Mientras escribo se desarrolla el tercer set de la final de Wimbledon entre Su Majestad Roger Federer y esa especie de enfant terrible, el serbio siempre inconmensurable de Novak Djokovic. Poder contra poder, la maquinaria suiza perfecta en contra de un todo terreno. Van uno a uno, voy con el suizo. Pero, caray, Wimbledon es el Tenis más flemático que uno pudo imaginar alguna vez, de pipa y guante, de sombrero de copa y Pamelas, y no más porque es políticamente incorrecto fumar hasta en espacios abiertos, pero no dude usted que ya se hubieran visto desfilar por el graderío pipas calabash, hombres con boinas inglesas y escocesas y chalecos de rombos de punto de cashmere. Estos ambientes son muy duques de Cambridge, por eso Wimbledon es Wimbledon, como dirían los chavos, “otro pedo”. Caray, es que qué Tenis se ve en esta catedral del deporte blanco, otro nivel, la semifinal entre Federer y Rafa Nadal fue un espectáculo en donde el suizo marcó su territorio, el macho alfa del clásico británico es él y nada más, así sea ante el ímpetu, coraje y la calidad tenística del manacorense, hay Federer para rato a pesar de que el mes que entra va a cumplir 38 años. Y de Novak qué se puede decir que no hayamos dicho antes, es un bárbaro el balcánico, es frío, calculador, tiene un saque poderoso, pero sobre todo es un tipo inequívoco, inmutable y anticlimático, llueve, truene o relampaguee, Djokovic siempre va a ser Djokovic. Lo comenta Marco Aurelio González Gama, directivo de este portal

