Perdonen, pero de qué otra cosa más se pudiera estar hablando hoy a  varios  meses de confinamiento que no fuera de comida. Y viene al caso que recibí varios comunicados del pasado Carrusel en donde hablo de alubias y de la afamada fabada asturiana. Y quiero dejar claro que para nada intenté cometer con mi guiso un sacrilegio. Miren, y ustedes lo saben mejor que yo, ¿de qué se trata la comida y la cocina el día de hoy?, pues de reinventarse. Alguien cuando leyó mi receta para preparar los frijolitos tuvo la siguiente expresión: ¿Alubias, con chiles en vinagre?, jajajaja. Agradezco la incredulidad, pero en la cocina hasta ahora no se ha escrito la última palabra. Por supuesto que hay recetas de cocinas que son patrimonio de la humanidad que están esculpidas en tablas de bronce, son intocables. Pero quién podría dudar que el pescado a la veracruzana es nuestra versión del navideño bacalao a la vizcaína y así muchos. Por lo tanto y para empezar la auténtica fabada asturiana es casi imposible de replicar en México porque la morcilla no se encuentra ni en el Oxxo, solo en contadas tiendas gourmet que no están al alcance de la mano, lo mismo pasa con las fabes, las asturianas hasta denominación de origen tienen y la morcilla ahumada tampoco es fácil de encontrar. Y la preparación de la fabada es un auténtico ritual de cinco o seis horas. A ver, la receta de mi madre era así de simple como la platiqué, pero tenía dos secretos básicos: el primero, el frijol lo cocía con un trozo de cebolla y tres dientes de ajo, más, ¡ojo!, una “tronquito” de las hojas de laurel; segundo, aquí yo les puse chuleta –mi madre también-, pero el ingrediente principal era un hueso cortado en dos o tres partes de un buen hueso de jamón de cerdo de ‘El Borrego’ –cuando vayan a mi tierra pasen por uno, trae mucha carne y cuando mucho cuesta $20.00- que agregaba a la cocción de las alubias un toque sensacional. Las porciones cada quien le tiene que calcular de acuerdo a los comensales, pero el chorrito de vinagre de los chiles, así como las rodajas de zanahoria, dos o tres chiles y pedacería de la cebolla le otorgan un ligero picor nada desagradable, lo recomiendo. Le lechuga romana troceada es opcional, pero le otorga cierto equilibrio a tan untuoso platillo. Lo garantizo. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal. Foto de "TripAdvisor".

Es de sabios reconocer que en esto de los botaneros siempre hay alguien que sabe más que uno de esos temas, y que siempre hay alguien –algunos- que tienen la última palabra en estas cuestiones culinarias. Después de aquel Carrusel en donde hago un recuento de algunos de estos “templos al buen comer y al buen beber”, se dejaron venir una andanada de mails al escribiente componiéndole la nota, voy a comentar dos de ellos que me parecen ejemplares por su sabiduría, va el primer comentario: “Mi estimado, el ‘Venegas’ era centro a donde acudir a curar la sed sobre todo cuando el calor apretaba o había partidos de fut, de box o cualquier evento deportivo, después de un tiempo cerró por problemas de seguridad. Ahora su hijo abrió otro Venegas en la avenida Orizaba, a la vuelta de la Torre Hákim, donde hubo otro bar. Sigue el fut y el box. La Frontera sigue vigente, y El Papaloapan, (ahora en la av.Murillo vidal) como atinadamente comentas, ahí se sigue comiendo bien y los viernes se escuchaba por las noches muy buena salsa y fandango. El México, mantiene su calidad, excelentes tortas de serrano o un buen pepito con una cerveza o copa nunca caen mal al mediodía. El otro mail, es más ilustrativo, digamos que amplía las posibilidades, va: “Muy buena reseña, pero te faltaron ‘La bamba,´en Mata y Bremont, el ‘Salón Superior’, ‘El dominó’, el ‘Salón Victoria’ (le decían la barra más grande del oeste); ‘Los Pericos’ de 20 de noviembre; ‘La Chuza’, ‘La Manola’, el ‘Burladero’, ubicados en la calle Américas; Bar ‘Mi Oficina’ en Ruíz Cortinez, ‘Los Compadres’ de avenida Xalapa; ‘Las Vegas’ en la colonia Progreso; ‘El Lucas’ de avenida Revolución y después te menciono los de Coatepec, que esa información merece capítulo aparte”. Ante esta avalancha informativa, no me queda más que decir: ¡Pa´su mecha, más mezcla maestro! Pues ahí está todo un tour para el que se quiera animar a hacer ese recorrido culinario. Lo escribiò Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

