las decisiones, aclara la responsabilidad, alienta, en principio, la eficiencia. La formación de un gobierno mayoritario permite escapar de la política de los vetos, esa que con tanta facilidad se convierte en política de atascos, extorsiones y complicidades. Pero aun un gobierno de despejada mayoría necesita una oposición sólida que se prepare para el relevo. Una oposición atenta, capaz de ofrecer alternativa y dispuesta a señalar errores y abusos. Una opción que exponga a la opinión pública otra manera de entender la política, que ofrezca otro relato, que dibuje otra posibilidad. No se ve por ninguna parte esa alternativa que haga sombra al gobierno, que siga con atención sus pasos para hacer públicos sus tropiezos, que le dispute al gobierno el monopolio del relato público. No hay oposición que vigile, que explique, que cuestione, que destape y que critique. No se escucha la voz de las oposiciones y si aparece de pronto, resulta irrelevante. Las minorías siguen, al parecer, lamiéndose las heridas de julio. Saben bien que, en buena medida, se provocaron su propia desgracia y no se atreven a afrontar su propia crítica. Quisieran pasar página, pero no podrán hacerlo si no encaran la responsabilidad que les corresponde. Por ello no pueden levantar la cabeza. Por ello siguen pasmadas. Despistadas y disminuidas, se esconden en sus sótanos. La única esperanza que tienen es llegar a cosechar el error de los otros. No encuentran más palabra que el lugar común. La frase gastada, el lema hueco. Temen el aire libre, les aterra el futuro. Continúan pagando la cuenta de sus despropósitos y no logran dar el salto al presente. Las oposiciones saben bien que los votos no solamente les quitaron poder. La derrota de julio no fue una derrota ordinaria. El castigo sumió a los partidos tradicionales en la más profunda crisis de identidad de su historia. Se trata de una crisis de sobrevivencia. No exagero. Los interrogantes son complejos: ¿cómo reinventarse en el nuevo régimen? ¿Cómo lidiar con un liderazgo tan potente y tan disruptivo como el de López Obrador? ¿Qué hacer con el pasado propio? ¿Cómo encarar el magnetismo de la nueva hegemonía? ¿Hay espacio para la reforma o es necesario disolverse para inventar algo nuevo? Lo cierto es que murió el sistema de partidos. Murieron los defectuosos equilibrios de la transición. Tenemos frente a nosotros a una nueva mayoría con ambición hegemónica. Una situación de partidos que, por imbatible que parezca ahora, no podemos dar por consolidada. http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/