Conocí a Ernesto Aguilar Yarmuch de la manera más extraña, nos topamos en un súper mercado y sin querer intercambiamos recomendaciones de productos gourmets, a partir de ahí he logrado “edificar” una muy buena relación de amigos alentada, entre otras cosas, por el gusto que compartimos ambos por la buena cocina, el mero mero del mejor restaurante de cocina típica de las Trancas es un amante de la buena cocina mexicana, de la cocina libanesa y, ¡faltaba más!, de la cocina italiana. Las tres cocinas las domina a la perfección tanto en su confección como en su degustación, últimamente le está dando por la cocina española, a la que le ha tomado un gusto que lo ha llevado ya a dominar el arte de la confección de la tortilla de patatas, de la que, no es por presumir, el que esto escribe después de mucho batallar (lidiar con la “prueba y error”) ya empieza a dominar como mandan los cánones, desde una tortilla tierna hasta la muy bien cocida, con su proporción exacta de huevos, cebolla, ajo (no más de un diente), sal, pimienta y un chorrito de agua. Platicar con Ernesto en su feudo, disfrutando de un buen expreso o de un tinto es una delicia, sobre todo si de por medio está el tema de la cocina, los quesos y las pastas italianas, de la ‘Ciudad Eterna’ (Roma), del sur de Italia que conoce muy bien y, últimamente de un tema que explicablemente acapara toda su atención, que son sus dos nietos, uno de su hijo Giovanni, que vive en Italia, y el otro de su hija Valeria, que vive en Xalapa, completando el cuadro ideal de Ernesto su esposa Silvana Messinese, italiana de pura cepa, nacida en Vittoria, Sicilia, o sea a los pies del Mediterráneo y enfrentito de la costa africana septentrional. Aunque parezca raro, pero con Ernesto queda poco rato para hablar de política. Hace ya un buen rato Ernesto me invitó a degustar un delicioso tallarín excelentemente procesado y cocinado por él, aderezado con una salsa de queso Taleggio (este queso ya lo comían los italianos hace más de mil años) y hongos porcinis, casi nada, ya para terminar un cafecito expreso de granos cordobeses. Lo escribíó Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Estoy releyendo un texto que hace ya algunos años me recomendó el que fue mi gran amigo, Octavio Castro López, notable filósofo, decano de la Universidad Veracruzana (desaparecido en 2004), se trata del libro ‘Los 1,001 años de la lengua española’ (El Colegio de México-F.C.E., Tezontle, 1979), que es un acucioso estudio de nuestro idioma desde sus orígenes mismos a partir del latín, griego y otras lenguas indoeuropeas antiguas hasta su desembocadura en la península ibérica y de ahí su anchuroso salto a Latinoamérica (que incluye la Canadá francesa y a otros países de presencia colonial, sobre todo de la zona del caribe), y de cómo se fueron construyendo una a una cada uno de los vocablos de nuestro diccionario, lo que incluiría también la gramática española. A partir de ahí, digamos de esa primera lectura que hice en los 80 del libro y de este último repaso, surgieron otras interrogaciones en este escribiente que están latentes desde entonces, por ejemplo, el origen de nuestros apellidos, es decir, por qué nos apellidamos como nos apellidamos, por qué yo me apellido González Gama y cuál es su origen. Los apellidos son el nombre antroponímico con que se distingue a la familia y a las personas y la antroponimia u onomástica antropológica es la rama de la onomástica que estudia el origen y significado de los nombres propios de personas, incluyendo los apellidos. Y bueno, los apellidos devienen básicamente de un patrón, es decir, un nombre propio es su origen, teóricamente yo sería hijo de Gonzalo (el sufijo ez indica hijo) y en Escocia McArthur es hijo de Arturo (el prefijo Mc indica que es hijo). Están los toponímicos u origen territorial: Sevilla, Salamanca, Madrid, Toledo, Córdoba, Tlaxcalteco, Oaxaca; o por sus características antropomórficas: Calvo, Blanco, Negrón, Cabello, Verde, Rojo, Blancas, Bermejo, Porte Petit, o por oficios –aunque no son los únicos-: Herrero, Herrera, Zapatero, Herrador, Ferrero, Hierro, Fischer (Pescador), Molinero, Cardenal y Tejedor. Interesante si lo podríamos definir en una palabra. Lo publica Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Se trata de uno de los músicos más influyentes de los últimos 50 años, nació en el puerto de Liverpool, es caballero del Imperio Británico y lleva por nombre (James) Paul McCartney. Me queda claro que a este hombre, en el momento actual: casi sèptimo mes del año 2019, siglo XXI y estamos viviendo una nueva era, si lo ponemos a cantar compartiendo escenario, no sé, en Moscú, Barcelona, Sidney, Estocolmo o en el lugar que ustedes manden junto a Justin Bieber, Adele o al lado de One Direction, lo más seguro es que los chavos de la generación “Y” tardía, (los nacidos entre 1976 y el 2001), específicamente de mediados de la década de los 90 en adelante, se preguntarán ¡quién es el ‘ruco’ que está cantando y tocando el bajo junto a las súper estrellas mencionadas, pero qué sacrilegio!, y no los podemos culpar, el de Liverpool es el favorito de ruco-chavos como usted y yo que pertenecemos a la generación de los ‘Baby Boomer’. Nosotros todavía tenemos muy presente, entre otros eventos, la segunda guerra mundial, el asesinato de John F. Kennedy, el movimiento estudiantil de 1968 y la conquista del espacio y la llegada del hombre a la luna. Un servidor es fan de McCartney desde mediados de los 60 cuando formaba parte del cuarteto de Liverpool, y lo he seguido también con los Wings junto a Linda Eastman, y lo sigo disfrutando ahora ya como solista setentero, en una etapa de la vida en la que muchos preferirían estar en su casa disfrutando de los nietos. La pareja que formó junto al otro genio llamado John Lennon, constituye el binomio más memorable y exitoso en lo que a letras y música original de rock y de baladas hace, nadie como estos dos grandes. Paul, que está más allá del bien y del mal, se podría morir mañana tranquilo –por supuesto que no le deseamos la muerte-, su nombre está inscrito en letras de oro y platino en la historia de la música, es una leyenda viviente y su música perdurará para siempre, sigamos disfrutándola. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este portal.

Veo el reporte de la situación por la que atraviesan los institutos de salud pública, por lo demás heroicos, y se me cae el alma a pedazos. Aún recuerdo la primera vez que fui a pedir informes para que me atendieran de un padecimiento que ya se me estaba manifestando inquietantemente. Todo había comenzado años atrás con unos movimientos anormales de mis manos al comer que no me gustaban. Paso el tiempo y me hice un paciente asiduo del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía ‘Dr. Manuel Velazco Suárez’, y luego por fortuna leí 'El cerebro de mi hermano' de Rafael Pérez Gay y me hermané aún más a la institución. Me convencí de la grandeza de esa y de las demás instituciones de salud pública, que son como el último asidero que tenemos algunos con la vida plena, o a lo poco que le queda a muchos de ella. Ahí he presenciado las escenas más desoladoras de quienes padecen una enfermedad del cerebro, lo digo sin sentimentalismos por lo que el que esto escribe tiene. Es tanto el trabajo que desarrollan dada la cantidad de gente enferma que atienden, que me han hecho estudios de tomografía computarizada del cerebro a las ¡11 de la noche!, y admirablemente ahí están los médicos, los técnicos y las enfermeras al pie del cañón atendiendo pacientemente a los enfermos de ese misterio sin resolver aun que es el cerebro humano. Lo publica Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal. Foto de "Cubasi".