DE SUS PIES "De los de ella. sí.. Porque hasta ahora entonces sé que las sirenas también tienen pies.. Porque pueden ser el refugio de los besos.. Y de su historia también.. Porque cuando baila desnuda, sus pies son un pedazo de su corazón..también desnudo.. Porque cuando bailamos desnudos, nuestros pies se miran.. Porque cuando se posan sobre mi pecho. me arden.. Porque cuando se enredan en mi espalda. florecen.. Porque cuando pasan lentamente a los lados de mis caderas son como dos cometas.. Cometas que dejan su estela de perfume y avanzan, y estallan en el universo de mi espalda.. Por blancos.. Por temblorosos.. Por frágiles y autoritarios a la vez.. Porque conocen el idioma de la carne.. Porque son instrumento infalible.. Inesperado.. Ineludible.. Porque como dice Pilar González "cuando las bocas ya no tienen nada que decirse, los pies se cuentan cosas".. Porque el deseo solo se conoce cuando los pies se desnudan,, Porque al desnudarle los pies se me acaban las palabras. Y tiemblo.. Y porque al desnudarle los pies, también sueño.. Porque las sábanas son un escenario solemne donde los pies se buscan.. Porque cuando la camino por los muslos.. es como caminar por un charco de Dios.. Por el prodigio de tenerles en mis manos, y apretarles como la hierba.. Y porque entonces el amor se hace feroz.. Porque pueden ser una voz para los poetas.. Porque lo mismo son montaña y bosque, que mar y cielo.. Porque también le escribo poemas en la planta del pie.. Y porque la planta de sus pies es la entrada de su alma.. Porque son el camino.. A ella.. Sus pies.. Los de ella". Lo escribió el Dr. Iván Hernández Gutiérrez.

  En el anterior Carrusel, esta pluma planteó la pregunta, un poco como para provocar a los respetables lectores, que si estaba el género ranchero en vías de extinción. Hubo todo tipo de reacciones, algunas lo negaron rotundamente, otras con desdén, como desestimándome, y otras estuvieron de acuerdo con el cuestionamiento. No sé, a lo mejor no planteé la pregunta de manera correcta. La también conocida como plaza Santa Cecilia –el nombre oficial es plaza Giuseppe Garibaldi-, que es como el recinto de la música vernácula y de los charros cantores de la capital. Válgase la comparación, Garibaldi es como la madrileña Puerta de Alcalá, ahí está, ahí está y ahí va a estar cuando, al menos el que escribe, se rinda tributo a la madre tierra. En realidad el género no está en peligro. Vamos a seguir cantando por los siglos de los siglos a José Alfredo, a Manuel Esperón, a Juan Gabriel, a Cuco Sánchez y, en fin, a tantos inmortales autores, y vamos a seguir escuchando y cantando ‘El rey’, ‘Cielo rojo’, ‘El jinete’ y ‘El son de la negra’, entre otras canciones. Pero voy al grano, nos estamos quedando sin charros y charras cantores, porque Pedrito Fernández es como una broma portando el traje de charro, o el mismo Alejandro Fernández, que ya no sé qué es. Para empezar es un personaje enigmático que, me parece, le ha faltado el respeto al traje de charro. Lástima de voz que Dios le dio, un privilegiado, sin duda, pocos han gozado de la cuna que él tuvo y, bueno, ser hijo de la última leyenda de la canción ranchera de México no es cualquier cosa. La fama y la fortuna llegan solitas. Y de ahí brinco a las damas en donde Aída Cuevas es el último frente de guerra, porque hasta la “española más mexicana” (Rocío Dúrcal) ya se nos adelantó. Ojalá pronto surjan nuevos valores, nos hacen falta, son una de las caras más afortunadas que este gran país tiene para dar al mundo. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal. Foto de sangkik.com

No conozco a un varón –perdón del abuso de la masculinidad-, incluyo a las damas, que no sienta debilidad por una loción de diseño, digamos de un aroma fino, clásico, de esos que dejan estela al pasar. Retomo una sección de El País en donde señala las que son, a juicio del periódico madrileño, las 5 lociones más intemporales de los tiempos recientes. Empieza con Eau Sauvage (Agua Salvaje) de la casa Dior, de la cual destaco algunos extractos de la nota publicada. Su lanzamiento fue en 1966, o sea, tiene 52 años en el mercado de fragancias y sigue tan campante. Marcó un antes y un después en el mundo de los aromas masculinos, en cuanto a sus notas características lo describe como “un perfume fresco y cítrico, con una base de vetiver y unas notas de limón y romero que se perciben en su aplicación”. La sofisticación viene en envase. Para quienes la prefieren, los remite a una suerte como de colonia cara, nada que ver con la Sanborns, pero es como su prima francesa la aristócrata. Se define como una loción “viril, discreta y fresca” que contrasta con el tono dominante de la mayoría de las fragancias masculinas: olor a maderas. Se dice que cambió los cánones de estilo de los hombres actuales, digamos que los hizo más refinados. Desde que salió al mercado, no ha variado el diseño de la botella: las mismas estrías en diagonal del cristal, la misma etiqueta con el mismo logotipo y el mismo tapón plateado. A lo largo de las 5 décadas que tiene en el mercado, en su publicidad se han sucedido desde Alain Delon, Johnny Hallyday hasta Zinedine Zidane. El aroma original es difícil de igualar, incluso para quienes lo crearon. En mi opinión, es un aroma fresco, ideal para climas cálidos como los nuestros, sobre todo para el verano. No me imagino a un ruso o a un kazajastano con aroma a Agua Salvaje. ¿Usted qué opina? Lo comenta Marco Aurelio González Gama, directivo de "Crónica del Poder".

"De tanto correr por la vida sin freno.. Me olvidé que la vida se vive un momento.. De tanto querer ser en todo el primero.. Me olvidé de vivir los detalles pequeños.. De tanto jugar con los sentimientos.. Viviendo de aplausos envueltos en sueños... De tanto gritar mis canciones al viento. Ya no soy como ayer., ya no se lo que siento.. Me olvidé de vivir.. Me olvidé de vivir.. De tanto ocultar la verdad con mentiras.. me engañé sin saber que era yo quien perdía.. De tanto esperar, yo que nunca ofrecía.. Hoy me toca llorar, yo que siempre reía... Me olvidé de vivir.. me olvidé de vivir". Es parte de la melodía "Me olvidé de vivir" de Manuel Carrasco y Raphael. Foto de You Tube.

"En los primeros años de los sesentas, en el histórico taller de grabado de Guillermo Silva Santamaría, en lo que hoy es una majestuosa biblioteca, y en esa época era un nidero de actividades artísticas y culturales: "La Ciudadela", estuvieron juntos Leticia Tarragó y Fernando Vilchis, como parte de una generación deslumbrante de artistas. Que sí pensaban casarse no lo decían y ni siquiera se agarraban de las manos. Luego vino para Fernando, Polonia, una beca de un año para estudiar artes gráficas. Y allá fue la luna de miel con Leticia. A su regreso, dejaron una huella perdurable en todas las ediciones de la Universidad Veracruzana, no sólo con portadas: carteles, diagramación completa de libros y publicaciones, ilustraciones y viñetas. La influencia de ellos se perpetúa en generaciones completas dentro de la Universidad Veracruzana". Lo escribió don Emilio Carballido en la edición "Expresión Plástica. 35 artistas", del IVEC, en 1995. Foto de UV.