La Naval formó una parte inolvidable de mi infancia cuando, infaltablemente, mi padre pasaba a surtirse de un ‘cuartito’ de pistaches iraníes, que eran una de las viandas que vendían en la tienda de don Ángel Fernández González. La del otro Ángel, el famoso Che, fue un poco después. Esos viajes a Xalapa, la mayor de las veces solo con mi padre y, otras también con mi mamá que venía a echar un ojo a mis hermanos que estudiaban en la U. V., me dejaron perennemente marcado. Pasábamos a desayunar al famoso hotel García de los parientes del Chango García Cabral en Huatusco, llegando a la capital mi jefe se iba a entregar oficios, mientras mi madre y el que esto escribe nos tomábamos un café en la Parroquia. Poco después nos alcanzaba mi jefe, que no perdonaba el lechero con su respectiva canilla, de donde en automático nos dirigíamos a la tienda de Ángel padre por una dotación de pistachos, y de ahí a seguir con las gestiones del jefe. ¡A qué tiempos tan luminosos del Xalapa de hace como 50 años! Total que el domingo pasado fui invitado por Ángel a un encuentro conmemorativo en el Ágora de la ciudad que conjuntó el 60 aniversario de su espacio cultural de la calle de Zaragoza con el de la Escuela Secundaria y de Bachilleres Experimental (ESBE), que funcionó precisamente en lo que hoy es la escuela de bachilleres Constitución de 1917, en Bravo. Fue un evento memorable, hablaron el señor Lenín Villegas, que escribió un libro que reseña la historia de la tienda, y la licenciada Esperanza Aurora Hákim Vista, ex alumna, que condujo con mucha emotividad y sobriedad el programa. Asistieron muchos amigos de Ángel y ex alumnos de la ESBE que fueron tomando la palabra algunas y algunos para recordar anécdotas de sus años escolares, del sistema pedagógico del plantel y también hicieron uso de la palabra tres de los queridos profesores presentes, una de ellos, una profesora admirablemente brillante, elocuente y con mucha frescura en sus recuerdos. Al final, abrazos, saludos, emoción y alegría por el reencuentro después de muchos años. Para terminar diré que Ángel ya hizo entrega del testigo de cargo a su hija Marimar para que continúe con la tradición que hace 60 años inició con mucha ilusión su abuelo venido de ultramar, de la tierra de la sidra, la fabada y la morcilla. Un saludo afectuoso para Ángel, gran aficionado al juego de los cuatro cuadrantes. Lo publica Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal

Ajedrez. I- "En su grave rincón, los jugadores.. Rigen las lentas piezas, el tablero.. Los demora hasta el alba en su severo.. ámbito en que se odian dos colores.. Adentro irradian mágicos rigores.. Las formas: torre homérica, ligero.. caballo, armada reina, rey postrero.. Oblicuo alfil y peones agresores.. Cuando los jugadores se hayan ido.. Cuando el tiempo los haya consumido.. Ciertamente no habrá cesado el rito.. En el oriente se encendió esta guerra.. Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.. Como el otro, este juego es infinito". II- "Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada.. reina, torre directa y peón ladino.. Sobre lo negro y blanco del camino.. Buscan y libran su batalla armada.. No saben que la mano señalada.. Del jugador gobierna su destino.. No saben que un rigor adamantino.. Sujeta su albedrío y su jornada.. También el jugador es prisionero.. (La sentencia es de Omar) de otro tablero.. De negras noches y de blancos días.. Dios mueve al jugador, y este, la pieza.. ¿Qué dios detrás de Dios, la trama empieza.. De polvo y tiempo y sueño y agonías?".