Ahora que recordaba el 90 aniversario del fallecimiento del bardo Salvador Díaz Mirón hacía memoria de las lecturas que he hecho del género poético. No soy de ninguna manera un conocedor, pero si por gusto personal fuera, me inclino más por la prosa que por el verso. Me gustan Jaime Sabines y Octavio Paz, me es difícil la de mi paisano Jorge Cuesta –me queda claro que su poesía no está hecha para mi insensibilidad-, y me fue aún más difícil tratar de leer un ensayo que sobre Cuesta escribió en los 80 Inés Arredondo, pensaba, ingenuo, que ese trabajo me ayudaría a desentrañar la difícil poesía del cordobés (“Capto la seña de una mano, y veo que hay una libertad en mi deseo; ni dura ni reposa; las nubes de su objeto el tiempo altera como el agua la espuma prisionera de la masa ondulosa” fragmento de ‘Canto a un Dios mineral’), pero no, me la hizo aún más indescifrable. En los años setenta –finales- descubrí a Mario Benedetti, el uruguayo era como una moda entre los estudiantes de aquella época, era como que muy cool leerlo, más tarde descubrí a otro cordobés, ese sí con una prosa sencilla, comprensible, muy humana, me refiero a Rubén Bonifaz Nuño. Ya en los ochenta y noventa se me rebeló –gracias a mi esposa- un poeta al que yo considero ‘maldito’, el peruano César Vallejo (“Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... ¡Yo no sé!”), ¡ah qué hermosa y desgarradora poética!, y así leí a Miguel Hernández, a Huidobro y a Machado, a Salvador Novo y a García Lorca, todos deslumbrantes a mi modesto entender, pero su poesía no la cambio por la de Sor Juana, Pita Amor y el renombrado Díaz Mirón, que hicieron poesía como jugando, enlazando y entrelazando palabras hasta formar rimas sencillas y bellas pero con una profunda significación, así recuerdo otra de nuestro ‘vate pendenciero’,: “Los claros timbres de que estoy ufano, han de salir de la calumnia ilesos. Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos!”. Díaz Mirón vivió entre letras, balas y pleitos callejeros, en numerosos duelos arriesgó la vida para lavar su honor. Personaje de novela, hijo de un ex gobernador de Veracruz, fue acusado de homicidio, padeció la reclusión, el destierro, fue diputado, enfrentó a Carranza, fue porfirista declarado y seguidor del usurpador Victoriano Huerta, una vida de leyenda no cabe duda. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

1) "He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él. 2) Yo no temo a la muerte. Estuve sin vida miles y millones de años antes de nacer, y no sufrí problema alguno por ello. 3) Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo quita cuando empieza a llover. 4) Básicamente hay dos tipos de personas. Las personas que consiguen cosas y las personas que dicen que han conseguido cosas. El primer grupo es menos frecuente. 5) La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta y hacer lo que preferirías no hacer. 6) Honestidad, la mejor de todas las artes perdidas. 7) El hombre es un experimento, el tiempo demostrará si valía la pena". Son de Mark Twain. Las publican en "El Club de los Libros Perdidos" y lo subió Marco Antonio Roa al Facebook.

HOTEL El polvo en la ventana. Los claveles marchitos.   La cama revuelta. La botella vacía.   Los papeles en desorden.   Una sombra debajo de la lámpara y un hombre que sin saber por qué   todavía la ama. Lo escribe el poeta misanteco, Manolo Santiago.   Foto de Víctor León.