Estuve en la tierra que me vio nacer hace ya algunas décadas y, prácticamente sin querer, me reuní con algunas compañeras y compañeros de mi generación de la escuela secundaria. Fuimos pocos los presentes, pero la convivencia con los condiscípulos fue como una bocanada de aire fresco entre el calor sofocante que se ha sentido estos últimos días, particularmente en mi pueblo. Pertenezco a la 4ª generación de la Escuela Secundaria Federal número 1 ‘Dr. Enrique Herrera Moreno’ de Córdoba. La escuela se fundó en 1969, como preámbulo a la descentralización del sistema educativo del gobierno federal de 1972. En aquellos años, en Córdoba nada más funcionaba la centenaria escuela secundaria y de bachilleres oficial dependiente del sistema educativo estatal. La federal como coloquialmente se la llamaba, empezó a funcionar en una vieja casona colonial del centro de la ciudad, mientras se construían las instalaciones definitivas en la periferia, no obstante este proceso se tuvo que acelerar debido al temblor que la madrugada del 28 de agosto 1973 afectó a buena parte del centro del estado y algunos municipios de Puebla y Oaxaca. La antigua casona no resistió el impacto de 7 grados en la escala de Richter quedando severamente dañada, por lo que el segundo año ya lo hice en las nuevas instalaciones que estaban a medio construir. Éramos 4 grupos, del ‘A’ al ‘D’, con alrededor de 200 alumnos. Esta generación a la que me tocó en suerte pertenecer no estoy seguro que haya sido la más ejemplar, de lo que sí estoy cierto es que todas ellas y ellos con los que compartí aulas y aspiraciones en aquellos lejanos años dejaron profundamente marcada la existencia del que esto escribe. Ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces, y no obstante ello, el tiempo no ha menguado un ápice su carácter bondadoso, generoso y solidario. Todas ellas y ellos han sido dotados de un corazón y un alma que supera cualquier prueba de nobleza, fraternidad e incondicionalidad. Va un abrazo cariñoso para todos ellos, pero en especial quiero mencionar a Lety, Mary, Margarita, Rocío, Isela, Gely, Tere, Julieta, Raquel, Jorge, Enrique, Alejandro, Víctor y Efraín, que estuvieron presentes en la reunión de días pasados. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal

La temporada de primavera me gusta, entre otras cosas porque es época de chinenes (en algunos lugares también les dicen chininis). Para definir este delicioso fruto tropical propio del trópico húmedo, lo diría como lo decía mi padre si viviera: “¡Es como una mantequilla vegetal!”, y es que no hay nada más grato para el paladar humano que saborear una tortilla de maíz, de mano o de fábrica, untada con la pulpa de este exquisito manjar que dan los árboles, aderezado además con una pizca de sal, y ya si es usted muy exigente recomiendo que al taco además le agregue una discreta porción de auténtica salsa macha, como la que se hace en mi rancho, es decir, de chile comapeño, dispersa a lo largo de la tortilla, para después enrollarla y entonces sí, dispóngase a saborearla porque le garantizo que esa sí es una experiencia religiosa. El chinene, que en Veracruz tenemos la suerte de encontrarlo abundantemente con cualquier marchanta, viene siendo como un pariente pobre del aguacate, de la pagua como le dicen en otras partes de América. La tortilla de por medio es importante, pero para consumirlo no requiere más que de una cuchara para raspar la pulpa fibrosa de la cáscara rugosa del fruto, que va del verde al color café, agréguele tantita sal, nada más tantita como para resaltar su delicado e indescifrable sabor y a paladear se ha dicho. ¡Nada más! Lo escribiò Marco Aurelio Gonzàlez Gama, directivo de este Portal.

"Pido perdón por la llaneza, pero si alguien es un lego absoluto en la materia, le sugiero comenzar por un manual elemental como "Historia de las ideas políticas" de Jean Touchard. En cuanto a las lecturas más representativas del pensamiento marxista contemporáneo, recomiendo "Revolucionarios" y "Entrevista sobre el Siglo XXI" del historiador inglés Eric Hobsbarwrm. Por otro lado las lecturas que propongo para aproximarse al pensamiento liberal serían "La democracia en América" de Alexis de Tocqueville, "La acción humana" de Ludwing von Mises, "El opio de los intelectuales" de Raymond Aron, "El poder" de Bertrand de Jouvenel y el ensayo de "El erizo y la zorra" de Isaiah Berlín. Sin embargo, ninguna recomendación sería suficiente si omito las obras del filósofo alemán Peter Sloterdijk, para mí el pensador contemporáneo más lucido y cuyas obras encarezco: "En el mismo barco", Esferas", "Crítica de la razón cínica", "En el mundo interior del capital", "Si Europa despierta", entre más de veinte títulos". Lo escribió Fernando Iwasaki en "El Cultural", suplemento cultural de "La Razón" que dirige Roberto Diego Ortega.